La Defensa de las Filipinas (parte 1): Piratas del Extremo Oriente

1.INTRODUCCIÓN

 La rocambolesca y complicada colonización y posterior gobierno y defensa de las Islas Filipinas por la metrópoli española (desde las expediciones de Magallanes y Legazpi hasta aquellos pobres olvidados que se atrincheraron durante un año en Baler) fue un cúmulo salpicado de altibajos, de adversidad tras adversidad, mucho sudor y sangre lo que costó mantener milagrosamente aquel estratégico archipiélago de innumerables islas en la otra punta del mundo, a lo que muy acorde le viene la cita “¿Qué costa no conoce nuestra sangre?” de Horacio.

Las Filipinas no solo resultaron ser un muy conveniente puente entre las Indias Orientales y las Occidentales (como demostró con su viaje el navegante y religioso agustino Andrés de Urdaneta), sino que ya eran una escala en la Ruta Marítima de las Especias; esta abarcaba desde los puertos de China y sur del Japón, pasando al Índico a través del estrecho de Malaca, pasando las costas Indias y finalmente internándose en el Mar Rojo para acceder a los puertos del Mediterráneo.Casi cuatro siglos de gestión española, nuestras muy limitadas fuerzas coloniales tuvieron que hacer verse las caras no solo con piratas chinos, japoneses y holandeses, sino también con tropas regulares del imperio británico y de los EEUU; e incluso contra los propios levantamientos de los pueblos filipinos, que conformaban grupos con gran heterogeneidad lingüistica, cultural y religiosa repartidos por aquellas 7.000 islas.

La siguiente entrada es la primera parte de esta apasionante y poco conocida odisea, descrita con detalle y sin adornos ni mitos, en la que nos centraremos en los sucesos de las primeras décadas (1565-1582) de la colonización de aquel misterioso y virgen archipiélago, tras las huellas de aquellos pioneros.

2.COLONIZACIÓN DEL ARCHIPIÉLAGO

 El origen de esta historia se remonta a 1521, cuando el explorador Fernando de Magallanes y su tripulación hicieron escala en las islas para abastecerse de provisiones y especias. La expedición había encontrado uno de sus objetivos, pero Magallanes muere en Mactán en una escaramuza con los nativos.

No es hasta 1565 cuando encontramos el primer intento colonizador español, mediante la expedición de Miguel López de Legazpi, encabezando un grupo de 380 hombres de armas y de mar. Las primeras islas en ser colonizadas fueron las de la mitad norte (Cebú y Luzón), con sus fértiles llanuras. Los terrritorios del archipiélago no se gestionaron como un virreinato
independiente sino como dependencia del Virreinato de Nueva España
(actual México).

Los primeros asentamientos españoles los encontramos en la Villa de San Miguel (isla de Cebú) y el Fuerte de Santiago, que guardaba Manila, ciudad refundada sobre un asentamiento nativo en 1571. El motifo fue que un puñado de cientos de españoles no eran suficientes para el dominio total de un archipiélago de 7.000 dispersas islas tan étnica y culturalmente heterogéneo. Por ejemplo, pronto se descubrió que los grupos étnicos del sur como Sulu, Palawan y Mindanao ya habían sido islamizados desde Indonesia, lo que les valió el apodo de “moros” y mostraban gran beligerancia hacia los españoles.

Fue así como la presencia española quedó concentrada en estos puntos concretos. Las comunicaciones con la metrópoli eran esporádicas y a menudo interrumpidas por frecuentes revueltas. La otra cara de la moneda fue el lucrativo comercio de maderas, sedas, marfiles y especias por medio de galeones.

A corto plazo los pueblos indígenas se habían resignado al vasallaje, conscientes de la superioridad tecnológica de los españoles. Sin embargo los piratas japoneses y chinos que merodeaban por la zona, y que incluso contaban con algún puesto comercial en las islas no solo no adolecían de tales limitaciones, sino que consideraban a los exploradores europeos como “bárbaros”.

