La Defensa de Filipinas (parte 3): Simón de Anda contra los Invasores Británicos

Esta entrada es continuación de:

http://www.recreacionmedieval.com/2016/07/la-defensa-de-las-filipinas-parte-2.html

1.INTRODUCCIÓN

Tras frustrar los intentos holandeses para capturar el archipiélago, Filipinas disfruta de muchas décadas de paz. La conexión Manila-Acapulco se mantiene en auge y progresivamente van introduciéndose en la dieta de los isleños toda clase de productos desde Nueva España y el Perú; incluyendo maíz, patata, tomates, chocolate… Escuelas, universidades, hospitales e iglesias de estilo barroco florecen de forma análoga a como sucede en América.

Esta paz solo se ve interrumpida por una serie de revueltas esporádicas de no más de uno o dos años de duración cada una, que se clasifican en:

  • Acciones de la población nativa y las autoridades españolas contra las revueltas protagonizadas por residentes y comerciantes chinos, miles de estos últimos resultaron muertos.
  • Revueltas agrícolas por las tierras ocupadas por las órdenes religiosas.
  • Revueltas de carácter religioso, debido a presencia de tribus que profesaban el politeísmo, chamanismo o incluso el islam, y que se negaron a abrazar la fe católica.
  • Revueltas secesionistas de carácter caciquil. 

2.LA ESCUADRA BRITÁNICA SAQUEA Y OCUPA MANILA

En verano de 1762 se reciben noticias preocupantes de que se ha iniciado una guerra entre España y Gran Bretaña, lo que significa que los territorios españoles de ultramar pueden verse amenazados. En aquel momento ejercía el cargo interino de gobernador el arzobispo de Manila Manuel Rojo del Río y Vieyra, pero no tomó ninguna medida para defender las islas en caso de ataque.

El 28 de septiembre se presentó
en la bahía de Manila una escuadra británica con la intención de expulsar a los españoles de las Filipinas, y conquistarlas para la corona británica. Estaba
compuesta por 13 navíos y 7.000 soldados, que habían sido enviados desde Madrás en la
India.


La posibilidad de ayuda o socorro a corto plazo es nula debido al distanciamiento entre el archipiélago, la metrópoli y los demás territorios. Además la aliada Francia no posee colonias en el Pacífico desde las que se pudiese apoyar a España en este frente en la que se denominará Guerra de los 7 Años.

Filipinas está sola, tiene que defenderse con sus propios recursos y cerrar filas en torno a alguien con suficiente carisma y liderazgo como para organizar una defensa efectiva. Es en este momento en que entra en escena otro héroe español olvidado por la amnesia colectiva. Este hombre es el alavés Simón de Anda y Salazar, a quien se le podría apodar sin tapujos como “el Blas de Lezo de Filipinas”, pues la gesta que protagonizó es perfectamente equiparable a la del famoso guipuzcoano que defenió Cartagena de Indias.

3.VIDA TEMPRANA DE SIMÓN DE ANDA

Simón de Anda y Salazar nace el 28 de octubre de 1709 en Subijana (parte de las fuentes atribuyen el año 1701 a su fecha de nacimiento), en la provincia vasca de
Álava.  
Retrato de Simón de Anda
En 1728 fue ordenado en primera tonsura dominico, pero descubrió una vocación mayor y al cabo de un tiempo deja la orden religiosa para
estudiar jurisprudencia en la universidad de Alcalá. Una vez licenciado, se traslada de Alcalá de
Henares a Madrid donde ejerce la abogacía.
En 1735 se casa con María Cruz Díaz de Montoya
(de Mijancas) y llegó a abrir un bufete adquiriendo fama como jurista.
Desconozco en qué momento el destino le
llevó a emigrar a Las Filipinas para desarrollar allí su carrera jurídica y administrativa, pero se sabe que en 1755 fue ordenado magistrado en la
Real Audiencia de Manila, cargo del que no tomó posesión hasta el 21 de julio de
1761.

4.GESTIONES PARA LA DEFENSA DE FILIPINAS

El 1 de octubre de 1762 Simón desempeñaba ya el cargo de Oidor General, y fue nombrado también ese día Teniente Gobernador de la Ciudad por la Audiencia y el Gobernador General de Filipinas, Manuel Rojo. Con los ingleses en tierra, y la caída de Intramuros inminente, Simón recibe instrucciones de abandonar Manila el 4 de Octubre. Para ello, amparado por la oscuridad de la noche rema por el río Pasig en una
barcaza tipo vinta con destino a Bulacán. Lleva en su poder quinientos pesos, variada documentación, y trae consigo a un sirviente filipino.


Paralelamente quinientos soldados españoles (Regimiento de Infantería del Rey) y 80 artilleros nativos mantienen la defensa, a cargo del marqués de Villamediana. El 5 de octubre se procede al bombardeo británico del asediado barrio de Intramuros. El gobernador Manuel Rojo, consciente de la abrumadora superioridad enemiga, propone repetidas veces rendirse a los británicos, esperando un trato caballeroso y con el fin de minimizar daños sobre la ciudad. Sin embargo los militares españoles le urgieron para que convocase un consejo de guerra y se llevara una defensa a ultranza. Ese mismo día los invasores consiguen abrir brecha en la muralla del baluarte de San Diego. Tras esto, los atacantes consiguieron secar el foso, capturar los baluartes de San Andrés y San Eugenio con sus cañones y expulsar a los defensores de las murallas.

Plano de Manila donde se observa el río Pasig y anillo de defensas en estrella, datado hacia 1766.


El 6 de octubre, con los ingleses dentro de intramuros, se convocan votaciones a las autoridades civiles y militares, que dan mayoritariamente resultado favorable a la capitulación, tras 12 días de asedio.
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Durante el asedio los militares españoles
perdieron tres oficiales, dos sargentos, 50 soldados de la línea, y 30
civiles de la milicia, además de muchos heridos. Entre los civiles
nativos había 300 muertos y 400 heridos. Los sitiadores perdieron cerca
de 1.000 hombres, de los cuales 16 eran oficiales. La flota invasora
disparó sobre la ciudad más de 5.000 bombas, y más de 20.000 bolas,
devastándola parcialmente.
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Tras la capitulación de Manila, las iglesias y oficinas públicas fueron
saqueadas y los objetos de valor fueron tomados. Los documentos históricos
como los registros de los Agustinos, documentos oficiales, etc. fueron robados; junto con el pertrechos navales en el astillero naval de
Cavite, las pinturas del Palacio del Gobernador General, el contenido de
las iglesias de Intramuros y las posesiones de la mayoría de las casas
ricas. Violaciones, homicidios y vandalismos también arrasaron la ciudad
en lo que se conoce como la primera “Violación de Manila”. Para colmo,
los británicos exigieron un rescate de cuatro millones de dólares del
gobierno español para detener el saqueo de la ciudad, algo a lo que el
Arzobispo Rojo acordó a fin de evitar una mayor destrucción.
 –
El 2 de noviembre de 1762, Dawsonne Drake
de la Compañía Oriental de las Indias asumió el cargo como gobernador
británico de Manila. Fue asistido por un consejo de cuatro, formado por
John L. Smith, Russel Claud, Brooke Henry y Samuel Johnson, ejerciendo
el terror y encarcelando a ciudadanos considerados sospechosos a diestro y siniestro.

