CARLISTAS Y REQUETÉS, LOS CRUZADOS MALDITOS DE LOS SIGLOS XIX Y XX

CARLISTAS Y REQUETÉS, LOS CRUZADOS MALDITOS DE LOS SIGLOS XIX Y XX

1.     ANTECEDENTES: GUERRAS CARLISTAS


El siguiente estudio, de interés puramente histórico-cultural y estrictamente sin ninguna pretensión política ni religiosa aporta un completo y detallado enfoque a una larga
lucha olvidada. No solo se pretende abordar la historia del carlismo como
movimiento militar y político, sino ahondar en los motivos y circunstancias que
rodearon su difícil y rocambolesca existencia.

Para poder comprender al carlismo (también llamado
tradicionalismo o legitimismo), tenemos que remontarnos a sus orígenes. 

 La invasión francesa de 1808 supuso la entrada de ideas
liberales afrancesadas a España, que se plasmaron en la constitución de 1812.
Todo hacía pensar una rápida implantación del liberalismo, pero Fernando VII
derogó la legislación liberal cuando regresó a España.
En 1820 un golpe de estado militar instauró de nuevo un
régimen constitucional  que sería derrocado por la invasión
francesa de los 100.000 Hijos de San Luis tres años más tarde. El absolutismo
fernandino parecía ahora sólidamente afianzado pero la situación cambió en 1830
cuando Fernando VII tuvo la primera de sus hijas, la futura Isabel II. Según la
Pragmática Sanción si el rey moría sin hijos varones la corona debía pasar a su
hermano el infante don Carlos. Pero Fernando VII deseaba ser sucedido por su
hija, por lo que alteró las leyes sucesorias. Don Carlos, considerado firme
partidario del absolutismo no aceptó la voluntad de su hermano, y a la muerte
de este dio comienzo una larga guerra civil de 7 años, la Primera Guerra Carlista, en la
que los partidarios de la reina se aliaron con los liberales. El resultado fue
que la causa de la reina acabó identificándose con el liberalismo, que obtuvo así el poder.
Sin embargo, décadas más tarde se produce la caída de la cada
vez más decadente Isabel II, en el alzamiento de “La Gloriosa” de 1868. Esto
dio nuevas esperanzas al carlismo de ocupar el vacío dejado por los isabelinos,
y que no eran capaces de llenar ni los monárquicos amadeístas ni los
republicanos. Un joven Carlos VII retomó el estandarte de su abuelo y llegó a
reinar de facto sobre algunas regiones, aunque a largo plazo sin mejor fortuna
que este. Tras la derrota de los carlistas de 1876 (y aunque se contó con
líderes tan destacados como el marqués de Cerralbo y Juan Vázquez de Mella) el carlismo
comenzó un proceso progresivo de deserciones y escisiones que hacía presagiar
un no muy lejano fin. Especialmente cuando el único hijo de Carlos VII, don
Jaime, había cumplido los 60 años sin contraer matrimonio.
Bandera del ejército de Cabrera. Sus partidas tuvieron un
brillante papel en la guerra de guerrillas en el Maestrazgo.
Bandera del ejército de Cabrera
Hacia 1895 un carlista vizcaíno renegado llamado Sabino Arana
desarrolla ideas radicales xenófobas antiespañolas, contrapuestas a los conceptos de hermandad,
solidaridad y unidad de todos los pueblos hispánicos dentro de sus libertades;
como propugnaba el tradicionalismo carlista. Surgió de ahí el embrión del PNV,
que plagiaba descaradamente muchos de los principios originales del carlismo
vasconavarro, pero adaptándolos a su discurso aislacionista. Durante la segunda
mitad del siglo XX este nacionalismo vasco católico y antiliberal sufrirá
fuertes derivas y escisiones hacia la extrema izquierda, con la aparición de
diversos colectivos abertzales.

