Rodrigo Díaz “El Cid”: Más allá de la leyenda

Aclaración: el escudo de Castilla donde se representa un Castillo
dorado sobre fondo rojo carmesí data desde del siglo XII durante el reinado de Alfonso VIII, y por consiguiente no
existen indicios de su empleo en tiempos del Cid, donde la heráldica aún no se
había desarrollado completamente.

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1. INTRODUCCIÓN

Nuestro héroe nacional por excelencia, conquistador y defensor de
Valencia, y “patrono” de todo buen burgalés. Este personaje de la
Reconquista en el siglo XI d.C. encarnaba las virtudes de todo
caballero: lealtad, coraje, honor y sacrificio.

Don Rodrigo, no fue solo el arquetipo de
un gran caballero y leal vasallo, incluso ante la más injusta
adversidad, sino un brillante estratega y caudillo como podemos observar
en sus iterativas victoriosas batallas en campo abierto (a menudo en
franca desventaja). Como comandante de sus propias mesnadas Rodrigo unió y coordinó bajo su mando a fuerzas peninsulares cristianas y andalusíes en
contra de una amenaza común; el taimado Imperio Almorávide.
Mucha leyenda circula en torno a este
gran hombre, pero por fortuna conocemos muchos detalles acerca de su
vida como veremos a continuación, gracias al trabajo de no pocos
especialistas como Menéndez Pidal.
Disfruten de la entrada y ¡Viva el Cid!

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2. NACIMIENTO Y ORÍGENES

Rodrígo Díaz, nació en Vivar, una villa a
unos 7 km de Burgos, en torno al año 1045. Aunque existe cierta
incertidumbre sobre el lugar exacto y fecha de dicho nacimiento, aunque esta es la
hipótesis más probable.
Se sabe que Don Rodrigo es hijo de Diego Laínez, un caballero castellano, y de una hija de Rodrigo Álvarez. Se le atribuye descendencia por línea parterna de Laín Calvo, uno de los dos jueces de Castilla, aunque no está confirmado. De su madre se conoce el apellido, Rodríguez (más inseguro es su nombre, que podría ser María, Sancha o Teresa. De un modo u otro, podemos asegurar que la familia de Rodrigo pertenecía a la nobleza castellana.

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3. JUVENTUD, AL SERVICIO DE SANCHO II DE CASTILLA

Cerca de los 15 años Rodrigo se queda
huérfano de padre, por lo que se cría en la corte de Fernando I de
Castilla, junto al hijo del monarca (el infante Sancho), recibiendo una
excelente educación para la época, tanto alfabetización como derecho.
Ambos crecieron juntos y trabaron amistad.
Se sabe que Sancho, al acceder al trono
castellano como Sancho II, seguramente lo nombró alférez real, en 1065.
Fue también aquí cuando Rodrigo sería instruido en el manejo de las
armas y nombrado caballero. Ya en el 1063 existen indicios de que
Rodrigo acudió con el todavía infante Sancho a la batalla de Graus, para
ayudar a la taifa de Zaragoza (aliada de Castilla) contra el reino de
Aragón. Rodrigo guerreraría junto a Sancho en más batallas en Coimbra y
Zamora en el periodo 1063-1072, trabajando como su brazo derecho  (el
armígero real).
Con solo apenas superada la veintena,
hacia 1066, el prestigio de Rodrigo Díaz se vio notablemente
incrementado por su victoria en un duelo personal con el caballero navarro Jimeno
Garcés, para dirimir el dominio de unos castillos fronterizos que se
disputaban los monarcas de Castilla y Navarra. Esto supuestamente le
valió el sobrenombre de “campeador”, aunque otras fuentes le atribuyen
este sobrenombre a raíz de los sucesos posteriores de la guerra
castellano-leonesa, o incluso durante su destierro.
Otro apodo respetuoso que adquirió en
torno a este año fue el de “cidi” (señor en árabe) o “mio Cid”, aunque
se cree que este apelativo no lo recibió hasta su servicio en la taifa de Zaragoza o
incluso en fechas tan tardías como la toma de Valencia.

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4. GUERRA CASTELLANO-LEONESA

File:Taifas2.gif
Mapa donde se aprecian los reinos
cristianos (gris) y taifas musulmanas (verde) en torno al año 1031,
úsese como referencia y ayuda para la comprensión de las localizaciones
mencionadas en esta entrada.
 