Con Manila perdida, Simón llega y se da a conocer en Bulacán como
gobernador interino; pronto organiza la defensa de las islas con el auxilio de los
religiosos, estableciéndose en Bacolor, Pampanga. El gobernador y
capitán general arzobispo Manuel Rojo, había sido capturado por los británicos,
y con la Real Audiencia cedió las islas a ellos. Simón de Anda, el más
alto miembro no cautivo, asumió por tanto de forma interina todos los poderes legítimos.
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5.RESISTENCIA AL INVASOR INGLÉS

Simón no perdió el tiempo, organizó la
resistencia contra los invasores asumiendo en su persona el poder
militar en nombre de la disuelta Real Audiencia. Cuanto tuvo noticia de
la entrada de los ingleses en Manila ya se encontraba en Bulacán. Se rodea
así de las autoridades locales que eran el alcalde Pasarín, al artillero
Ibarra y dos religiosos.
Ante la negativa de los ingleses a
negociar, Simón organiza un ejército de 10.000 hombres, de los que la inmensa
mayoría eran nativos voluntarios improvisadamente armados con machetes y
arcos y flechas. Las tornas cambian y son ahora los propios ingleses los asediados en Manila.

Flechero de Batán; Islas Filipinas 1780. José María Bueno
 La fuerza británica ocupante resultó
insuficiente para dominar ningún territorio fuera de la capital, siendo
derrotados en todos los intentos de salida de Manila y fracasando en sus
objetivos. Graves desacuerdos entre Dawsonne Drake y los comandantes
militares que sustituye Draper y Cornualles impidieron tanto
negociaciones fructíferas con Simón de Anda como una acción militar efectiva.
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6.SOMETIMIENTO DE LOS REBELDES A LA AUTORIDAD ESPAÑOLA

Pese a que las regiones de Bulacán y
Pampalga se mantienen fieles a la autoridad española, las de Pangasinán,
Ilocos y Cagayán se sublevan para evadir los tributos.
En Navidad de 1762 la comunidad china de
Guagua, con el beneplácito de los ingleses trama asesinar a Simón y a
los españoles cuando este acuda a la Misa de Gallo en Guagua. No es la primera revuelta que protagoniza la minoría china en Filipinas (las anteriores fueron reprimidas de manera sangrienta en 1603 y 1662), por lo que las autoridades españolas desconfían de sus intenciones.
Alertado a tiempo el 23 de diciembre,
Simón marcha con sus fuerzas hispano-filipinas a la ciudad y demanda la
rendición de los líderes chinos. Ante su negativa los derrota en
combate.
Por su parte el asturiano Pedro José
Bustos, segundo de Simón, intercepta una columna anglo-china que había
incendiado convento e iglesia de Bucalán y convento, y les
hace volver a Manila. Hecho esto establece su cuartel general en
Malinta, y hostiga a los ingleses, llegando incluso ante las puertas de
Manila.

Caballería Provincial Voluntarios de Filipinas 1763 Porta guión de la 3ª Compañía. José María Bueno

 Simón de Anda, no contando con suficientes fuerzas
adiestradas ofreció a los traidores pangasinanes, si se aquietaban, su
único hijo en prenda. No pudiendo ofrecer garantía igual a los
ilocanos, expidió un decreto previniendo al cabecilla Diego Silang,
amenazándolo con enviar sus tropas contra él si no se sometía.

Simón de Anda nombró a Manuel Ignacio de
Arza capitán general de las provincias de Cagayán, Ilocos y Pangansinán,
disposición tan acertada y a tiempo ya que Arza, no sólo aquietó a los
ruidosos cagayanes, sino que en breves días formó con los propios
cagayanes una columna y con ella hizo valer su autoridad: animando a los
buenos, castigando a los malos y ahorcando a centenares de los más conspiradores y sediciosos.
Transcurridos ya cuatro meses desde la
llegada de los invasores, Simón de Anda había conseguido pacificar las
islas contando con ejército formado por quinientos soldados españoles y miles de filipinos mandados por valientes jefes, mientras que
los ingleses en Manila carecían de alimentos. Este es el motivo por el que los invasores buscan abastecimiento desde China, y el 23 de enero de 1763 pusieron precio a la cabeza de Simón de Anda.
El 27 de junio de 1763 ingleses y chinos
tratan de sorprender a Bustos, siendo derrotados. Simón de Anda traslada su cuartel de campo
a los pueblos de Maycanayan y Polo, iniciando los preparativos del
asalto a Manila, cuando el 23 de julio llega una fragata inglesa con
pliegos de treguas.
En 1764, Diego Silang el traidor, y su
esposa Gabriela Silang se sublevan y capitanean a los ilocanos en su levantamiento
contra su alcalde mayor (Alcaldía Mayor de Ilocos). Silang se apropia
del título de cabo mayor prestando juramento de fidelidad al rey Jorge
III de Gran Bretaña siendo recompensado con los cargos de sargento mayor
y alcalde mayor, pero el destino le pagará con la misma moneda. Diego Silang muere asesinado cuando los leales ilocanos del norte entran en la
Ciudad Fernandina de Vigan, al mando de Manuel Ignacio de Arza, quien
restablece la autoridad sin encontrar apenas resistencia.
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7.LIBERACIÓN Y ENTRADA TRIUNFAL EN MANILA