2.     ANTECEDENTES: REPRESIÓN Y REORGANIZACIÓN
BAJO EL RÉGIMEN REPUBLICANO


La agonía y desprestigio de la restaurada monarquía liberal
alfonsina, terminó con el exilio del fastuoso Alfonso XIII a raíz de un golpe de
estado republicano, anunciado en Eibar el 14 de abril de 1931. Entre otros factores, la
incorporación de monárquicos alfonsinos descontentos, sumado a la persecución
religiosa y censura de prensa desatadas por el nuevo régimen, hicieron que el
carlismo resucitase y cobrara fuerza. Los boinas rojas volvían a alzarse en
defensa de sus lemas: Dios, Patria y Rey.
Este golpe de estado republicano de 1931 para los carlistas supuso la confirmación de todos sus vaticinios sobre
los males que implicaba una monarquía liberal, que ejercía sus poderes cada vez
más desconectada con la ciudadanía. La caída de la rama alfonsina de los
Borbones era vista como una gran oportunidad para el carlismo, que abogaba no
por una restauración de la monarquía, sino por la implantación de un nuevo
modelo monárquico de carácter católico, foralista y corporativista. La
consolidación del régimen republicano pese a la gran inestabilidad política del
momento hará al carlismo ver la dificultad de obtener sus fines por la vía
política y diplomática.

El propio pretendiente don Jaime describió así la
implantación de la II República.
Desgraciadamente
mi experiencia política y los largos años pasados en Rusia, me han enseñado que
una República patriótica, moderada, bien intencionada puede muy fácilmente y en
un espacio de tiempo brevísimo, ser arrollada por la avalancha del comunismo
internacionalista, destructor de la religión, de la patria, de la familia y de
la propiedad.
Y eso sí, lo juro: sacrificaría hasta
la última gota de mi sangre en la lucha contra el comunismo antihumano,
poniéndome al frente de todos los patriotas para oponerme a la implantación de
una tiranía de origen extranjero.”
La muerte de don Jaime el 2 de octubre de 1931, puso al
frente de las filas carlistas a un nuevo monarca, su tío don Alfonso Carlos,
antiguo general de los ejércitos carlistas a cuyo frente había tomado con gran pericia
la ciudad de Cuenca en verano de 1874, lo que le había brindado gran
popularidad. Su nombramiento fue recibido con gran entusiasmo y contribuyó a la
reorganización y regreso de diversas escisiones que se habían producido a lo
largo del tiempo, como la integrista protagonizada en 1886 por Nocedal, y la
Mellista, acaecida tras la Primera Guerra Mundial. 
Surgió así la denominada “Comunión Tradicionalista” que usó todos los
medios a su alcance para revitalizar el carlismo, labor en la que jugaron un
papel destacado la prensa y los círculos carlistas. El diario “El siglo Futuro”  siendo
el más importante, con otros diarios con importantes y activas cuotas de prensa
en el resto de provincias españolas: “El correo Catalán”, “Pensamiento
Navarro”, “Pensamiento Alavés” o “La Unión” en Sevilla.
Todas estas publicaciones padecieron durante 5 años la
censura, las incautaciones y los secuestros por parte de las autoridades
republicanas. Esto fue así ya que pese a que la constitución oficialmente declaraba la
libertad oficial de prensa, los propios mecanismos internos del estado impedían
ejercerla. Tras la victoria de Frente Popular en febrero de 1936 a esta censura
hay que sumarle los continuos saqueos y asaltos ahora ya perpetrados por
militantes espontáneos exaltados de partidos de extrema izquierda.
Por estos motivos, es en este momento que la vida cotidiana
del carlismo transcurre en la semiclandestinidad en torno a sus círculos, que
fueron recobrando la vitalidad perdida a lo largo del tiempo. Los había de gran
vistosidad, como los de Villareal y Tolosa, pero en su gran mayoría se
celebraban en locales modestos, en los que en su decoración abundaban los
recuerdos de las pasadas campañas y los cuadros de los reyes y otras
personalidades carlistas. Allí se reunía la gran familia carlista que englobaba