Posteriormente Rodrigo combatió junto con
Sancho II en la guerra que este sostuvo contra su hermano Alfonso VI,
rey de León y su hermano García, rey de Galicia. Los tres hermanos se
disputaban la primacía sobre el reino dividido tras la muerte del padre y
luchaban por reunificarlo.
Las cualidades bélicas de Rodrigo
comenzaron a destacar en las victorias castellanas de Llantada (1068) y
Golpejera (1072), en la que Alfonso VI fue capturado, convirtiéndose
Sancho en Sancho II de Castilla, León y Galicia.
Tras el acceso de Sancho al trono leonés,
parte de la nobleza leonesa se sublevó y se hizo fuerte en Zamora bajo
el amparo de la infanta Doña Urraca, hermana de los anteriores. Con la ayuda de Rodrigo Díaz el rey
Sancho II sitió la ciudad, la victoria definitiva estaba cerca, pero
murió asesinado supuestamente por el noble zamorano Bellido Dolfos, que
es posible que trabajara por encargo de Alfonso VI. 
Efectivamente, lo paradójico fue que Alfonso consiguió con
cuchillo y artimañas lo que no pudo lograr en batalla, y así
como Alfonso VI heredó todos los reinos que había capturado su hermano y
enemigo.

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5. CABALLERO DE CONFIANZA DE ALFONSO VI

Sin embargo el nuevo monarca no sólo no
manifestó ningún resentimiento hacia Rodrigo (que había servido con su
odiado hermano) sino que, consciente de la valía de sus servicios, lo
honró concediéndole la mano de su propia sobrina, doña Jimena, con quien
casó en julio de 1074. Este enlace con la alta nobleza de origen
asturleonés confirma que entre Rodrigo y el rey Alfonso hubo en este
periodo buena sintonía.
Esto rompe con la leyenda del juramento
de Santa Gadea del cantar de Mio Cid, pues Alfonso VI procuró desde el
primer momento contentar y acallar a los antiguos caballeros del rey
Sancho (el Cid entre ellos), mediante el ofrecimiento de nuevas tierras,
casamientos, asignación de puestos, etc. y así evitar toda oposición.
Además de esto Alfonso lo nombró juez o
procurador en varios pleitos, por lo que la posición del Cid en la nueva
corte estaba consolidada. Por increíble que parezca, Alfonso aún no había mostrado su peor cara…
En 1079 Rodrigo es encargado recaudar las
parias (tributo) a Almutamid de Sevilla, pero durante el desempeño
de esta misión Abdalá ibn Buluggin de Granada emprendió un
injustificado ataque contra el rey sevillano con el apoyo de la mesnada
del importante noble castellano García Ordóñez, que había ido también de
parte del rey castellano-leonés a recaudar las parias precisamente de
Abdalá. Ambos reinos taifas gozaban de la protección de Alfonso VI
exactamente debido a la entrega de esas parias, por lo que la situación
no podía ser más desconcertante.
El Campeador, pese a la presencia de
fuerzas castellanas en el otro bando, se mantuvo fiel a su deber, y
defendió con su contingente a Almutamid, quien interceptó y venció a
Abdalá en la batalla de Cabra, siendo García Ordóñez hecho prisionero.
La acción de Rodrigo fue en el fondo
beneficiosa para Castilla, pues la paria recaudada con éxito del
dignatario sevillano era mucho más numerosa que la del granadino, sin embargo Alfonso se
sintió molesto, debido a la mala influencia de la nobleza afín a García
Ordóñez, que tenía mucha presencia en la corte castellana.
Para colmar con otra gota el vaso, los
desencuentros con Alfonso fueron causados por un exceso (aunque no era
raro en la época) de Rodrigo Díaz tras repeler una incursión de tropas
andalusíes en Soria en 1080. Durante esta acción Rodrigo se adentró en
el territorio de la taifa toledana de Al-Qadir, saqueando su zona
oriental, que estaba al amparo y protección de Alfonso VI.

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6. PRIMER DESTIERRO, AL SERVICIO DE LA TAIFA DE ZARAGOZA

File:Patio Aljafería.jpg
 Palacio de la Aljafería, Zaragoza.
En 1081, Alfonso castiga a Rodrigo,
desterrándolo de Castilla, y rompiendo su relación de vasallaje. Rodrigo
tuvo que marchar con una mesnada de 300 caballeros en busca de magnate
al que prestar su experiencia militar, pero no encontró ningún cristiano
necesitado de sus servicios.
Rodrigo, entonces, ofreció sus servicios a
reyes de taifas, lo que no era infrecuente en la época. Pasa en ese
momento a servir a al-Mutamán de Zaragoza entre 1081 y 1086. En 1082
lucha en Levante contra el conde Berenguer Ramón II y su lacayo el
gobernador hudí al-Mundir de Lérida. La hueste de Rodrigo derrota esta
coalición y con la ayuda de Zaragoza captura a Berenguer Ramón II. En
1084 el Cid ataca Morella, posiblemente para dar a Zaragoza salida al
mar. Al-Mundir de Lérida, Tortosa y Denia recurrió a Sancho Ramírez de
Aragón que movilizó sus huestes contra Rodrigo en agosto 1084. De nuevo
el Cid se alzó con la victoria, capturando a los principales caballeros
del ejército aragonés, a los que seguramente cobraría un rescate.