El 16 de agosto llegan noticias de la paz
general acordada en París firmada en febrero de 1763, por la que se pone fin
a la guerra de los 7 años. Los ingleses, que no reconocían a Simón de
Anda, se dirigen a su persona como “jefe de las tropas de S.M.
Católica”. Simón de Anda, indignado, devuelve el pliego sin abrir, manifestando
como no lo haría mientras no se lo considerase como lo que era, el
gobernador.
Los ingleses liberan a los presos de
Manila y buscan desesperadamente alimentos, pero Simón, se entera de su plan
de salir a comprarlos en el pueblo de Orion, en la provincia de Bataán. Envía a Bustos quien les hace reembarcar, llegando incluso a apoderarse
de las embarcaciones menores llenas de comestibles atracadas en la misma
muralla de Manila.
El 30 de enero de 1764 fallece Manuel Rojo, estableciéndose un pleito sucesorio.Tras recibir Simón los
despachos con las condiciones de negociación desde China, se entrevista con los
invasores en Tambobo (Malabón, en Siatón). Tras muchas
discusiones se consigue el compromiso de retirada inglesa en marzo, tras
20 meses de ocupación.
Muchas pinturas al óleo valiosas de
artistas españoles, que estaban en el Palacio del Gobernador en Intramuros, mapas
raros, manuscritos históricos, documentos oficiales, libros
preciosos, cartas de las órdenes religiosas,… fueron robados por Dawsonne Drake y su sucesor, Alexander
Dalrymple. Muchas de estas obras finalmente terminaron en el Museo Británico de Londres o
subastadas.
En la fragata española Rosa llegó
el nuevo gobernador Francisco Javier de la Torre a quien Simón de Anda
entregó el mando de las islas en Pampanga el día 17 de marzo de 1764. Esto se produjo paralelamente al reembarco y retirada de todas las tropas británicas en Manila.
Torre se establece en el arrabal de Santa
Cruz para concertar la entrada en Manila. Cuando se preparaba para
entrar enfermó de cólico, y no queriendo diferir el acto, rogó a Simón de Anda
que lo efectuase, quien ejecutó su encargo en medio de grandes
aclamaciones, repiques de campanas, salvas de cañones, y coronas de
flores durante toda la marcha, que finalizó en la Fortaleza de Santiago.

8.DEFENSOR DE FILIPINAS Y EFICIENTE ADMINISTRADOR


Simón de Anda es un héroe para España y
Filipinas, que defendió su legítima autoridad con coraje y justicia de la usurpación inglesa y los caciquistas.
Él solo, durante la guerra, había
despachado todos los negocios criminales y civiles de Filipinas,
pertenecientes a todas las ramas y jurisdicciones de Guerra, Marina,
Justicia y Hacienda, sin que hubiese el mas mínimo retraso.

Nunca le sorprendieron las continuadas y
estudiadas intrigas de sus astutos enemigos. De nativos asustadizos,
formó ejércitos disciplinados y bien asistidos con los que siempre
venció allí a donde fue.
La pólvora y cañones que en la Pampanga
se hicieron bajo la inmediata dirección, eran mejores que los de los
ingleses, y preparado estaba ya minuciosamente cuanto era necesario para
tomar Manila en ese momento.

Su gestión económica fue ejemplar, pues
aunque tenía en su poder tres millones de pesos, no gastó en la guerra, a
pesar de haberlo creado todo, mas que seiscientos dies mil doscientos
reales.
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9.MIEMBRO DEL CONSEJO DE CASTILLA

En 1764, con los ingleses expulsados del archipiélago,
Simón de Anda vuelve a la Península, donde es bien recibido y forma parte del Real y
Supremo Consejo de Castilla, tomando posesión el 6 de noviembre de 1767. También fue nombrado caballero de la Orden de Carlos III.

A su regreso, Simón informó al rey sobre las injusticias que los frailes cometían hacia los nativos. En opinión de Simón las islas están mal administradas y necesitan mejores gobernantes, una realidad con la que él había lidiado y estaba familiarizado. Este dato sería tenido muy en cuenta ya que al cabo de unos años empezó a precisarse de nuevo de sus servicios en las islas.
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10.SEGUNDO MANDATO

 En 1770, es nombrado gobernador de
Filipinas y regresa a las islas. Consciente de la debilidad de las
fortificaciones de Manila, manda redactar un proyecto de mejora al
director general del cuerpo de ingenieros, Juan Martín Zermeño, para
protegerla contra los corsarios y piratas.

Además de reparar las murallas en pocos meses obtiene autorización para construir varios barcos de guerra. En 8 meses, en los astilleros de Pangasinan, Cavite y Zambales, se construyen los siguientes buques:
  • 2 fragatas
  • 4 pailebots
  • 1 bergantín
  • 5 goletas
  • 1 pontín
  • 2 lorchas
  • 2 falúas, 3 botes y otras embarcaciones llamadas vintas.

También se inició una reforma del ejército de las islas, creando nuevas unidades regulares y modificando la estructura de las Milicias Provinciales.

Por otro lado, durante su segundo mandato Simón ejecuta la orden de expulsión de los jesuitas siguiendo el decreto de Carlos III. 
 –

11.JURISTA 

Como jurista, plantea la renovación de
las leyes lo que le granjeará muchos enemigos entre las órdenes religiosas. La reforma a los curatos levantó muchas protestas obligando a
desterrar a algunos frailes. Para hacer cumplir su mandato acompaña al
arzobispo en su visita, falleciendo durante este viaje en el convento
de los padres recoletos, seguramente por disentería el 30 de octubre de 1776. Sus restos mortales se conservan en la catedral
de Manila, detrás del altar mayor.
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12.CURIOSIDADES

En 1769 introduce en la Península las conocidas como bellotas de “Bongas”, utilizadas por los chinos en tintorería.

Por otro lado potencia las relaciones comerciales con Batavia (Indonesia), en aquel momento colonia holandesa.
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13.LEGADO

El recuerdo de Simón de Anda perdura tímidamente en algunos lugares:

  • Una placa en el fuerte de Santiago de Manila, lugar desde donde escapó en barca.  
  • Un obelisco le recuerda en la ciudad de Bacolor en la que se acuarteló.
  • Una estatua levantada en su honor en una plaza de Manila recordó durante mucho tiempo la hazaña.
  • Un gran cuadro denominado ‘Alegoría de la defensa de de Filipinas
    por el alavés Simón de Anda y Salazar’ preside una de las salas del
    Museo de Bellas Artes de Álava.

Obelisco a Simón de Anda en Bacolor

 Simón de Anda, junto con Andrés de
Urdaneta y Miguel López de Legazpi fueron de aquellos españoles con los
que el pueblo filipino siempre estará en eterna deuda, y que merecen el
reconocimiento de todos.

No podemos negar que el periodo colonial
español en Filipinas hasta 1898 estuvo plagado de momentos más acertados y brillantes junto con otros más desacertados y oscuros. Hubo muchas decisiones erradas o desafortundas, pero debemos apegarnos a la gran cantidad de señas comunes que unen a
España con su emancipada hija, Filipinas, nación hispana, tagala, etc. y
crisol de culturas por legítimo derecho, a la par que despreciar y rechazar todo
aquello que nos divida.
Este legado aún perdura en la forma de
hablar (el idioma chabacano, topónimos, documentos), religión (catolicismo), arquitectura, cultura, obras de arte… y es parte del importantísimo patrimonio de esta república insular.