3.EL ATAQUE DE LI MA HONG

Las costas del poderoso Imperio Ming no solo dieron jugosos puestos comerciales (como Macao), sino que de ellas partían frecuentes incursiones de piratas y corsarios chinos.

Por otro lado, la presencia de una minoría china en el archipiélago filipino también ha estado documentada, siendo estos testigos de la llegada de los españoles. A menudo estos emigrantes no eran muy receptivos hacia los colonizadores, ya que los veían como rivales en el comercio, y no era raro que apoyaran revueltas indígenas que beneficiaran sus intereses.

De entre los piratas chinos, el más famoso fue un temible caudillo llamado Li Ma Hong, que en 1574 dejó un amargo recuerdo entre todos los habitantes de Manila sin excepción. Li Ma Hong empezó la piratería abordando barcos de todas nacionalidades que frecuentaran los puertos del sur de China. Estos ataques llevaron a las autoridades Ming a poner precio a su cabeza, lo que le llevó a buscar territorios que conquistar para usar como base y señorío. Pronto puso miras en el pobremente defendido archipiélago filipino, empresa para la que contaba a su capataz japonés llamado Sioco, unas 62 naves y 3.000 soldados disciplinados armados venidos de China y Japón.

Su primer objetivo fue intentar capturar la propia Manila, fundada 3 años atrás, y constituyendo el asentamiento civilizado más poblado de todo el archipiélago.

El gobernador general Guido de Lavezares y el maestre de campo Juan de Salcedo se disponían a amasar a 500 dispersos españoles, y con esas modestas fuerzas apoyadas por los nativos se aprestarían a rechazar a los invasores.

Los habitantes de Parañaque dieron la voz de alarma a tiempo, de forma que los 150 españoles del fuerte de Santiago de Manila dispararon su limitado número de arcabuces y cañones sobre los atacantes, que intentaron asaltarlos. La entrada por las calles de Manila tampoco resultó ser un desfile militar, pues los lugareños al ver que saqueaban e incendiaban sus hogares, los recibieron a pedradas desde los balcones y ventanas y empezaron a organizarse.

Estos hechos motivaron el repliegue de los piratas, reembarcando desde Manila y ponieno rumbo hacia el norte de la isla, en la provincia de Pangasinán, donde los piratas construyeron un fuerte, cogiendo como rehenes a los jefes locales y exigiendo tributos.

Consciente de la amenaza, Juan de Salzedo propuso al gobernador Lavezares juntar una fuerza de al menos 250 españoles, 2.500
nativos y 4 piezas de artillería que navegaron desde Lingayen en 59
naves el 23 de marzo de 1575. A su llegada a Pangasinán, cercan a Li Ma
Hong en su fuerte pirata.

La fuerza hispano-filipina cogió por sorpresa a los piratas, incendiando gran parte de su flota. Tras esto siguieron 4 meses de terrible
asedio, llegando el momento en que Li Ma
Hong urdió un plan para escapar. Dejó tirados a la inmensa mayoría de sus propios hombres a merced
de los españoles, y huyó al mar por el río Agno en unos botes que había
estado fabricando con restos de su flota. Aquel hombre que presumía de
ser un tigre y de haberse zafado de más de 100.000 soldados chinos en
sus correrías en la China, era derrotado y humillado por una exigua
fuerza al mando de españoles, que masacraron finalmente a los ocupantes del fuerte pirata.

Tras esta victoria, no sin coste, empezó a sufrirse un temor colectivo hacia los comerciantes chinos asentados en Manila, por miedo a que cooperasen en futuras invasiones con sus compatriotas, lo que llevó prudentemente a confinarlos en una especie gueto (como los modernos “chinatown”) en el Parian de la Alcaicería.