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7. RECONCILIACIÓN CON ALFONSO VI, E INTERVENCIÓN EN LEVANTE

En 1085 Alfonso anexiona la taifa de
Toledo y en 1086 inicia el asedio de Zaragoza que ahora está bajo
al-Musta’in II, quien también tuvo a Rodrigo a su servicio. Sin embargo
Alfonso es derrotado frente a los almorávides en Sagrajas en octubre
1086. No se conoce el paradero del Cid en estos momentos, pero sí se
sabe que tras esta aplastante derrota, Alfonso, necesitado de más
fuerzas contacta con él y se reconcilian.
En 1087 vuelve a Burgos con su recuperado
rey, pero poco dura la paz. Siguiendo nuevas órdenes del monarca castellano, Rodrigo vuelve a Zaragoza, se une a al-Musta’in II y
acude en auxilio de al-Qadir, que ahora había pasado de rey títere de
Toledo a rey títere de Valencia, bajo la protección de Castilla.
Al-Qadir estaba siendo acosado de nuevo por al-Mundir de Lérida y
Berenguer de Barcelona, pero el Cid logra rechazarles, con ayuda de
refuerzos de Castilla, con los que consigue defender Valencia. Además de estas acciones hizo tributarios a los monarcas musulmanes de las taifas de Albarracín y de Alpuente.
La confusión de esta campaña es grande,
pues los que eran aliados se convierten en enemigos y viceversa, todo
para mantener un balance de poder y estabilidad en la región como
protectorado de Castilla.
Posteriormente, El Cid comenzó a cobrar
para sí mismo las parias que anteriormente Valencia pagaba a Barcelona o
al rey Alfonso VI y estableció con ello un protectorado sobre toda la
zona.

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8. SEGUNDO DESTIERRO Y MÁS INTERVENCIONES EN LEVANTE

File:Castillo02 Sagunto.JPG 
Castillo de Sagunto
 
En torno al año 1088 se produciría un
nuevo desencuentro entre el Cid y su rey. Alfonso VI había conquistado
Aledo (Murcia), desde donde podía poner en peligro las taifas
colindantes con algaradas de saqueo. Algunas taifas de la zona andalusí ante
esto decidieron pedir de nuevo ayuda a los almorávides del Norte de África, liderados por el
emperador Yusuf Ibn Tashufin, que sitió Aledo en verano 1088.
Alfonso acudió al rescate de la fortaleza
y ordenó a Rodrigo que marchara a su encuentro para sumar sus fuerzas,
pero el Campeador, que se dirigió hacia Murcia, no acabó por reunirse
con su rey, bien por un malentendido o bien por un problema logístico.
En todo caso, Alfonso VI acusó al Cid de
traición y volvió a castigarle con la dura pena de un nuevo destierro,
aplicándole además una medida que sólo se ejecutaba en casos de
traición, que conllevaba la expropiación de sus bienes, extremo al que
no había llegado en el primer destierro. Es a partir de este momento que
el Cid comenzó a actuar a todos los efectos como un caudillo
independiente y planteó su intervención en Levante como una actividad
personal y no como una misión por cuenta del rey.
A comienzos de 1089 el Cid y su incondicional mesnada
parten en destierro, saquean la taifa de Denia, y se aproximan a
Murviedro, lo que hace que Al-Qadir de Valencia tenga que pagarle
tributo a él personalmente a cambio de protección.
A mediados de ese año, Rodrigo retoma su
campaña contra al-Mundir de Lérida, y contra Berenguer Ramón II de
Barcelona, estableciéndose firmemente en Burriana, a poca distancia de
Tortosa, en territorio de al-Mundir.  Berenguer manda refuerzos a atacar
Tortosa y Denia, pero el Cid lo derrota en Tévar, y captura de nuevo a
este conde de Barcelona, que finalmente se compromete a desistir de sus
intereses en la región levantina, aunque en el fondo romperá su promesa.
Como consecuencia de estas victorias el
Cid se convirtió en el caudillo más poderoso del oriente de la
Península, estableciendo un protectorado sobre Levante que tenía como
tributarios a ni nada más ni nada menos que Valencia, Lérida, Tortosa,
Denia, Albarracín, Alpuente, Sagunto, Jérica, Segorve y Almenara. En
1092 además reconstruye una base de operaciones en la fortaleza de Peña
Cadiella.
Alfonso VI había perdido su influencia en
Valencia, sustituida ahora por el protectorado del Cid. Para recuperar
su dominio de esa zona conspiró y se alió con Sancho Ramírez de Aragón y
Berenguer Ramón II de Barcelona, incluso consiguió el apoyo naval de
las ciudades estado de Pisa y Génova. La coalición enemiga atacó por tierra y mar la Taifa de
Tortosa, que había sido sometida por el Cid al pago de parias y en
verano de 1092 la coalición hostigó Valencia. El alto coste de mantener
el sitio, la débil coordinación de la coalición y una campaña del Cid
para saquear las tierras riojanas de García Ordoñez hace que Alfonso VI
desista de sus pretensiones y abandone suelo valenciano. Muchos creen
que al hacer esto estaba reconociendo el estátus del Cid como señor de
esas tierras, o incluso que aún tenía esperanzas de que Rodrigo volviera
a Castilla.
Tras estos acontecimientos, ninguna
fuerza cristiana o musulmana peninsular se pudo oponer al Cid, a excepción del
invasor imperio almorávide.