14.FUENTES

La Defensa de las Filipinas (parte 2): Batallas Navales contra los Holandeses

Los siguientes sucesos son hechos celebrados en la historia de Filipinas, sin embargo resultan prácticamente desconocidos en España dentro de la amnesia colectiva.
Continuamos desde donde lo dejamos en la anterior entrada:
http://www.recreacionmedieval.com/2016/07/la-defensa-de-las-filipinas-contra-la.html
En esta entrada trataremos la hazaña de como dos galeones (y posteriormente un
tercero) y cuatro bergantines españoles vencieron a 18 navíos de guerra
holandeses divididos en tres escuadras, obligándoles finalmente a desistir de su
invasión del archipiélago.

Típico galeón de este periodo con sus
en torno a 35 cañones, la lámina corresponde a Nuestra Señora de la
Concepción, 1641. Eran naves grandes y pesadas, de tres mástiles.
Añadir leyenda

1.ANTECEDENTES (1565-1646)

Como se vio en la anterior entrada, la piratería enemiga en Filipinas no fue un hecho aislado. Desde
los inicios de la colonización española hacia 1565, el archipiélago
soportó el acoso de piratas, corsarios y marinos de potencias enemigas con el paso de los siglos, con
mejor o peor fortuna. Pese a toda adversidad, los españoles pudimos
conservar (no sin sacrificio) nuestra privilegiada posición en el Extremo Oriente durante más de tres siglos.
A raíz de la llamada guerra de los 80
años y debido al hecho de que Holanda desplaza a Gran Bretaña en el
dominio de los mares, los corsarios holandeses no tardaron en
protagonizar acciones de piratería sobre los champanes y juncos chinos
que viajaban a Filipinas, perjudicando el comercio español, además de protagonizar escaramuzas sobre la bahía de Manila y otras costas del archipiélago.
Se han documentado los siguientes ataques por parte de buques de bandera holandesa desde comienzos del siglo XVII:
  • 1600: el 14 de diciembre, un escuadrón
    holandés de Olivier van Noort atacó una flota española de Antonio de
    Morga cerca de la isla Fortuna.
  • 1609: Francois de Wittert intentó atacar
    Manila con cuatro barcos pero fue repelido por el gobernador general
    Juan de Silva que contraatacó y derrotó a los holandeses en una
    escaramuza en Playa Honda (Botolan), donde muere Wittert.
  •  1616: en octubre, Joris van Spilbergen
    bloqueó la bahía de Manila con 10 galeones, pero una escuadra española
    de 7 barcos al mando de Juan Ronquillo le derrota, hundiendo el buque
    insignia enemigo “Sol de Holanda”
  • 1640-1641: tres barcos holandeses
    situados en el embocadero de San Bernandino trataron de capturar
    galeones que venían de Acapulco, Nueva España. Los galeones españoles
    fueron alertados de la presencia enemiga por señales luminosas desde el
    puerto y pusieron un rumbo alternativo.
  • 1642: los holandeses capturan Formosa (Taiwan) y expulsan a los comerciantes españoles residentes.
 Tras todos estos sucesos esporádicos pero muy dañinos para la economía del archipiélago, la situación no era menos preocupante que las crisis comentadas en la otra entrada. La soberanía española en Filipinas estaba en juego, y más aún con presencia holandesa en Formosa.
En 1644 el nuevo gobernador Diego Fajardo Chacón
llegó de España y tomó su cargo. Lejos de quedarse de brazos cruzados, decidió tomar cartas en el asunto y devolver la estabilidad a las islas. En primer lugar, puso sus vistas en el sur, haciendo frente
a varios sultanes indonesios y rebeldes musulmanes en Mindanao.
Pero más preocupante era el hecho de que el comercio estaba muy
debilitado y no llegaban mercancías desde Acapulco (Nueva España) desde
hacía 2 años. Había además escasez de pertrechos para los astilleros y
los efectivos para las guarniciones y las dotaciones de las naves eran
insuficientes.
En julio de 1645 llegan de Acapulco a
Manila los Galeones Encarnación y Rosario con nuevos recursos y el
arzobispo electo de Manila, Don Fernando Montero de Espinosa, que se contagió de unas fiebres en su camino a Manila y falleció al poco,
causando la consternación de los fieles de su nueva diócesis, tan
necesitados de ayuda espiritual.
Por si algo más podía salir peor, el 30 de
noviembre de 1645 se produjo un terremoto en Manila, a lo que siguió otra
réplica el 5 de diciembre. Esta catástrofe natural se cobró un millar de vidas y 150 edificios
e incontables daños materiales en los campos de las provincias. A sumar a las pérdidas causadas por varias erupciones volcánicas entre
1633-1640 en aquella castigada región.

2.COMBATES CONTRA HOLANDA (1646)

Paralelamente a estos sucesos, representantes de la
Compañía Neerlandesa de las Indias Orientales se reúnen en Batavia
(Yakarta) desde donde planean apoderarse de Filipinas. Para tal operación se
decide enviar a tres escuadrones navales.
  • El primero consistía en 4 galeones y un patache
    rumbo a Ilocos y Pangasinán, con el fin de apropiarse del comercio con
    China y rebelar a los nativos.
  •  El segundo aglutinaba 5 galeones y dos brulotes
    rumbo a Zamboanga y después al estrecho de San Bernardino para capturar
    el galeón que iba a venir desde Acapulco.
  •  El tercero tenía 6 galeones para mermar
    las comunicaciones navales del archipiélago con el exterior, cortando la
    comunicación de Manila con Ternate y Macasar.
Pasada la época de monzones estos tres escuadrones debían concentrar esfuerzos en Manila para atacarla y tomarla.
El 1 de febrero de 1646 una de las escuadras
holandesas es avistada en Ilocos y Pangasinán. Los holandeses intentan
convencer a los nativos para que se rebelen contra los españoles, sin
éxito, lo que lleva al saqueo de varias poblaciones hasta la llegada de
milicias españolas que les obligan a reembarcar.
Fajardo, alarmado convoca un consejo de
guerra y hace inventario, dispone de los dos maltratados galeones
llegados el año pasado, Nuestra Señora de la Encarnación (la capitana) y
Nuestra Señora del Rosario (la almiranta) que habían atracado en Cavite
desde Nueva España en julio 1645. Se le asigna el mando de los mismos a
Lorenzo Ugalde de Orellana (también conocido como Lorenzo Orella y
Ugalde) en la Encarnación y el segundo al mando el almirante andaluz
Sebastián López en el Rosario, mientras que Agustín de Cepeda es elegido
sargento mayor.
Cuatro compañías de infantería son
embarcadas en cada galeón, mandadas respectivamente por los capitanes
Juan Enríquez de Miranda, Gaspar Cardoso en la capitana y Juan Martínez
Capelo y Gabriel Miño de Guzmán en la almiranta.
Las tripulaciones aceptaron sendos capellanes dominicos a bordo y tomaron a la virgen del Rosario como patrona.
Mapa de las Filipinas donde se han marcado los lugares de las principales acciones navales.