hombres de todas las edades y procedencias sociales, y en la que jugaban un
papel destacado los veteranos, que con sus narraciones mantenían viva la llama
de la causa. 
Los círculos se convirtieron en auténticos núcleos de
conspiración contra el estatismo del régimen republicano, en los que ya cobraba fuerza la idea de iniciar un nuevo levantamiento carlista desde 1932. También sirvieron
de base para la organización de los boinas rojas que integraban el denominado  Requeté,
recibiendo en ellos la primera parte de su “instrucción militar”. Para su
adiestramiento se publicó un compendio de ordenanzas, reglamentos y obligaciones  del
boina roja relatados por “don Pepe”, pseudónimo tras el que se escondía el
doblemente laureado coronel Varela.
El 31 de marzo de 1934 una delegación de monárquicos
alfonsinos y carlistas se reunió en Roma con Mussolini (pese a que por aquel
entonces Italia era un estado fascista, contaba con una importante y respetada
monarquía), a quien explicaron sus deseos de derribar el estado republicano
español y sustituirlo por una totalmente nueva monarquía corporativista. El Duce
dio instrucciones al mariscal Balbo para que les entregara una ayuda inicial de
10.000 fusiles, 200 ametralladoras y 1 millón y medio de pesetas, aunque se desconoce con exactitud cuánto armamento y financiación llegó a ser recibido. Se decidió
además que varias decenas de jóvenes carlistas pasaran a instruirse
militarmente en Italia. 
El 3 de mayo de 1934 don Alfonso Carlos nombró al abogado
sevillano Manuel Fal Conde, secretario general de la Comunión Tradicionalista.
Fal Conde había sido el director de la organización del carlismo en Andalucía
donde logró crear un activo núcleo de requetés. Esto se evidenció en abril de
1934 cuando varios centenares de ellos desfilaron en El Quintillo ante el
antiguo general carlista Conde de la Cortina.
En opinión del jefe de los requetés navarros Antonio Lizarza,
la llegada de Fal Conde a la secretaría general del partido significó el
abandono del pulso legal y político contra la República para pasar
progresivamente a la resistencia abierta y armada.
Los círculos requetés, especialmente los de Sevilla se
convierten en auténticos cuarteles, patrullas de militantes comienzan a hacer
guardias y piquetes para salvar a las iglesias y conventos de la quema y el
saqueo. Por otro lado en el campo comienzan las primeras maniobras “militares” de orden
cerrado, guerrilla, instrucción, etc.
El carlismo dio también especial importancia a la labor de la
mujer trabajadora en la sociedad, creando su propia rama femenina: “Las
margaritas” que antes de que comenzase la guerra ya eran cerca de 30.000. La
mujer carlista padeció muchas privaciones en tiempos de la República y
contribuyó al activismo político con mucho valor. Todas las noches margaritas y
madrinas se afanaban sin descanso en confeccionar uniformes, prendas de abrigo
e insignias para los militantes y veteranos carlistas. Otras tareas de la mujer
carlista fueron la difusión de propaganda y octavillas, y la participación de
militantes femeninas de forma totalmente activa en los propios mítines (labor
que desempeñaron también muchas maestras).
Poco después, durante el golpe revolucionario socialista de
octubre de 1934, fue asesinado en Mondragón el diputado carlista Marcelino
Oreja Elósegui, lo que no hizo más que reforzar la idea de la necesidad de autodefensa y protección armada contra la cada vez más agresiva y violenta persecución
religiosa y política de la que eran objeto. 
Tanto en Navarra como en el resto de España los
requetés empezaron a recibir más instrucción militar, esta vez de oficiales simpatizantes del ejército, constituyéndose
una red a cuyo frente estaba la junta militar carlista establecida en San Juan
de Luz. Como jefe del movimiento se había pensado en el general Sanjurjo, que
tras el fracasado alzamiento del 10 de agosto de 1932 se había acercado a las
filas legitimistas.

