Incursiones vikingas sobre los reinos de Asturias y León

 Nota 1: El término moderno “vikingo” se utiliza para designar a aquellos pueblos escandinavos y
bálticos que se dedicaban a la exploración, el comercio y la piratería,
particularmente en la Europa comprendida entre los siglos VIII-XII. Los
habitantes del norte de la Península Ibérica solían llamarlos
“normandos” que viene a significar “hombres del norte”.  Precisamente los vikingos que más a
menudo atacaron los reinos peninsulares fueron provenientes bien de los
asentamientos de Normandía (costa norte de Francia) o de las Islas Británicas.
Nota 2: Tanto la división como la denominación de los territorios cristianos de la Península Ibérica en las primeras fases de la Reconquista no puede ser vista o estudiada basándose en el actual Modelo Autonómico de España , especialmente al tratar cuestiones como la reorganización del reino de Asturias hacia el Reino de León, la relación entre el Ducado de Vasconia y el Reino de Navarra o de Pamplona, o el vasallaje del condado de Barcelona al Reino Franco.  

1. INTRODUCCIÓN

 Reino de Asturias en el año 814, que pasa a denominsarse reino de León con el cambio de capital a León en el siglo X.
File:Península ibérica 814.svg
La situación del Reino de Asturias en
un punto clave para las comunicaciones marítimas, ya desde la
Prehistoria, facilitó ancestrales contactos con el mundo atlántico. Por
otra parte, debido a la orografía, la cornisa cantábrica ha estado muy
volcada a dichos contactos y la península Ibérica se halla en la ruta
natural procedente del Mar del Norte que, una vez atravesado el Canal de
la Mancha y rodeada la península de Armórica (Bretaña francesa), continúa hacia el Suroeste para acabar cruzando el Estrecho de
Gibraltar y llegando al Mediterráneo.

Por tanto es comprensible que los
escandinavos, siguiendo su “vestvegr” o Ruta del Oeste , acabasen
recalando aquí. Así, en el año 838 incursiones de nórdicos/normandos
afincados en Irlanda ya habían asaltado algunas partes del norte
peninsular, sin llegar a ser meras avanzadillas piratas de futuras
incursiones a gran escala.. 

2. PRIMERA INCURSIÓN (AÑO 844)

 Los vikingos llevaban desde el comienzo
del siglo IX saqueando y asolando las regiones costeras de la Europa
atlántica; tras pasar por los Países Bajos, las Islas Británicas y
Francia, y siguiendo esa ruta natural antes mencionada, le tocó el turno
a las costas astures.

Según las fuentes, en el año 844 partió
del Garona una flota normanda, que sufrió una tempestad que les impidió
tomar tierra en lo que sería el actual País Vasco, tras lo cual llegó a las costas asturianas. Entre
el 31 de julio y el 1 de agosto del año 844 más de 100 naves vikingas
con rumbo hacia el sur peninsular fueron avistadas en la playa de San
Lorenzo (Gijón).

Tras un breve desembarco los nórdicos
fueron expulsados de la bahía de Gijón por las tropas de Ramiro I por lo
que fueron saqueando toda la costa cercana a Gijón y continuaron hasta
desembarcar junto al Farum Brigantium (la Torre de Hércules) en La
Coruña.

Desde esa cabeza de playa saquearon
toda la zona colindante y continuaron hasta adentrarse en la provincia
de Lugo, donde desgraciadamente para ellos,se toparon con el ejército de
Ramiro I, rey de Asturias, que desde hacía tiempo habían estado
observando los movimientos de los escandinavos navegando junto a la
costa.

Empujaron a los vikingos hasta la ribera
del Miño y les obligaron a librar combate en un lugar llamado hoy
Camporramiro. La “Cronica General de España” de Rodrigo de Toledo y
Lucas de Tuy afirma:“Y así ocurrió allí que el rey don Ramiro los venció y desbarató, y luego mandó poner fuego a la flota y les quemó LXX naves”.


Expulsados del reino de Asturias, los
vikingos continuaron hacia el Sur para continuar sus actos de piratería
llegando poco después al estuario del Tajo y, ya en territorio musulmán,
saquearon la ciudad de Lisboa durante trece días. De aquí continuaron
hasta Cádiz, penetraron por el Guadalquivir y el 29 de septiembre
llegaron a Sevilla.

El saqueo e incendio de esta ciudad,
duró varios días. También hubo saqueos en Medina Sidonia, Cádiz y Coria
del Río. Por tanto, destruyeron Sevilla, cuyos habitantes se refugiaron
en Carmona y pidieron ayuda a Córdoba, y ‘Abd al-Rahman II envió un gran
ejército.