2.1 Primera batalla: Península de Bolinao

El 3 de marzo zarpan de Cavite los dos
galeones españoles, al no encontrar enemigo en la costa de Mariveles ponen
rumbo a Pangasinán, en la misma Luzón, noroeste de la bahía de Manila,
llegando allí el 15 de marzo.
La escuadra holandesa de 4 buques
enemigos es avistada por La Almiranta a las 9 de la mañana, alertando a
la capitana por cañonazo.
A las 3 de la tarde se inician los
combates, formando ambas escuadras en línea. El galeón Rosario es el que
sufre más castigo, pero esto permite a La Encarnación concentrar su
fuego sobre los navíos enemigos dañando severamente a su buque insignia.
Tras cinco horas de combate los holandeses se retiran amparados en la
oscuridad de la noche.
Pese a la abrumadora inferioridad numérica, los dos solitarios galeones
españoles persiguen a la escuadra enemiga hasta el extremo norte de la isla Luzón. Al amanecer del día siguiente, tras
perderse la escuadra enemiga, Ugalde da orden de regreso. Solo
se cuentan daños menores en los dos galeones y algunos muertos.

2.2 Asedio de la isla Ticao

En abril de 1646, tras capturar dos mercantes españoles, la segunda escuadra holandesa es avistada desde la
fortaleza de Zamboanga, suroeste de la isla de Mindanao.
Tras un ataque frustrado, los holandeses
desembarcan en la ensenada de Caldera. El capitán Pedro Durán de
Monforte, con 30 españoles y dos compañías indígenas logra rechazar este
ataque a la fortaleza, causándoles un centenar de bajas y obligándoles a
reembarcar.
El 1
de junio de 1646, Ugalde, siguiendo órdenes del gobernador, llega al puerto de San Fernandino en Ticao con
sus dos galeones, donde espera la llegada del galeón San Luis desde
Acapulco. Desde allí debe escoltarlo a su destino.
El 22 de junio se avista otra escuadra holandesa acercándose a Ticao, identificándose 7 buques y 16 lanchas. Ugalde ahora estaba en una situación
comprometida, la escuadra holandesa le había bloqueado en el puerto, y
superaba ampliamente a sus dos galeones. Para colmo el galeón de
Acapulco aún no había aparecido. 
Temiendo ser atacados por tierra, Ugalde
desembarca a 150 hombres al mando del sargento mayor Don Agustín de
Cepeda junto con el capitán Gaspar Cardoso y algunos cañones.
Ese día a las 10 de la noche, los
holandeses envian 4 lanchas a reconocer el puerto. Los españoles
les dejan acercarse y esperan a que desembarquen para recibirles con
fuego de arcabuz, causándoles graves bajas y obligándoles a
reembarcar. Los ataques de las lanchas contra los dos
galeones en los días siguientes fueron igualmente infructuosos. Al cabo
de un mes los españoles seguían resistiendo.
La fortuna quiso que cuatro prisioneros españoles
de la escuadra holandesa consiguieran escapar e informar a Ugalde de los
planes enemigos. Según su información, las escuadras holandesas debían converger sobre Manila
para tomarla.
El 24 de julio los holandeses desisten en
someter a los galeones españoles y al no llegar el otro galeón de Acapulco,
ponen rumbo a Manila como tenían previsto.
El 25 de julio, Ugalde, libre del bloqueo,
vuelve a hacerse a la mar para enfrentarse a la armada holandesa,
seguro de que el San Luis ha recalado en otro puerto cercano tras ser alertado.
El galeón San Luis sufrió desperfectos
por el temporal pero pudo llegar al puerto de Cahayán donde consiguió
desembarcar su mercancía, antes de hundirse al ser arrastrado por la
corriente y chocar contra las rocas.

2.3 Segunda batalla: Marinduque

Consciente de que Manila está indefensa
(sin barcos ni artillería), Ugalde se apresta a perseguir a los
holandeses con sus exiguas fuerzas. 
El 28 de julio, los dos galeones españoles interceptaron a
los mismos 7 buques holandeses entre las islas de Banton y Marinduque . Los españoles se encomendaron a la virgen del Rosario y
prometieron hacer acción de gracias a la misma si salían victoriosos.
La batalla se desató el 29 de julio a eso
de las 7 de la tarde. Las 7 naves holandesas rodearon a la Encarnación
que se batió contra ellos como un demonio, mientras la Rosario disparaba
en apoyo de su compañera desde fuera del cordón enemigo. La Encarnación estuvo a punto de ser
abordada pero la pericia de la tripulación hispanofilipina al cortar los
cabos de abordaje lo evitó.
Los holandeses entonces mandaron a uno de
sus brulotes a prender fuego a la Encarnación, pero fue rechazado de
una andanada. Después lo intentaron con la Rosario, pero esta vez
detonándose la flamígera mercancía del holandés antes de tiempo, matando a toda su
tripulación en el acto.
Los holandeses desistieron al anochecer y
huyeron. No hubo ninguna baja en la Encarnación y la Rosario sólo
perdió cinco hombres.

2.4 Tercera batalla: Isla de Mindoro

Al día siguiente la escuadra española
persigue a los holandeses que solo conservan seis naves, siendo
interceptados por los dos galeones el 31 de julio a las 2 de la tarde
cerca de Mindoro, en su costa sureste.
Los holandeses estaban esta vez a la defensiva, y trataron sin éxito de desarbolar a la Rosario. Tras este revés, los invasores remolcaron su último
brulote hacia la escuadra española pero el fuego de los cañones y armas
de cubierta los destrozaron, hundiéndolo con su carga al grito de los
españoles de “Ave María” y “Viva la fe de Cristo y la Santísima Virgen
del Rosario”. 
La batalla se prolongó hasta las 6 de la
tarde, huyendo los holandeses de nuevo en la noche con su buque insignia
severamente dañado. 
En agosto, la curtida y veterana escuadra española regresa a
Cavite para reparación. La tripulación es recibida como héroes en
Manila y cumplen con sus votos prometidos a la virgen en la Iglesia de
Santo Domingo de Manila. El general Orellana se retira del
servicio siendo recompensado con una encomienda, mientras que los demás
son ascendidos por el gobernador general.