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9. TOMA Y DEFENSA DE VALENCIA


File:Muralla àrab torre àngel.jpg 
Restos de la torre del Ángel de la muralla musulmana de Valencia, literalmente absorbida por edificios posteriores.
 

File:Almoravid Empire.png
Máxima extensión alcanzada por el
imperio almorávide a comienzos del siglo XII para hacerse una idea del
impresionante poder de este imperio africano entre los reinos
musulmanes.
 
Preocupado por la amenaza que suponía
este temible imperio africano, el Cid da un paso más en sus ambiciones
en Levante, y pronto convertiría su protectorado en un señorío hereditario
independiente, que tendrá por capital Valencia. Pero para ello debía
tomarla primero…
En octubre de 1092 el cadí pro-almorávide
Ibn Yahhaf consigue con éxito el asesinato de al-Qadir, protegido de
Rodrigo, y se hace con el poder de Valencia. Al conocer la noticia, el Campeador
regresó a Valencia a comienzos de noviembre y sitió la fortaleza de
Cebolla, capturándola a mediados de 1093, para usarla como base de
operaciones contra Valencia.
En verano 1093 comienza a cercar la
ciudad levantina, que pidió socorro a los almorávides. Estos mandan una
fuerza al mando del general al-Latmuní que avanza hasta Almusafes, a 20
km de Valencia, pero son rechazados. Los valencianos, privados de auxilio, comienzan a sufrir las consecuencias del desabastecimiento y reinan los disturbios. Tras un año de cerco, Valencia capitula
en junio 1094. El Cid tomó posesión de la ciudad titulándose “Príncipe
Rodrigo el Campeador”.
Pese a esta conquista, la presión almorávide no
cesó y a mediados de septiembre de 1094 un ejército al mando de Muhammad
ibn Tasufin, sobrino del emperador Yusuf llega a Cuart de Poblet, a 5
km de la ciudad. Pero el Cid salió al mando de sus numerosas tropas y lo
derrotó en una gran batalla campal.
Con el fin de protegerse y abastecerse
por su frontera norte, el Cid consigue aliarse con el nuevo rey de
Aragón, Pedro I, que se había coronado ese mismo año.
En 1097, una nueva incursión almorávide
al mando de nuevo de Muhammad ibn Tasufin intentó recuperar Valencia
para el imperio norteafricano, pero una coalición del Cid con la colaboración del
ejército de Pedro I de Aragón los derrota en la batalla de Bairén. Ese mismo año Rodrigo envió a su único
hijo varón, Diego Rodríguez, a luchar junto Alfonso VI contra los
almorávides pero son derrotados y Diego pierde la vida en la batalla de
Consuegra. 
A finales de 1097 Rodrigo toma Almenara,
asegurando las rutas al norte de Valencia, y en 1098 conquista la
importante ciudad de Sagunto. Ese mismo año consagró la nueva Catedral
de Santa María de Valencia, reformando una mezquita aljama y poniendo a
un obispo cluniense a cargo en sustitución del anterior mozárabe. De ese
modo consolida su poder tanto militar como eclesiástico y
administrativo sobre sus dominios. Estamos ante una taifa cristiana con
entidad propia.
Tras esto se alía con Ramón Berenguer
III, nuevo conde de Barcelona y sobrino de Berenguer Ramón II al que ya
había derrotado en batalla en numerosas ocasiones. El propósito de esta
nueva alianza es crear un frente común en Levante contra el empuje del
invasor almorávide. Para reforzar alianzas el Cid casa a sus
hijas con dignatarios de la región: Cristina es casada con Ramiro
Sánchez de Pamplona, y a María con el propio Ramón Berenguer III.
Interesante hecho de esto, es que de este modo Rodrigo consigue además
emparentar su linaje con el de algunas monarquías hispánicas.
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10. MUERTE