Tras varias semanas de correrías por la
región, los vikingos fueron derrotados; muchos cayeron, y los que
quedaban huyeron y continuaron hacia el Mediterráneo. Sin embargo se
cuenta que un pequeño grupo quedó aislado en territorio musulmán y pidió
la paz, que les fue concedida, se quedaron, se convirtieron al Islam,
fundaron familias y que se dedicaron durante varias generaciones a la
elaboración de quesos. 

3. SEGUNDA INCURSIÓN (858-861)

 La incursión de las 100 naves en el 844
no fue la única vez que los vikingos arribaron a las costas asturianas.
Especial relevancia tuvo la zona de Candás y Luanco donde las naves que
pretendían doblar el cabo Peñas solían esperar mejorías de tiempo y se
avituallaban de agua y comida para su travesía.

Estas tierras, más las próximas a la
actual Tazones y Lastres, fueron objeto de visitas vikingas durante los
años comprendidos entre el 858 y 861. Se trataban de “razzias”
veraniegas que el rey Ordoño I, según los escritos de la época, supo
atajar.

Los vikingos llevaban pieles de vaca
recién sacrificada colocadas por todo el barco porque los nativos de
éstas costas al verles llegar les disparaban flechas incendiarias, con el
propósito de prender fuego y hundir sus barcos (en lo que sería la
entrada a la ría de Villaviciosa una nave vikinga fue hundida,
permaneciendo durante varios cientos de años su esqueleto en el lecho de
la misma).

Incluso parece ser que algunos miembros
de las tripulaciones llegaron a asentarse en suelo asturiano, dando
lugar a un linaje de hijos rubios y pelirrojos poco comunes en estas
tierras. Concretamente los vagos indicios y leyendas apuntan a la escarpada costa de Cudillero. No se puede hablar de un asentamiento
vikingo aquí propiamente dicho, pero sí de una asimilación de emigrantes normandos en las poblaciones asturianas colindantes.

En tiempos de Ordoño I, sucesor de
Ramiro I, los vikingos volvieron a atacar el Norte de la Península. En
858 entraron por la ría de Arousa, vía de fácil penetración y jalonada
de múltiples playas, que les sirvieron como punto de base desde el que
asaltar los distintos lugares. Iria Flavia, antigua sede episcopal y
puerto más próximo a Santiago de Compostela, situada al fondo de esta
ría fue saqueada y todo el clero de esta ciudad se refugió en Compostela
(estaba amurallada) que fue sitiada por los escandinavos. Los
habitantes de este enclave les pagaron un tributo para librarse del
saqueo, mas los atacantes quisieron, aún así, entrar en la ciudad. Fue
entonces cuando llegó el conde Pedro al frente de un ejército, enviado
por Ordoño I, poniéndolos en fuga y levantando el sitio. Esta derrota
debió de ser considerable, pues de los cien barcos que traían los
vikingos sólo les quedaron sesenta y dos.

Nuevamente prosiguieron hacia el Sur e
intentaron desembarcar en la costa portuguesa, pero los andalusíes presentaron batalla y se apropiaron de dos de sus barcos. Los sesenta
restantes consiguieron llegar hasta el Guadalquivir y luego hasta
Algeciras, ciudad que saquearon y cuya mezquita fue incendiada.Tras
algunas incursiones por el Norte de África, atacaron la costa de
Murcia, llegando hasta Orihuela. Pasaron el invierno en la costa
francesa, cerca de Camargue, y al emprender el regreso, según cuentan
los cronistas árabes, siguieron por la costa penetrando hasta Pamplona,
probablemente tras remontar el Ebro, y allí hicieron prisionero al rey
García, que tuvo que pagar un rescate de 90.000 dinares para poder ser
liberado. Algunas fuentes parecen indicar que la propia capital del
reino, Oviedo, fue víctima de algún ataque norteño. En lo que sería los
actuales terrenos de la antigua cárcel de Oviedo, Alfonso III mandó
construir una fortaleza alrededor del año 875.

En esta fortaleza, de la que ya no queda
vestigio alguno al ser totalmente destrozada durante la Guerra de
Independencia, se podía leer la leyenda ”Caventes, quod absit, dum navalis gentilitas piratico solent exercitu properare, ne videatur aliquid depirire” (“Estad
alerta, alejaos cuando las naves de los piratas paganos tienen por
costumbre hacer incursiones, procurando que nadie perezca”)
. Además
la existencia de la “cámara secreta” de San Julián de los Prados, sólo
accesible desde el exterior y con una escala independiente, parece
corroborar las teorías que apuntan a la capital asturiana como blanco de
los ataques piratas vikingos (apenas hay 30 km a la costa).