2.5 Cuarta batalla: Isla de Ambil

Estas victorias rebajan la alarma en las
autoridades, que permiten al recién llegado galeón San Diego, navegar a
San Bernardino en Ticao sin escolta.
Pero tres barcos de la tercera escuadra holandesa ya estaban entrando en aguas filipinas. El General Cristoval Márquez de
Valenzuela, capitán del San Diego se sorprendió al encontrar los barcos
holandeses cerca de la isla Fortuna, en Nasugbu, Batangas. Viendo que no era un barco de guerra, los invasores acosaron al San Diego, que escapa por los pelos hacia
Mariveles, informando en Cavite la presencia enemiga.
El gobernador Fajardo ordena a su sargento mayor Manuel Estacio de Venegas formar una nueva armada formada por la Encarnación, la Rosario y el San Diego (reconvertido a barco de guerra) a los que suma una galera y cuatro bergantines.
En esta ocasión, Sebastián López es
puesto al mando de toda la escuadra, en La Encarnación, mientras que
Agustín de Cepeda queda de almirante en la Rosario. Se siguen manteniendo capellanes en cada nave y el gobernador Fajardo ordena que se renueven los votos realizados a la virgen.
El 16 de septiembre de 1646 la escuadra
navega a Fortuna pero al no encontrar allí holandeses se dirige a
Mindoro, avistándolos entre Ambil y las islas Lubang.
La batalla comienza a las 4 de la tarde,
con el viento en contra de la escuadra española y bombardeos a larga
distancia durante 5 horas.
A las 9 de la noche La Rosario se desvía del resto de la escuadra y
se ve rodeada por tres naves enemigas, el galeón resiste durante 4
horas pese a los intentos de La Encarnación por acercarse. Finalmente
consigue zafarse y refugiarse en cabo Calavite.

2.6 Quinta batalla: Mariveles

La batalla final tuvo lugar el 6 de octubre, con la escuadra española dispersada e intentando refugiarse en Mariveles.
Tres navíos holandeses, viendo que los tres galeones estaban muy separados se lanzaron al ataque. El General López esperó a que se acercaran los invasores, temiendo ser alejado de sus aliados aún más por las corrientes.
La Encarnación levó el ancla y se
defendió de las tres naves holandesas siendo arrastrada por la corriente
con ellas lejos del San Diego. Tras 4 horas de bombardeo intenso, La Encarnación provocó graves daños en los atacantes, obligándoles a retirarse.
Al parar el viento, la relativamente rápida galera de la escuadra española pudo remar y
alcanzar al buque insignia holandés. Pese a estar en franca desventaja
en número de cañones, la galera recargó rápido e hizo graves estragos. El buque insignia holandés estaba al
borde de hundirse, pero el viento regresó posibilitando la huida de los
holandeses. Encaración y galera iniciaron la persecución en el
anochecer pero los holandeses huyeron. En total sólo hubo que lamentar 4 bajas en La Encarnación.
Tras esta victoria la escuadra regresó a
Manila donde las dotaciones nuevamente cumplieron sus votos con la virgen del Rosario de la Iglesia
de Santo Domingo de Intramuros.
El 20 de enero de 1647 la victoria fue
celebrada con fiesta, desfile y procesión con el compromiso de repetir
las celebreciones cada año.
El 6 de abril de 1647 el padre dominico
Diego Rodríguez solicitó al vicario de Manila la declaración de
Intercesión milagrosa de la Virgen del Rosario en virtud de lo
siguiente:
  • Solo hubo 15 bajas propias entre todas las batallas.
  • Que las dos naves españolas eran anticuadas e inadecuadas para el combate, y estaban en total inferioridad.
  • Que los soldados españoles rezaron a la virgen del Rosario en coros, intercediendo esta por ellos en nombre de Dios.

3.COMBATES DE 1647-1648

3.1 Batalla de Cavite (1647)

El 10 de junio de 1647, en el puerto de
Cavite (bahía de Manila) se avista una escuadra de 12 navíos holandeses
dispuestos a bloquear el puerto. Las baterías españolas reciben la
alarma y abren fuego, hundiendo el buque insignia holandés y
posiblemente otro navío de la escuadra.
La fortaleza de Porta Varga que guarda el puerto resulta destruida pero los holandeses abandonan la intentona. Sin embargo continuarán merodeando por esas aguas hasta 1648, año que marca el fin de la guerra, mediante el tratado de Westfalia. 
Cavite es mucho más célebre por la batalla que tuvo lugar allí durante la que debería denominarse Guerra de Agresión Yanki sobre Filipinas (1898).

3.2 Sucesos posteriores

Más de un siglo después (1762-1764), en
el marco de la Guerra de los 7 Años, los codiciosos ingleses intentaron
algo parecido que los holandeses, esta vez llegando a capturar Manila. Gracias a la intervención del nuevo gobernador Simón de Anda y Salazar (el Blas de Lezo de Filipinas) fueron también
finalmente expulsados pese a los limitados recursos del archipiélago. Tal gesta será tratada en la próxima entrada de esta serie con temática sobre la defensa de Filipinas.

 4.FUENTES

La Defensa de las Filipinas (parte 1): Piratas del Extremo Oriente

1.INTRODUCCIÓN

 La rocambolesca y complicada colonización y posterior gobierno y defensa de las Islas Filipinas por la metrópoli española (desde las expediciones de Magallanes y Legazpi hasta aquellos pobres olvidados que se atrincheraron durante un año en Baler) fue un cúmulo salpicado de altibajos, de adversidad tras adversidad, mucho sudor y sangre lo que costó mantener milagrosamente aquel estratégico archipiélago de innumerables islas en la otra punta del mundo, a lo que muy acorde le viene la cita “¿Qué costa no conoce nuestra sangre?” de Horacio.

Las Filipinas no solo resultaron ser un muy conveniente puente entre las Indias Orientales y las Occidentales (como demostró con su viaje el navegante y religioso agustino Andrés de Urdaneta), sino que ya eran una escala en la Ruta Marítima de las Especias; esta abarcaba desde los puertos de China y sur del Japón, pasando al Índico a través del estrecho de Malaca, pasando las costas Indias y finalmente internándose en el Mar Rojo para acceder a los puertos del Mediterráneo.Casi cuatro siglos de gestión española, nuestras muy limitadas fuerzas coloniales tuvieron que hacer verse las caras no solo con piratas chinos, japoneses y holandeses, sino también con tropas regulares del imperio británico y de los EEUU; e incluso contra los propios levantamientos de los pueblos filipinos, que conformaban grupos con gran heterogeneidad lingüistica, cultural y religiosa repartidos por aquellas 7.000 islas.

La siguiente entrada es la primera parte de esta apasionante y poco conocida odisea, descrita con detalle y sin adornos ni mitos, en la que nos centraremos en los sucesos de las primeras décadas (1565-1582) de la colonización de aquel misterioso y virgen archipiélago, tras las huellas de aquellos pioneros.

2.COLONIZACIÓN DEL ARCHIPIÉLAGO

 El origen de esta historia se remonta a 1521, cuando el explorador Fernando de Magallanes y su tripulación hicieron escala en las islas para abastecerse de provisiones y especias. La expedición había encontrado uno de sus objetivos, pero Magallanes muere en Mactán en una escaramuza con los nativos.