3.     TENSAS NEGOCIACIONES


Tras las elecciones de 1936, donde se encontraron prácticas fraudulentas que dejaron en evidencia el precario sistema electoral republicano,
comenzaron intensos preparativos para la insurrección popular legitimista.
Oficiales del ejército comenzaban a preguntar en los círculos carlistas por
disponibilidad para sumarse a un inminente levantamiento, pero con independencia
de lo que pudiera hacer el ejército contra el gobierno frentepopulista, decenas
de miles de voluntarios carlistas estaban ya dispuestos a tomar por cuenta
propia las armas, como habían hecho sus antepasados 100 años atrás.
En una conversación celebrada en Lisboa en mayo de 1936, a la
que asistieron Sanjurjo, el regente don Javier y Manuel Fal Conde se acordó que
si se sublevaba el ejército los carlistas apoyarían la revuelta. En caso de
quedar indecisos los mandos de la junta militar responsable del alzamiento, los
requetés quedarían totalmente por su cuenta en un levantamiento propio legitimista
y contarían con el mando del propio general Sanjurjo.
Sanjurjo medió entre facciones pidiendo a los carlistas que
presentaran sus condiciones al general Mola, gobernador militar de Pamplona y
coordinador efectivo de la conspiración militar paralela. Entre otras cuestiones a Mola
le interesaba la posibilidad de participación de la decisiva fuerza 8.400
requetés en Navarra. El delegado Antonio Lizarza preparó una larga serie de
conversaciones entre Mola y los carlistas que no resultaron nada fáciles, pues
Mola planeaba instaurar una república de corte aún más totalitario, mientras que los
carlistas pedían una monarquía católica corporativista. Las diferencias eran
tales que el 9 de julio Mola dio por terminadas las negociaciones y escribió a
Manuel Fal Conde en los siguientes términos «Recurrimos a ustedes porque
contamos únicamente con hombres uniformados que no pueden llamarse soldados. De
haberlos tenido, nos habríamos desenvuelto solos
». 
Fal Conde y Lizarza viajaron a Lisboa a pedir de nuevo la
intervención de Sanjurjo desde el exilio. Como resultado, Lizarza volvió de
Portugal en avión a Pamplona, con una carta con permisos del general. En dicha
carta se menciona el derecho de los carlistas a sublevarse portando banderas
bicolores y diversas concesiones políticas, pero Mola la desestimó, poniendo en
duda su autoría. El 12 de julio Fal Conde dio por concluidas las negociaciones
sin secundar ningún movimiento que no fuera exclusivamente carlista. 
La noticia del asesinato de Calvo Sotelo fue determinante
para forzar un acuerdo. Mola finalmente aceptó las indicaciones de Sanjurjo en
la carta, más las que próximamente pudiera dar el propio general Sanjurjo como nuevo
jefe del gobierno.
El día 15, don Javier y Fal Conde dan luz verde para el levantamiento general, ya no hay marcha atrás. Comunión tradicionalista decide
anteponer el bien general de España a los intereses propios de la formación
política y se suma con todas sus fuerzas al autodenominado “Movimiento Militar para
la Salvación de la Patria”. En este momento se podría estimar la existencia de
al menos 35.000 voluntarios requetés a nivel nacional.

4.    INSURRECCIÓN Y GUERRA CIVIL


En una Europa en la que se enfrentaban los nuevos totalitarismos con
las democracias, el carlismo, la más anciana de las fuerzas políticas europeas se lanzó a su última contienda con el mismo fervor y entusiasmo que
con las anteriores. Todo ello tras haber sobrevivido a sucesivas derrotas militares,
represiones políticas y religiosas, y aboliciones de fueros. Su aportación,
sobre todo en los momentos iniciales de la Guerra Civil resultó decisiva para
el triunfo del bando rebelde.
Las circunstancias del alzamiento del 18 de julio no fueron
tan optimistas como Mola había planeado, el general Sanjurjo había muerto en un
accidente aéreo el día 20 y más de la mitad de los efectivos carlistas se
encontraban a la espera de instrucciones en zonas donde el elemento militar
sublevado fracasó en cuestión de horas o días. En algunas localidades se
produjeron episodios confusos, como en el cuartel de San Andrés de Barcelona
donde se habían presentado 200 requetés que tras oir a un oficial sublevado
gritar “viva la República” se negaron a salir a la calle. Tales rocambolescas
situaciones se dieron en regiones donde (pese al fracaso del alzaminto) el
carlismo tenía ya importante presencia, como Cataluña, Valencia, Vizcaya y
Guipúzcoa; pero con todo con aún más importante presencia de militancias
sindicalistas y secesionistas. La desconexión entre los mandos militares y los
jefes de milicias carlistas tuvo en consecuencia un altísimo coste. Los rumores daban por sentado que era solo cuestión de días que las
columnas carlistas entrasen en Madrid desde el norte, y se creía en un cierre rápido y victorioso de la confrontación, pero nada más lejos de la realidad.
Voluntarios andaluces del Requeté,
dibujados por Antonio Bueno en el libro Uniformes Militares de la Guerra Civil
Española