4. FORTIFICACIÓN ANTE INCURSIONES

En un principio las flotas vikingas
cogieron por sorpresa a los habitantes de estas regiones del Reino de
Asturias, pero a medida que tomaron conciencia del peligro, se mostraron
cada vez más preparados para dichos ataques desde el punto de vista
defensivo y militar, de modo que los mismos vikingos tuvieron que
realizar sus incursiones en otros lugares más indefensos y vulnerables o
donde no se hubiera conocido aún de primera mano la fuerza de sus
acometidas. Es así como a lo largo del siglo X e incluso primera mitad
del XI se aprecian numerosos desembarcos y saqueos en Galicia, mientras
que las incursiones en Asturias y Cantabria pasaron a ser mucho más
inusuales y esporádicas, pasando las flotas nórdicas de largo.
Así, en el Reino de Asturias se
construyen multitud de estructuras defensivas y se fortifican
innumerables enclaves ante los ataques de los escandinavos, al tiempo
que los reyes y los poderes nobiliarios y eclesiásticos intervienen para
frenarlos. Otra de las consecuencias es el traslado definitivo de la
sede episcopal de Iria Flavia, ciudad costera de la ría de Arousa, a
Compostela, más al interior y por tanto menos vulnerable. El obispo
Teodomiro de Iria Flavia, quien supuestamente descubrió la tumba de
Santiago, ya se hizo enterrar en la nueva iglesia construida en
Compostela, pero el traslado de la sede no se hizo de forma oficial
hasta que comenzaron las primeras incursiones vikingas.

PERIODO “REINO DE LEÓN”

Reino de León hacia el año 1000 d.C.

5. TERCERA INCURSIÓN (966)

Tras la muerte de Alfonso III el Magno, el Reino de Asturias se divide hacia el 910. La capital pasa de Oviedo a León con Ordoño II, que reorganiza todos los condados existentes bajo el nuevo Reino de León en 914. Sin embargo esto no supone el fin de las incursiones sobre costas cantábricas.
La tercera incursión fue en la primera
mitad del reinado de Ramiro III (966-985), la cual tuvo una mayor
trascendencia. Esta vez, la procedencia de estos vikingos era el ducado
vikingo independiente de Normandía.

En el año 966 zarparon de Normandía dirigiendo sus primeros ataques a
las costas portuguesas dominadas por los musulmanes, los cuales
rechazaron el asedio, replegando la flota normanda hacia el norte.

Nuevamente los normandos asolan la ría de Arosa al mando de Gunderedo y matan al
obispo compostelano Sisnando en una escaramuza cerca de Compostela. Galicia está asolada de norte a sur hasta que finalmente el
Conde Gonzalo Sánchez con la ayuda del obispo San Rosendo, al mando de
un gran ejército, derrota a las huestes vikingas que huyen en sus navíos
de vuelta a Normandía.

6. CUARTA INCURSIÓN (1008-1038)

Reino de León hacia el 1030

La cuarta incursión tiene lugar entre el
1008 y 1038 afectando fundamentalmente al suroeste de Galicia y el norte
de Portugal. El cronista francés Pierre David nos habla del conde
gallego Menendo que murió el 6 de octubre de 1008 luchando con los
vikingos por las tierras entre el Miño y el Duero. Posteriormente a su
muerte Braga es saqueada y después la ciudad de Tui (Pontevedra) así
como su catedral en el año 1015. La crónica nórdica de Snorri Sturluson
de ‘la saga del Rey Olaf’ narra las tropelías de este rey en el noroeste
peninsular.
Años después, en el 1028 los vikingos
vuelven a asolar la acosada Galicia. En esa época el reino cristiano
estaba dividido y con luchas civiles al asumir el trono Bermudo III.
Esta situación coincidió con la última “razzia”, otra vez en la
isla de Arosa y la playa de la Lanzada, bajo el mando de Ulf ‘el gallego’ que fue ayudado por la nobleza local. Pero en esta ocasión, las fuerzas
militares del nuevo obispo compostelano Cresconio estaban preparadas y los 
rechazaron nuevamente y para siempre. La expulsión de estos normandos supuso la condena de los nobles gallegos que les ayudaron.

7. FUENTES Y REFERENCIAS

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