No es hasta 1565 cuando encontramos el primer intento colonizador español, mediante la expedición de Miguel López de Legazpi, encabezando un grupo de 380 hombres de armas y de mar. Las primeras islas en ser colonizadas fueron las de la mitad norte (Cebú y Luzón), con sus fértiles llanuras. Los terrritorios del archipiélago no se gestionaron como un virreinato
independiente sino como dependencia del Virreinato de Nueva España
(actual México).

Los primeros asentamientos españoles los encontramos en la Villa de San Miguel (isla de Cebú) y el Fuerte de Santiago, que guardaba Manila, ciudad refundada sobre un asentamiento nativo en 1571. El motifo fue que un puñado de cientos de españoles no eran suficientes para el dominio total de un archipiélago de 7.000 dispersas islas tan étnica y culturalmente heterogéneo. Por ejemplo, pronto se descubrió que los grupos étnicos del sur como Sulu, Palawan y Mindanao ya habían sido islamizados desde Indonesia, lo que les valió el apodo de “moros” y mostraban gran beligerancia hacia los españoles.

Fue así como la presencia española quedó concentrada en estos puntos concretos. Las comunicaciones con la metrópoli eran esporádicas y a menudo interrumpidas por frecuentes revueltas. La otra cara de la moneda fue el lucrativo comercio de maderas, sedas, marfiles y especias por medio de galeones.

A corto plazo los pueblos indígenas se habían resignado al vasallaje, conscientes de la superioridad tecnológica de los españoles. Sin embargo los piratas japoneses y chinos que merodeaban por la zona, y que incluso contaban con algún puesto comercial en las islas no solo no adolecían de tales limitaciones, sino que consideraban a los exploradores europeos como “bárbaros”.

3.EL ATAQUE DE LI MA HONG

Las costas del poderoso Imperio Ming no solo dieron jugosos puestos comerciales (como Macao), sino que de ellas partían frecuentes incursiones de piratas y corsarios chinos.

Por otro lado, la presencia de una minoría china en el archipiélago filipino también ha estado documentada, siendo estos testigos de la llegada de los españoles. A menudo estos emigrantes no eran muy receptivos hacia los colonizadores, ya que los veían como rivales en el comercio, y no era raro que apoyaran revueltas indígenas que beneficiaran sus intereses.

De entre los piratas chinos, el más famoso fue un temible caudillo llamado Li Ma Hong, que en 1574 dejó un amargo recuerdo entre todos los habitantes de Manila sin excepción. Li Ma Hong empezó la piratería abordando barcos de todas nacionalidades que frecuentaran los puertos del sur de China. Estos ataques llevaron a las autoridades Ming a poner precio a su cabeza, lo que le llevó a buscar territorios que conquistar para usar como base y señorío. Pronto puso miras en el pobremente defendido archipiélago filipino, empresa para la que contaba a su capataz japonés llamado Sioco, unas 62 naves y 3.000 soldados disciplinados armados venidos de China y Japón.

Su primer objetivo fue intentar capturar la propia Manila, fundada 3 años atrás, y constituyendo el asentamiento civilizado más poblado de todo el archipiélago.

El gobernador general Guido de Lavezares y el maestre de campo Juan de Salcedo se disponían a amasar a 500 dispersos españoles, y con esas modestas fuerzas apoyadas por los nativos se aprestarían a rechazar a los invasores.

Los habitantes de Parañaque dieron la voz de alarma a tiempo, de forma que los 150 españoles del fuerte de Santiago de Manila dispararon su limitado número de arcabuces y cañones sobre los atacantes, que intentaron asaltarlos. La entrada por las calles de Manila tampoco resultó ser un desfile militar, pues los lugareños al ver que saqueaban e incendiaban sus hogares, los recibieron a pedradas desde los balcones y ventanas y empezaron a organizarse.

Estos hechos motivaron el repliegue de los piratas, reembarcando desde Manila y ponieno rumbo hacia el norte de la isla, en la provincia de Pangasinán, donde los piratas construyeron un fuerte, cogiendo como rehenes a los jefes locales y exigiendo tributos.

Consciente de la amenaza, Juan de Salzedo propuso al gobernador Lavezares juntar una fuerza de al menos 250 españoles, 2.500
nativos y 4 piezas de artillería que navegaron desde Lingayen en 59
naves el 23 de marzo de 1575. A su llegada a Pangasinán, cercan a Li Ma
Hong en su fuerte pirata.

La fuerza hispano-filipina cogió por sorpresa a los piratas, incendiando gran parte de su flota. Tras esto siguieron 4 meses de terrible
asedio, llegando el momento en que Li Ma
Hong urdió un plan para escapar. Dejó tirados a la inmensa mayoría de sus propios hombres a merced
de los españoles, y huyó al mar por el río Agno en unos botes que había
estado fabricando con restos de su flota. Aquel hombre que presumía de
ser un tigre y de haberse zafado de más de 100.000 soldados chinos en
sus correrías en la China, era derrotado y humillado por una exigua
fuerza al mando de españoles, que masacraron finalmente a los ocupantes del fuerte pirata.

Tras esta victoria, no sin coste, empezó a sufrirse un temor colectivo hacia los comerciantes chinos asentados en Manila, por miedo a que cooperasen en futuras invasiones con sus compatriotas, lo que llevó prudentemente a confinarlos en una especie gueto (como los modernos “chinatown”) en el Parian de la Alcaicería.

4.COMBATES EN EL CAGAYÁN CONTRA LOS JAPONESES

Los japoneses intercambiaban oro por plata en la isla de Luzón, sobre todo en tres provincias de dicha isla: Cagayán, Pangasinán y Manila.
Los problemas con ellos se iniciaron cuando en 1580
un corsario japonés llamado Tay Fusa (Taifuzu) empezó a coaccionar a los nativos tagalos a
prestarles fidelidad y sumisión, y a atacar naves mercantes chinas en las costas filipinas. 
En una carta del gobernador general a
Felipe II (de quien toma el nombre de este archipiélago) alerta de la
belicosidad de los japoneses, y del empleo por parte de estos de los familiares
arcabuces y cañones traídos por los portugueses.
Estos incidentes muestran que los piratas (wakos) japoneses intensificaron sus acciones en el siglo XVI
ampliando su radio de acción al archipiélago. Esto hizo peligrar el comercio con China hasta el punto de que la situación se hizo insostenible.
En 1582, el gobernador Gonzalo Ronquillo de Peñalosa puso a cargo de la
situación al hidalgo y capitán de la armada Juan Pablo de Carrión, para
defender a los súbditos tagalos de los abusos japoneses, expulsarlos de
su base en la desembocadura del Cagayán y salvaguardar el comercio con
China. 
Las fuerzas de que contaban eran modestas, incluyendo:
  • 40 soldados de infantería de marina
  • Un número indeterminado de guerreros locales tagalos
  • 1 galera (La Capitana)
  • 5 bajeles pequeños de apoyo
  • 1 navío ligero (San Yusepe)

Infantería de marina española retratada en el volumen de Osprey “Campaign 086 – The Armada Campaign 1588 – The Great Enterprise Against England”

El corsario Tay Fusa pronto amasó en la zona un total de 18 navíos tipo sampán, un junco y un millar de temibles piratas, algunos de ellos eran ronin (samurais independientes) pero la mayoría eran ashigau (infantes japoneses con armadura ligera).