Voluntarios andaluces del Requeté
Sin embargo en Navarra y Álava todo ocurrió tal y como se
había dispuesto. En Pamplona en la madrugada del 19 de julio miles de
vitoreados requetés venidos
de toda la provincia se concentraron en la plaza del castillo de Pamplona, para
ser armados y asignados a sus unidades. El apoyo popular fue tal que inicialmente no
había armas suficientes para todos ellos. No solo aseguraron con este
impresionante despliegue el triunfo del alzamiento en la ciudad sino que
también proporcionaron las reservas humanas necesarias para consolidar Logroño
y Zaragoza, avanzar hasta la Somosierra de Madrid, e incluso conquistar
Guipúzcoa. Algunos de esos voluntarios que nutrieron estas fuerzas habían sido
liberados directamente de las checas y cárceles modelo, muchos otros carlistas
no tuvieron esa suerte o fueron “sacados” en diversas represalias en la zona
leal.
La toma de San Sebastián en Septiembre 1936 permitió cerrar
la frontera occidental con Francia y abrir una imprenta para una publicación
infantil carlista titulada “Pelayos” de la mano de unos carlistas catalanes
refugiados que huyeron de Barcelona. La inicativa tuvo tanto éxito que los
falangistas copiaron la idea e hicieron la suya propia denominada “Los
flechas”, que con el decreto de unificación franquista fueron forzadas a
aglutinarse en “Flechas y Pelayos”. 
El fracaso de las operaciones para la toma de Madrid en
noviembre 1936 dio lugar a un cambio de estrategia, abogándose por pacificar el
frente norte, que albergaba el corazón industrial de la zona leal al gobierno
frentepopulista. En estas operaciones los elementos clave fueron las Brigadas
Navarras, prácticamente integradas por tercios de requetés. 
De este frente destacar también la actuación del Tercio
Nuestra Señora de Begoña, por su defensa del sector de “El Fresno” en
la ciudad sitiada de Oviedo. En febrero de 1937 su decisiva participación hizo
posible parar en seco una ofensiva frentepopulista pese a las cuantiosas bajas
sufridas, lo que les valió la concesión colectiva de la Laureada de San
Fernando.  
En la defensa de Álava (ofensiva de Villareal de diciembre de 1936) y en su avance
por Vizcaya, los requetés empatizaron con sus enemigos los gudaris; ambos eran católicos, hablaban en
euskera, cantaban el Gernikako Arbola y deseaban el respeto de los fueros. Con
la toma de Bilbao en junio 1937 (ciudad por la que murió el general
Zumalacárregui sin conseguir tomarla en 1835) los carlistas se quitaban una
espina que tenían clavada desde las dos anteriores guerras, el impacto
propagandístico y psicológico fue tremendo y muchos vizcaínos se alistaron en
los tercios.
Benito Martínez Albero, navarro natural de Cintruénigo, fue
el primer requeté que entró en Bilbao en junio 1937. Se ganaba la vida como sepulturero en Pamplona antes de la guerra.
Nótese boina debajo del casco, detente y dos balas en la trabilla del correaje.
Foto de archivo.

Benito Martínez Albero, requeté navarro en Bilbao
 Otro papel destacado del Requeté fue su contribución en la
defensa del débilmente protegido frente de Zaragoza de la ofensiva republicana
de agosto 1937, que pretendía aliviar presión sobre el norte y retrasar la toma
de Santander. Allí los requetés protagonizaron una gesta sin parangón,
seguramente la mayor de la multitud de acciones audaces y arrojadas que
protagonizaron durante toda la guerra. 
A las 5 de la madrugada del 24 de agosto de 1937 un par de
brigadas frentepopulistas con apoyo de artillería y caballería atacaron la
posición de Codo cercana a Belchite, guarnecida por 180 requetés del tercio de
Montserrat (formado por carlistas catalanes que habían logrado huir de
Cataluña). Con ellos había 40 falangistas de la guarnición de Belchite que
habían salido de maniobras y no pudieron volver a su base. Milagrosamente y
pese a la abrumadora superioridad numérica gubernamental, la mayoría de las
posiciones del pueblo seguían en manos carlistas el día 25, momento en que no
quedó más remedio que replegarse a la parte alta del pueblo.  Al caer la noche, de los 220 defensores sobrevivieron
poco más de 40, obteniendo la Laureada colectiva. 

Su resistencia numantina
no fue la única en el sector, otras dos actuaciones destacables de la campaña fueron las siguientes:

El Tercio María de Molina también se distinguió en la defensa
de Quinto, recibiendo la 2ª compañía un 80-90% de bajas, y con muchos heridos
reincorporándose a sus puestos de combate con solo recibidos los primeros
auxilios, lo que le valió también una Laureada colectiva. 

El Tercio de Almogávares destacó también en la defensa de Belchite, contaba antes de la ofensiva republicana con 270 hombres, de los que solo 33 supervivientes consiguieron escapar a las líneas nacionales, obteniendo con ello la tercera Laureada Colectiva ganada por requetes en una misma campaña.

Estas brillantes actuaciones fueron clave para el
fracaso de esta ofensiva republicana antes de que llegase a amenazar Zaragoza.

El 21 de octubre de 1937 las brigadas navarras, tras vencer
la férrea resistencia gubernamental en los pasos de los Picos de Europa,
entraban en Gijón, desmoronándose el Frente Norte.
En diciembre de 1937 las Brigadas Navarras dejaron Pamplona y
participaron en las operaciones de Teruel y Alfambra, llegada al Mediterráneo y
conquista de Castellón, la batalla del Ebro y la conquista de Cataluña.

5.     CRISIS Y ARRINCONAMIENTO POLÍTICO DURANTE EL FRANQUISMO


Paradójicamente, las costosas y heroicas victorias que
disfrutaban los requetés en los campos de batalla no vieron el reconocimiento
político ni las reivindicaciones que estos requerían dentro de la España
sublevada, empeorando cada vez más su situación política por momentos, ante la
imparable deriva de los flujos de poder en el generalato.
La muerte de Alfonso Carlos sin dejar sucesor en Viena el 29
de septiembre de 1936 llevó a que don Javier asumiera la regencia mientras se
decidía en quien recaían los derechos dinásticos. El 1 de octubre de 1936,
Franco era nombrado por sus compañeros de la Junta de Defensa Nacional
(completamente compuesta por militares) jefe del gobierno del estado. Aquello
suponía un mazazo y el principio del fin de la supervivencia política de los
carlistas dentro de las fuerzas sublevadas.
Los primeros roces se producen muy temprano estallada la
guerra cuando Fal Conde propone crear una academia militar carlista, lo que fue
recibido con oposición e indignación del general Franco. Tras esto Fal Conde es
obligado a exiliarse temporalmente a Portugal. 
El progresivo arrinconamiento político orquestado por la
cúpula franquista llevó a la imposición del decreto de unificación con FE de
las JONS de 20 de abril  de 1937 dentro del denominado
Movimiento Nacional, y provocó más resentimiento en las filas carlistas que las
falangistas. El tradicionalismo era una comunión política con un ideario muy
diferente al nacional-sindicalismo de Falange, solo compartiendo el patriotismo
y los colores de la bandera.
Toda resistencia intelectual fue silenciada con destierro o
prisión. La política a seguir desde la dirección carlista fue “se acata pero no
se cumple” y las unidades requetés siguieron luchando con sus propios uniformes
negándose a añadir insignias de Falange hasta el final de la guerra. Más que
una unificación fue una absorción forzada de Comunión Tradicionalista
dentro de FE de las JONS, ya que la mayoría de los puestos de responsabilidad
en el nuevo partido fueron asignados a falangistas, con el propio Fal Conde
amenazando con expulsar de Comunión Tradicionalista a todo aquel que acepte cargos
en el nuevo partido único.
El carlismo venció militarmente la guerra, pero obtuvo una
victoria que ya no era la suya. Había perdido su propia guerra política para
pasar a convertirse en un colectivo más víctima del Franquismo.
Tras la guerra las autoridades franquistas procedieron a la
represión y manipulación del carlismo de manera similar a la que habían hecho
sus antecesores los gobiernos republicanos. Las detenciones, los exilios, los cierres de
círculos y requisas de locales e imprentas. El carlismo quedará relegado a la
semiclandestinidad y fragmentado en un ir y venir de grupúsculos, pretendientes
de turno apoyados por unos y otros, y derivaciones ideológicas.