En torno a junio de 1099, el Cid muere en Valencia, por causas de salud o naturales. Dejaba a una esposa viuda y a unas hijas huérfanas (aunque
ya en edad casadera), y un vasto señorío levantino sin dirección.
Precisamente su fiel esposa Doña Jimena,
es quien toma las riendas del señorío. Tal fue el legado de este héroe
tras su muerte que incluso su viuda y su yerno Ramón Berenguer III
consiguen defender la ciudad durante algunos años más, y mantener así
sus conquistas. En 1102, ante la imposibilidad de
defender la ciudad, la familia y los allegados del Cid abandonan
Valencia, con la ayuda de Alfonso VI.
El Cid había sido sepultado en la
catedral de Valencia, pero en la evacuación sus restos tuvieron que ser
trasladados al Monasterio de San Pedro de Cardeña, en Burgos.
En 1808 los invasores franceses
profanaron su tumba, pero el general Thiébault, posiblemente temeroso
tanto de la maldición del difunto como de la ira de los burgaleses
ordenó devolver sus restos a un mausoleo en Burgos.
En 1826 fue devuelto a Cardeña, pero tras
la desamortización en 1842 tuvo que quedarse en la capilla de la Casa
Consistorial de Burgos. Desde 1921 sus restos, junto con los de Doña
Jimena reposan definitivamente en el crucero de la capital de Burgos,
¡una tumba digna de un héroe!

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11. LEYENDA Y CRÓNICAS

Tal fue la fama adquirida por este gran
héroe castellano, que es mencionado en multitud de fuentes tanto
cristianas como musulmanas incluso siglos después de su muerte.
La fuente “menos imprecisa” es sin duda
“Historia Roderici”, una crónica biográfica suya escrita en torno al
siglo XII, y por tanto bastante cercana a los acontecimientos relatados.
Es un compendio de distintas recopilaciones que fueron siendo añadidas
para completar la biografía de Rodrigo. Este escrito se centra en
relatar los hechos tal y como lo son, y en él, el Cid no siempre es
alabado por el autor, lo que le da bastante verosimilitud.
Por otro lado está el “Cantar del Mio
Cid” un cantar de gesta escrito en verso, con algunos tintes ficticios y
con el fin de ensalzar las virtudes y la leyenda de Don Rodrigo, aunque
no por ello menos interesante pues estaba pensado para ser cantado por
juglares. De este se conserva una copia del siglo XIV, aunque el
original dataría seguramente de 1207, por lo que es más distante en el
tiempo.
Entre los hechos ficticios incluidos en
este cantar se incluyen: La Jura de Santa Gadea, los nombres y la edad
ficticios de sus hijas, las afrentas de los llamados “infantes de
Carrión” a sus hijas, un único destierro en vez de dos, la herida mortal
del Cid por una flecha, el empleo de su cuerpo para hacer creer a los
defensores de Valencia que estaba vivo, y otros pasajes que alimentaron
su leyenda. De aquí nos vienen célebres frases como “el que en buena hora nació” o el “que buen vasallo sería si buen señor tuviera”.

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12. ARTE Y CINE

El Cid ha sido representado tanto en la ópera, pintura y cine internacional.

El Cid-estatua-(Parque de Balboa).jpg
Estatua del Cid en el parque de Balboa en San Diego, EEUU

Estatua del Cid en Burgos, inaugurada en 1955
Destaca la producción de 1961 “El Cid”
protagonizada por Charlton Heston en el papel del Cid que pese a sus
espectaculares medios para la época y el asesoramiento de Menéndez
Pidal, nos ofrece una imagen del Cid más propia del Cantar de Mio Cid
que de la biografía real del personaje. Otro detalle es que la
producción hollywoodiense incurre en no pocos anacronismos, aunque no
por ello resulte menos interesante y entretenida.

File:Torneo1C.JPG
Escena del rodaje en el castillo de Belmonte, Cuenca, 1961.
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13. FUENTES

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