Al pasar por el cabo Bogueador la
pequeña escuadra española protagonizó una curiosa escaramuza naval con los piratas:
Piratas japoneses en la China Ming en 1548, retratados en el volumen de Osprey “Warrior 125 – Pirate Of The Far East 811-1639”
Primero se avistó un junco japonés que había arrasado la
costa y atacado a los tagalos. Aunque el barco japonés era mucho mayor y
los japoneses superiores en número, la Capitana era más rápida y acortó
la distancia para interceptarlo.
Los españoles prepararon los cañones,
tanto los de costados como los falconetes de cubierta, y su equipo
individual de combate y abordaje. Varias salvas de artillería española destrozaron el casco y la cubierta del buque japonés sembrando el pánico. 
Tras esto, los españoles iniciaron el
abordaje. Con sus espadas, hachas y rodelas los pocos asaltantes
españoles estaban muy superados por las numerosas katanas japonesas que
salían a su encuentro, sumado al intercambio de arcabucería en ambos
bandos. No quedó otra que replegarse a la popa de la galera española.
Carrión cortó el cabo o driza de la vela
mayor de un espadazo, cayendo este estrepitosamente sobre cubierta, e
impidiendo el acercamiento de los japoneses, que se vieron retrasados
mientras recibían una salva de arcabuz.
En ese momento llegó el San Yusepe que disparó con sus cañones al junco japonés trabado en abordaje. Los japoneses saltaron al agua presa del
pánico  para intentar llegar a nado a la costa.
Tras este combate, la flotilla continuó por el Río Grande de Cagayán. Se avistó a la otra escuadra de 18 champanes japoneses y se entabló un duelo artillero.
Viendo que los japoneses no huían y se mantenían en sus posiciones en la distancia, se desembarcaron
todos los hombres y cañones de la galera en un recodo del río y se abrió fuego
sobre las posiciones japonesas desde tierra.
Restablecida la calma, se negoció con los piratas japoneses que habían desembarcado una rendición, mas
no se alcanzó acuerdo alguno, pues los piratas ponían de condición un
tributo de compensación antes de poder abandonar el archipiélago.
Ante la negativa española, los wako se preparan para atacar con 600 hombres el campamento español. Pero infantes de marina estaban bien atrincherados esperándoles y apoyados por los nativos. Carrión ordena untar las maderas de las picas con sebo para que a los nipones se les resbalen los dedos al intentar arrebatarlas a sus dueños en el
combate.  
La posición española resistió después de tres ataques consecutivos, llegándose al cuerpo a cuerpo. Tras la victoria se capturaron diversas armaduras y katanas japonesas en calidad de trofeo. 
En los siguientes meses la región es pacificada y Carrión funda Nueva Segovia (hoy Lal-lo).

5.INTERLUDIO (1582-1622)

Las actividades de los piratas japonesas se desplazaron desde el Cagayán a la bahía de
Lingayén, y en Pangasinán, pero estas fueron de manera mucho más tímida y
comercial, conscientes de que de producirse excesos o abusos, estos no quedarían sin respuesta por parte de las autoridades españolas.
Un nuevo incidente en 1588 hizo aumentar
la desconfianza. Agustín de Legazpi, nieto del célebre conquistador y
algunos tagalos de noble cuna tramaron un plan para sublevarse contra el
gobierno colonial español.
En 1587 un almirante japonés
cristianizado que había adoptado el nombre de Juan Gayo llegó con un
navío cargado de mercancías y pertrechos que podrían servir a Agustín
para armar a sus simpatizantes y autoproclamarse rey de Filipinas.
Este quimérico complot con trama caciquil
y dinero japonés fue traicionado desde dentro y desbaratado al año y
medio de idearse, con todos sus cabecillas ejecutados o exiliados por
orden del gobernador Santiago de Vera.
En 1600, Tokugawa Leyasu, a petición del
gobernador Francisco Tello ajustició a más de 50 corsarios en Nagasaki,
con el fin de obtener mejores condiciones de comercio con los españoles. Este castigo fue visto como excesivo incluso por los propios españoles, pero ayudó a terminar con el problema de la presencia de los wakos en Luzón.
Para 1603, ya no se avistaba ningún barco pirata japonés en Luzón.

6.CONCLUSIONES 

El Mar de La China Meridional y el Oriental fueron propicios para la piratería debido al intenso comercio entre las islas y el continente asiático desde tiempos inmemoriales. El sector del Océano Pacífico que abarcaba desde Indochina hasta el archipiélago japonés fue hogar de piratas y corsarios de distintas naciones pero con las mismas ambiciones.

La situación en el siglo XVII no resultará ser menos belicosa. Nuevamente, en 1622, Manila se vio atemorizada por un caudillo chino llamado Kue-Sing, conocido por los españoles como “Koxinga” o el “Atila de Oriente”. Con una gran flota de juncos de guerra,
había arrebatado Formosa a los holandesas, desde donde amenazaba con invadir
Filipinas.

Pero la principal amenaza se desplaza desde los piratas chinos y japoneses a los corsarios y marinos holandeses. Holanda, nación calvinista, se hallaba sumida con España a en la denominada Guerra de los 80 Años (1568–1648). La guerra contra los holandeses tenía como principales campos de batalla las llanuras de Flandes, el Mar del Norte, e incluso las costas del Caribe, pero la presencia holandesa en Indonesia y su ascenso como potencia marítima internacional convertirán las costas filipinas en otro frente de batalla secundario. Estos sucesos serán tratados en esta nueva entrada aparte:

http://www.recreacionmedieval.com/2016/07/la-defensa-de-las-filipinas-parte-2.html

7.FUENTES

Otras publicaciones:

Historia de un desencuentro. España y Japón, 1580-1614, pag 24
Emilio Sola
Colección: E-Libros – Historia de un desencuentro
Fecha de Publicación: 5/05/2012
I.S.B.N. 978-84-690-5859-6

Los piratas Orientales como Amenaza a la Colonización Hispana en Filipinas
Carlos Alberto Font Gavira