6.     DERIVA IDEOLÓGICA HASTA LA ACTUALIDAD

Desde 1965 Carlos Hugo, el primogénito varón de don Javier,
dio un fuerte viraje a la izquierda, influenciado por nuevas ideas del Concilio Vaticano II,
el socialismo y contactos con el nacionalismo vasco abertzale
cercano al aparato político de ETA. Se crea así el denominado “Partido
Carlista” bajo nuevos lemas mayoritariamente tomados de la izquierda
“libertad, socialismo, federalismo, autogestión”.
Los sectores tradicionalistas, descontentos, abandonaron el
nuevo partido. El núcleo más duro de ellos lo representaba Sixto Enrique, hermano de
Carlos Hugo. En 1975, Sixto Enrique acusa a su hermano de traicionar los
auténticos valores legitimistas, y recrea Comunión Tradicionalista.
El 9 de mayo de 1976 el Partido Carlista intentó revitalizar
la tradicional romería del Viacrucis anual de Montejurra, pero secularizándola
y politizándola mediante la invitación a diversos partidos de extrema
izquierda, incluyendo sectores abertzales. Esto irritó mucho a los
tradicionalistas “sixtinos”, que junto con un grupo de militantes de
ultraderecha hicieron presencia en el Viacrucis impidiendo la subida al monte
de los partidarios de Carlos Hugo. En circunstancias todavía sin esclarecer, se
produjeron agresiones y disparos y hubo dos fallecidos y algunos heridos. Se
detuvieron a unos presuntos autores ultraderechistas, pero al año siguiente con
la Ley de Amnistía fueron puestos en libertad.
Este dramático suceso en el clima de la Transición supuso el
desplome de popularidad de un carlismo que estaba siendo manipulado por los
extremismos de ambos signos políticos.  
 Pese a este revés, en 1986, todos los tradicionalistas acuerdan reunificarse bajo las siglas CTC (Comunión Tradicionalista Carlista), a partir de
varios grupúsculos asistentes al «Congreso de Unidad Carlista». Comunión
Tradicionalista Carlista encarna al foralismo y tradicionalismo que concilia la
Doctrina Social de la Iglesia y a la justicia social modernas con la defensa de
las tradiciones e identidad cultural de los pueblos hispánicos. En el año 1996
los sixtinos, defensores del catolicismo más tradicional fueron expulsados, y
retomaron por su cuenta en el año 2000 con las viejas siglas de “Comunión
Tradicionalista” a secas.

7.     COMPOSICION Y ESTADÍSTICAS

El Requeté contó con españoles venidos de todos los rincones
de nuestra geografía sin excepción. En total se calculan 67 tercios de requetés
(cuatro de ellos los mencionados con Laureada Colectiva) cuyos nombres solían tener
connotaciones religiosas o recoger hechos y personajes históricos, en ocasiones
ligados a las anteriores guerras. Los más numerosos eran los compuestos por navarros,
seguidos por vascos, catalanes, aragoneses y andaluces. También hubo tercios
castellanos, uno asturiano, otro gallego… así como tercios “mixtos”
donde cada compañía tenía requetés agrupados por origen geográfico, sin contar
compañías sueltas, secciones u otras formaciones de requetés adjuntas dentro de
unidades del ejército. La composición de un tercio de requetés solía ser de 3 a
4 compañías de infantería y una de ametralladora.
Un caso curioso fue la llegada de un grupo de voluntarios
rusos blancos exiliados en Francia, que ingresaron en el Tercio María de Molina
siguiendo órdenes del teniente general ruso blanco Yevgueni Miller. Estos voluntarios
simpatizaron muy bien con sus compañeros españoles y se les permitió celebrar
misas por el rito ortodoxo .
El único tercio catalán, el de Nuestra Señora de Montserrat,
fue una de las unidades carlistas más famosas y laureadas durante la contienda.
Entre los más destacados mencionar también al tercio de Lácar, que tuvo 720
muertos (más del total de sus efectivos teóricos de combate), y los de
Montejurra y Navarra con más de 1000 bajas entre ambos, un balance muy elevado para
unidades con plantilla tipo batallón.
En febrero de 1939 había 23.000 requetés en activo, pero el
total de efectivos voluntarios que sirvieron en algún momento de la contienda
en tercios de Requetés asciende a 60.000 hombres a los que hay que contabilizar
6.000 muertos y cerca de 30.000 heridos. Cifras muy elevadas de bajas respecto
al total respecto a otras unidades de la guerra, y que se explican por la
utilización constante de estas unidades como tropas de choque. Aproximadamente
la mitad de estas bajas corresponden a tercios de requetés navarros.
Pese a que era un colectivo muy heterogéneo en cuanto a
edades (desde los 14 a los 50 años), profesiones, clase social…el grueso lo
componía gente sencilla venida de un ámbito rural, como la mayor parte de la
población española del momento. 
Dos requetés (posiblemente hermanos) miembros de una Brigada
Navarra. Foto de archivo
Dos requetés (posiblemente hermanos) miembros de una Brigada Navarra
El voluntariado era concebido como una aportación familiar.
Si una familia no podía aportar a la causa legitimista con varones en edad de
tomar armas, eran las propias mujeres las que colaboraban en puestos no
combativos como enfermeras y margaritas…Este es el motivo por el que no sería
raro encontrar a un padre y su hijo o a dos hermanos sirviendo en la misma
unidad.

8.     MOTIVACIONES


El Requeté como cuerpo militar de choque tiene un desempeño
muy particular. Por un lado es una fuerza totalmente disciplinada,
entusiasta, resolutiva y con espíritu de sacrificio; por el otro lado siguen
sus tradiciones culturales y religiosas a rajatabla llegando esto a chocar con
algunos dictados de las ordenanzas militares.
La visión moral natural cristiana fue la que dotó a los
requetés de la Guerra Civil de una ética característica, que estaba presente no
solo en su modo de pensamiento sino en sus acciones. Esto se evidencia en un
comportamiento respetuoso y una caballerosidad incomparables tanto hacia el amigo como hacia el enemigo; un gesto muy difícil
de encontrar entre los extremismos y desmanes de elementos de ambos bandos
durante esta guerra fraticida. Gran parte de este comportamiento se explica en que sus motivaciones no se basan en el odio a
quienes pretenden oponerles, sino en el amor que sienten por los ideales que
juraron defender con sus propias vidas.

9.USOS Y COSTUMBRES

La religiosidad y fervor eran una marca característica de los
tercios de Requetés, en los que era muy frecuente el rezo del Rosario o el
Ángelus en voz alta, lo que a menudo era un fuerte contraste con el constante
ambiente festivo de promiscuidad y borrachera en las trincheras enemigas. 
Se celebraban misas diarias de mañanas, colocando el capellán
un altar portátil en lugares improvisados, y en un ambiente muy humilde. Todos
los requetés confesaban, oían misa, comulgaban o bendecían sus armas antes de
iniciar una operación. Las comidas eran bendecidas desde las raciones de
combate hasta la bota de vino acompañada con el típico embutido y conservas en lata. Esta rutina
diaria tan aparentemente ortodoxa era en sí el reflejo de un fuerte sentimiento
de pertenencia y el fortalecimiento de los vínculos sociales a través de la fe
y tradiciones compartidas.
En los tercios navarros era muy común el empleo del cristóforo,
que era la persona (a menudo un sargento) encargada de portar un crucifijo
fijado a un mástil. El cristóforo iba en vanguardia frecuentemente acompañando
a los abanderados con la cruz de San Andrés y la rojigualda. El crucifijo debía
quedar bien visible para que los heridos y los moribundos pudieran localizarlo
y hacerle una plegaria al Cristo, especialmente cuando en medio del fragor del
combate no estaba suficientemente cerca un capellán para dar la extremaunción.
Cristóforo de un tercio navarro avanza en vanguardia de la
columna. Foto de archivo

Cristóforo de un tercio navarro avanza en vanguardia de la columna.
 Tal como sus antepasados 100 años atrás, en los tercios de
requetés eran constantes las referencias a Dios y al rey. “Viva Cristo Rey”
“Viva España” y “Viva el Rey” fueron las consignas más coreadas (aunque no las
únicas), así como el empleo del saludo marcial. Como ya se reseñó, esto no solo
les daba una identidad y un sentimiento de pertenencia como colectivo, sino que
era un abierto desafío pasivo a los vanos intentos franquistas de imponerles el
saludo fascista o el culto a la personalidad del Generalísimo.
Por último destacar que el requeté poseía un cancionero muy
diverso. Cantaban de trinchera en trinchera el “Oriamendi”, “Calzame las
alpargatas”, “soy carlista” “¡Alto! quien vive”, etc. a lo que hay que sumar
otras composiciones de carácter folklórico y regional dependiendo de la
procedencia de los voluntarios. