Pelayo, Covadonga y los orígenes del Reino Astur

1. ANTECEDENTES: CONQUISTA MUSULMANA DE LA PENÍNSULA
Año 710 d.C. en Hispania el Reino Visigodo se halla inmerso en una lucha interna. El trono está disputado entre Agila II (el hijo del anterior
rey, Witiza) y Rodrigo. Éste último fue electo gracias al apoyo de la mayor
parte de la aristocracia visigoda, por lo que la familia y los partidarios de Agila
solicitaron la ayuda de Musa ibn Nusair, caudillo militar gobernador de Ifriqiya (Túnez), que
supo ver la debilidad visigoda.
Musa envió su mejor general, Tariq Ibn Ziyad, que desembarcó en Gibraltar el 30 de
abril de 711, al frente de un ejército inicial de 7.000 hombres. Pese a no tener ventaja numérica Tariq derrotó al rey Rodrigo en la Batalla de Guadalete, valiéndose de la baja integridad de las fuerzas visigodas y la profesionalidad de las propias. Tras esto
avanzó rápidamente por el territorio peninsular, conquistando Toledo, la
capital visigoda, desde donde esperó refuerzos.
En 712 el propio Musa, acompañado por su hijo Abd al-Aziz ibn Musa cruzó el
Estrecho de Gibraltar con más refuerzos, juntando un ejercito de 18.000
hombres con el que procedió a la conquista a gran escala del resto del
territorio peninsular. Sin apenas resistencia organizada que le hiciera frente, ocupó Medina-Sidonia, Carmona y Sevilla y,
seguidamente, atacó Mérida poniendo sitio a la ciudad que resistió un
año (30 de junio del 713).
Con Mérida asediada, Musa y Tariq marcharon y tomaron Zaragoza, avanzando después hacia Lérida. Musa
se dirigió después hacia el noroeste tomando León, Astorga y Zamora y llegando
hasta Lugo. Tras esto ambos líderes son llamados a Damasco por el califa Walid para rendir
cuentas y dejan la península.
Parte de la explicación de este rápido avance la encontramos en el hecho de las disensiones internas de la propia población. Muchos hispanorromanos estaban descontentos con sus señores godos, que les exigían elevados impuestos, y veían la llegada de los musulmanes como una oportunidad para librarse de ellos. Otras minorías, como los comerciantes judíos, cooperaron activamente por motivos similares. Por su parte los partidarios del ahora autoproclamado rey Agila II vieron inicialmente a los musulmanes como sus aliados, siendo posteriormente también sometidos.
Dominada la meseta, Abd al-Aziz ibn Musa entró en Asturias por el puerto de Tarna, remontó el río Nalón y
tomó Lucus Asturum (Santa María de Lugo de Llanera) y luego Gijón,
donde dejó a cargo al gobernador Munuza. Las familias dominantes del
resto de las ciudades asturianas capitularon y probablemente también la
familia de Pelayo.
En el 716 los musulmanes controlaban “de jure” (nominalmente) toda la
península. Era momento de negociar pactos de capitulación
muy favorables para los vencidos, que a cambio de un tributo regular
podrían mantenerse en el respectivo poder de su feudo. Los territorios peninsulares conquistados se convierten en un emirato
o provincia del califato Omeya de Damasco, llamada al-Ándalus con capital en la
ciudad de Córdoba.
A partir de entonces, los musulmanes dirigieron sus esfuerzos cruzando
los Pirineos, contra el reino Carolingio de los francos. Esto permitió la organización
espontánea de revueltas y acciones de guerrilla en la poco controlada
zona noroeste de la península. Situación también fue agravada por la llegada de centenares de refugiados godos descontentos a las Cordilleras Cantábrica y Pirenaicas.
La misma situación se repetía una y otra vez en estas regiones montañosas del norte, los gobernantes nominales musulmanes se veían con insuficientes hombres para gobernar un territorio tan abrupto y hostil, y en lugar de eso se conformaron con erigir fuertes y cobrar fuertes impuestos a los caudillos locales a cambio de dejarlos tranquilos. Fue así como aparecieron los primeros focos de resistencia por parte de los grupos autóctonos astur-cántabro, vascón, aragonés y catalán.
 
Hay que resaltar que los musulmanes estaban más interesados en
expandirse por el Reino Franco, y avanzar hacia el centro de Europa (de mayor
interés económico y político) que en consolidar su dominio en el norte
de la península. Se inició así una campaña contra los francos hasta que
en las batallas de Toulouse (721) y Tours (732) el caudillo franco
Carlos Martel detuvo su avance. Pero eso es ya otra historia.
2. DESARROLLO: PELAYO, COVADONGA Y SUBLEVACIÓN CONTRA LA OCUPACIÓN MUSULMANA
Estatua de Pelayo erigida en Covadonga.
La inmensa mayoría de fuentes concuerdan
satisfactoriamente en que Pelayo era un noble (al que se le atribuye
ascendencia visigoda), hijo del duque Favila quien estaba al cargo de la
provincia Asturiensis (división territorial de existencia confirmada en
la época), que fue muerto a manos de Witiza en tiempos del rey godo
Égica.
En cualquier caso, lo cierto es que las informaciones proporcionadas
tanto por las crónicas cristianas como por las islámicas lo presentan
como un personaje estrechamente vinculado a Asturias y que poseía
propiedades en la región. De este modo, el testamento del rey Alfonso
III (recopilado por el padre Flórez en su España Sagrada) menciona que
Pelayo tenía tierras en Tiñana (Siero), no muy lejos de Lucus Asturum,
una de las ciudades más importantes de la Asturias romana y prerromana.
Así se explica por qué Pelayo buscó refugio en Asturias, entre la
clientela de su padre, cuando Witiza, el asesino de su padre Favila
llega al trono.
Pelayo permanecería en Asturias hasta la muerte del rey Witiza y
coronación de Rodrigo, del que supuestamente era partidario. Una vez en
la corte de Rodrigo, ocuparía el cargo de conde de espatarios o de la
guardia del rey y como tal habría combatido seguramente en la batalla de
Guadalete en 711. Derrotado tras la batalla regresaría a Toledo, pero tras la caída de
la ciudad decide buscar refugio de nuevo en su autóctona Asturias.
Para hacer más rocambolesco el asunto, en circunstancias poco claras
Pelayo es posteriormente entregado en Gijón en calidad de rehén y
llevado a Córdoba en el 718. La Crónica Rotense señala que, tras una “huída” de Córdoba, Pelayo
regresó en solitario otra vez más a Asturias y se refugió
clandestinamente en Bres (Piloña), en pleno corazón del territorio de
los luggones argandenos y cerca de su capital, Paelontium (Beloncio).
Se dice que allí Pelayo se entera de que el nuevo gobernador Munuza se había casado por la fuerza con su
hermana Adosinda con el fin de “legitimar” su dominio en la región. Esto
le enfurece pues supone una afrenta a su honor junto con el ya de por
sí descontento general los altos tributos exigidos (recordemos que muchas
familias nobles de la región pasaron por lo mismo para mantener su rango). Todos estos motivos personales transformaron a Pelayo de un simple fugitivo a un carismático líder rebelde.
De un modo u otro, fue en este mismo año de 718, que Pelayo y un reducido grupo de
partidarios comienzan a hacer contactos. Se reúnen en Cangas de Onís
con los clanes montañeses astures más importantes. Así coordinan la resistencia contra el gobernador Munuza, que gobierna desde Gijón. Con esto Pelayo se gana un cierto número de apoyos locales y es puesto al mando de esta resistencia. Don Pelayo con este nombramiento buscaba unificar el mando y
establecer una monarquía hereditaria, pues había sufrido en sus carnes
los problemas sucesorios visigóticos, cuya monarquía era electiva.
En 722, tras alguna pequeña escaramuza con guerrilleros astures,
Munuza decide enviar tropas al mando del general Al Qama desde la meseta
con el fin de encontrar y apresar a Pelayo, al que hubiera
puesto ya precio a su cabeza.
Se estima que Al Qama traía consigo desde la meseta a más de 1.000
hombres, un contingente “considerable” para la época y más
que suficiente para dar caza a lo que se consideraba unos centenares de
forajidos liderados por lo que ellos denominaban un “asno salvaje” (las crónicas cristianas de la
época exageran las cifras musulmanas acerca de ejércitos de muchos miles de
hombres). Con este contingente se descabezaría el intento
de Pelayo de consolidar una rebelión en el territorio astur.
Tras recibir noticias de la llegada del ejército de Al Qama,
Pelayo reúne un grupo de unos 300 partidarios y cruzan apresuradamente
el río Piloña, dirigiéndose al monte Auseva, en una de cuyas cuevas,
“Cova Dominica”, futura Covadonga, se refugiaron.
El motivo de la elección de este lugar montañoso obedece a que era
fácilmente defendible (solo había un escarpado camino de acceso), el
terreno era bien conocido, y ofrecía una posición favorable desde la que
continuar la resistencia como base de operaciones.
Al Qama llega con sus hombres al monte Auseva acompañado del obispo
Oppas, tío de Agila y hermano de Witiza, y lo envía a tratar de negociar
con los rebeldes para que se rindan. Pelayo le reprocha a Oppas su traición, y rechaza toda
negociación, aún cuando se le ofrece conservar su rango y propiedades si se
somete.
Tras ser informado de que Pelayo no piensa rendirse, Al Qama da la orden de atacar, con los musulmanes ascendiendo penosamente por la escarpada pendiente. Ladera sobre cuya zona elevada Pelayo dispuso ventajosamente a sus hombres, que se limitaron a arrojar los peñascos que abundaban por el lugar, o incluso es posible que provocasen un desprendimiento. Muchos musulmanes fueron sepultados o aplastados y el resto empezó a huir desorganizadamente.
Los cristianos, envalentonados por lo que vieron, persiguieron a los musulmanes en fuga,
masacrándolos y llegando a dar muerte al propio Al Qama.
Representación de la batalla por el pintor Fernando Mota.
Esta escaramuza victoriosa denominada actualmente
“Batalla de Covadonga”, pese a sus pequeñas dimensiones, otorgó un gran
prestigio a Pelayo y se transmitió de boca en boca con gran celeridad
por la región, provocando una insurrección masiva de los clanes astures. Hay
que tener en cuenta que fue más una hazaña moral que táctica, y que
seguramente se exageraron las noticas de la victoria para conseguir el
efecto deseado.
Munuza decidió
entonces abandonar su base en Gijón, viéndose entonces aislado y sin apoyos en una región
crecientemente hostil, y con insuficientes tropas a su cargo. Se dirigió con su séquito a la meseta a través del Camino
de la Mesa, sin embargo durante el camino se dice que fue emboscado y
muerto por astures en Olalíes (actual concejo de Grado) resultando las
fuerzas musulmanas en retirada diezmadas, dejando tras de sí un territorio sublevado y desgobernado.
Este fue el motivo por el que Pelayo se apoderó seguidamente de Gijón sin mayor esfuerzo. Al divulgarse por tierras musulmanas
la noticia de la toma de Gijón, muchos más cristianos (astures y visigodos)
se unieron al ejército de Pelayo.
Anecdóticamente el reino de Asturias no tendría como primera capital
“provisional” a Gijón (una villa bien amurallada en la época), sino
Cangas de Onís, que sería un asentamiento más seguro para la corte en
caso de una futura incursión árabe.
 
Puente “romano” de Cangas de Onis. Su construcción tal cual la
conocemos hoy en dia fue durante el reinado de Alfonso XI de Castilla y
de León, aunque seguramente se construyó aprovechando otro anterior del periodo romano, de ahí su nombre.
Tras la victoria de Pelayo en la batalla de Covadonga, se
establece una pequeña entidad territorial en las montañas asturianas,
embrión del que sería más tarde el Reino de Asturias.
En realidad, el Reino de Asturias surgió como un caudillaje sobre los
pueblos de la Cornisa Cantábrica que habían resistido tanto a los
romanos como a los visigodos y que tampoco estaban dispuestos a
someterse a los dictados del Imperio Omeya. La influencia de los
inmigrantes provenientes del sur, huidos de al-Ándalus, irá impregnando
de goticismo al reino asturiano. Sin embargo, todavía a principios del
siglo IX en el testamento de Alfonso II se renegaba de los visigodos
culpándoles de la pérdida de Hispania. La crónicas en las que se basa el
conocimiento de la época, escritas todas en tiempos de Alfonso III
cuando la influencia ideológica goticista era ya importante, son la
Sebastianense, Albeldense y Rotense.
Durante las primeras décadas el control asturiano sobre las
diferentes regiones del “reino” era aun bastante laxo y “protofeudal”, y
por ello debía ser fortalecido continuamente a través de alianzas
matrimoniales con otras familias poderosas del norte de la Península
Ibérica: De este modo, Ermesinda, la hija de Pelayo, contrajo matrimonio
con Alfonso, hijo de Pedro de Cantabria. Y los hijos de Alfonso, Fruela
y Adosinda hicieron respectivamente lo propio con Munia, una vasca
originaria de Álava, y Silo, un jefe local pésico del área de
Flavionavia (Pravia).
Don Pelayo por su parte contrajo matrimonio con una mujer de la región llamada
Gaudiosa, que se convertiría en reina consorte, y fruto de su matrimonio
nacieron dos hijos: Favila y Ermesinfa.
_Favila: tras la muerte de Pelayo en el año 737, su hijo Favila o Fáfila es
elegido monarca, y contrajo matrimonio con Froiluba. Su reinado solo duró 2 años. Según las
crónicas, lo mata un oso durante una de las “pruebas de valor”
normalmente exigidas a la nobleza de la época. Fue sepultado en la iglesia de la Santa Cruz de Cangas de Onís.
_Ermesinda: contrajo matrimonio con Alfonso I el Católico, tercer rey de
Asturias e hijo del duque Pedro de Cantabria. La tradición sostiene que
sus restos reposan en la actualidad en la Santa Cueva de Covadonga,
junto a los de sus padres y los de su esposo.
Tumba donde se atribuye que fueron trasladados los restos de Pelayo, en la Santa Cueva, Covadonga. El lugar se convirtió en un importante santuario como agradecimiento a
la providencia/divinidad tras la victoria, además de un lugar de
peregrinaje con un fuerte valor simbólico a lo largo de los siglos.
3. ANÁLISIS: CONJETURAS SOBRE LA FIGURA DE PELAYO
La historia de su presencia en la corte visigótica, participación en
Guadalete y huida de Córdoba resulta un tanto rocambolesca. Algunos
historiadores afirman que se “añadieron” algunos detalles para
“legitimar más” su acceso al trono del primer reino cristiano hispano
tras la conquista musulmana. Mostrándolo como un enlace/nexo con el
legado de la desintegrada corte visigoda cristiana de Toledo.
Otros historiadores le atribuyen un parentesco más astur o al menos
que tenía antepasados astures (Pelayo además deriva del griego (marino),
y era un nombre popular en el noroeste de la península). Los astures
autóctonos siempre habían sido bastante independientes y opuestos al
poder central peninsular y no apoyarían tan fácilmente a un pretendiente
visigodo forastero venido desde Toledo a cientos de kilómetros, sino a
un noble de sangre astur autóctono y criado en la región, para
representar y defender sus mismos intereses. Lo cual explicaría muy bien
el por qué del gran apoyo obtenido.
4. FUENTES
  • Historia de Asturias (La Nueva España)
  • http://www.abc.es/historia-militar/20130322/abci-covadonga-batalla-donde-cristianos-201303211358.html 
  • http://www.grandesbatallas.es/batalla%20de%20covadonga.html
  • https://es.wikipedia.org/wiki/Batalla_de_Covadonga 
  • http://blogs.elpais.com/historias/2015/04/la-batalla-de-covadonga-casi-1300-a%C3%B1os-despu%C3%A9s.html

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