4.COMBATES EN EL CAGAYÁN CONTRA LOS JAPONESES

Los japoneses intercambiaban oro por plata en la isla de Luzón, sobre todo en tres provincias de dicha isla: Cagayán, Pangasinán y Manila.
Los problemas con ellos se iniciaron cuando en 1580
un corsario japonés llamado Tay Fusa (Taifuzu) empezó a coaccionar a los nativos tagalos a
prestarles fidelidad y sumisión, y a atacar naves mercantes chinas en las costas filipinas. 
En una carta del gobernador general a
Felipe II (de quien toma el nombre de este archipiélago) alerta de la
belicosidad de los japoneses, y del empleo por parte de estos de los familiares
arcabuces y cañones traídos por los portugueses.
Estos incidentes muestran que los piratas (wakos) japoneses intensificaron sus acciones en el siglo XVI
ampliando su radio de acción al archipiélago. Esto hizo peligrar el comercio con China hasta el punto de que la situación se hizo insostenible.
En 1582, el gobernador Gonzalo Ronquillo de Peñalosa puso a cargo de la
situación al hidalgo y capitán de la armada Juan Pablo de Carrión, para
defender a los súbditos tagalos de los abusos japoneses, expulsarlos de
su base en la desembocadura del Cagayán y salvaguardar el comercio con
China. 
Las fuerzas de que contaban eran modestas, incluyendo:
  • 40 soldados de infantería de marina
  • Un número indeterminado de guerreros locales tagalos
  • 1 galera (La Capitana)
  • 5 bajeles pequeños de apoyo
  • 1 navío ligero (San Yusepe)

Infantería de marina española retratada en el volumen de Osprey “Campaign 086 – The Armada Campaign 1588 – The Great Enterprise Against England”

El corsario Tay Fusa pronto amasó en la zona un total de 18 navíos tipo sampán, un junco y un millar de temibles piratas, algunos de ellos eran ronin (samurais independientes) pero la mayoría eran ashigau (infantes japoneses con armadura ligera).

Al pasar por el cabo Bogueador la
pequeña escuadra española protagonizó una curiosa escaramuza naval con los piratas:
Piratas japoneses en la China Ming en 1548, retratados en el volumen de Osprey “Warrior 125 – Pirate Of The Far East 811-1639”
Primero se avistó un junco japonés que había arrasado la
costa y atacado a los tagalos. Aunque el barco japonés era mucho mayor y
los japoneses superiores en número, la Capitana era más rápida y acortó
la distancia para interceptarlo.
Los españoles prepararon los cañones,
tanto los de costados como los falconetes de cubierta, y su equipo
individual de combate y abordaje. Varias salvas de artillería española destrozaron el casco y la cubierta del buque japonés sembrando el pánico. 
Tras esto, los españoles iniciaron el
abordaje. Con sus espadas, hachas y rodelas los pocos asaltantes
españoles estaban muy superados por las numerosas katanas japonesas que
salían a su encuentro, sumado al intercambio de arcabucería en ambos
bandos. No quedó otra que replegarse a la popa de la galera española.
Carrión cortó el cabo o driza de la vela
mayor de un espadazo, cayendo este estrepitosamente sobre cubierta, e
impidiendo el acercamiento de los japoneses, que se vieron retrasados
mientras recibían una salva de arcabuz.
En ese momento llegó el San Yusepe que disparó con sus cañones al junco japonés trabado en abordaje. Los japoneses saltaron al agua presa del
pánico  para intentar llegar a nado a la costa.
Tras este combate, la flotilla continuó por el Río Grande de Cagayán. Se avistó a la otra escuadra de 18 champanes japoneses y se entabló un duelo artillero.
Viendo que los japoneses no huían y se mantenían en sus posiciones en la distancia, se desembarcaron
todos los hombres y cañones de la galera en un recodo del río y se abrió fuego
sobre las posiciones japonesas desde tierra.
Restablecida la calma, se negoció con los piratas japoneses que habían desembarcado una rendición, mas
no se alcanzó acuerdo alguno, pues los piratas ponían de condición un
tributo de compensación antes de poder abandonar el archipiélago.
Ante la negativa española, los wako se preparan para atacar con 600 hombres el campamento español. Pero infantes de marina estaban bien atrincherados esperándoles y apoyados por los nativos. Carrión ordena untar las maderas de las picas con sebo para que a los nipones se les resbalen los dedos al intentar arrebatarlas a sus dueños en el
combate.  
La posición española resistió después de tres ataques consecutivos, llegándose al cuerpo a cuerpo. Tras la victoria se capturaron diversas armaduras y katanas japonesas en calidad de trofeo. 
En los siguientes meses la región es pacificada y Carrión funda Nueva Segovia (hoy Lal-lo).

5.INTERLUDIO (1582-1622)

Las actividades de los piratas japonesas se desplazaron desde el Cagayán a la bahía de
Lingayén, y en Pangasinán, pero estas fueron de manera mucho más tímida y
comercial, conscientes de que de producirse excesos o abusos, estos no quedarían sin respuesta por parte de las autoridades españolas.
Un nuevo incidente en 1588 hizo aumentar
la desconfianza. Agustín de Legazpi, nieto del célebre conquistador y
algunos tagalos de noble cuna tramaron un plan para sublevarse contra el
gobierno colonial español.
En 1587 un almirante japonés
cristianizado que había adoptado el nombre de Juan Gayo llegó con un
navío cargado de mercancías y pertrechos que podrían servir a Agustín
para armar a sus simpatizantes y autoproclamarse rey de Filipinas.
Este quimérico complot con trama caciquil
y dinero japonés fue traicionado desde dentro y desbaratado al año y
medio de idearse, con todos sus cabecillas ejecutados o exiliados por
orden del gobernador Santiago de Vera.
En 1600, Tokugawa Leyasu, a petición del
gobernador Francisco Tello ajustició a más de 50 corsarios en Nagasaki,
con el fin de obtener mejores condiciones de comercio con los españoles. Este castigo fue visto como excesivo incluso por los propios españoles, pero ayudó a terminar con el problema de la presencia de los wakos en Luzón.
Para 1603, ya no se avistaba ningún barco pirata japonés en Luzón.

6.CONCLUSIONES 

El Mar de La China Meridional y el Oriental fueron propicios para la piratería debido al intenso comercio entre las islas y el continente asiático desde tiempos inmemoriales. El sector del Océano Pacífico que abarcaba desde Indochina hasta el archipiélago japonés fue hogar de piratas y corsarios de distintas naciones pero con las mismas ambiciones.

La situación en el siglo XVII no resultará ser menos belicosa. Nuevamente, en 1622, Manila se vio atemorizada por un caudillo chino llamado Kue-Sing, conocido por los españoles como “Koxinga” o el “Atila de Oriente”. Con una gran flota de juncos de guerra,
había arrebatado Formosa a los holandesas, desde donde amenazaba con invadir
Filipinas.

Pero la principal amenaza se desplaza desde los piratas chinos y japoneses a los corsarios y marinos holandeses. Holanda, nación calvinista, se hallaba sumida con España a en la denominada Guerra de los 80 Años (1568–1648). La guerra contra los holandeses tenía como principales campos de batalla las llanuras de Flandes, el Mar del Norte, e incluso las costas del Caribe, pero la presencia holandesa en Indonesia y su ascenso como potencia marítima internacional convertirán las costas filipinas en otro frente de batalla secundario. Estos sucesos serán tratados en esta nueva entrada aparte:

http://www.recreacionmedieval.com/2016/07/la-defensa-de-las-filipinas-parte-2.html

7.FUENTES

Otras publicaciones:

Historia de un desencuentro. España y Japón, 1580-1614, pag 24
Emilio Sola
Colección: E-Libros – Historia de un desencuentro
Fecha de Publicación: 5/05/2012
I.S.B.N. 978-84-690-5859-6

Los piratas Orientales como Amenaza a la Colonización Hispana en Filipinas
Carlos Alberto Font Gavira  

  

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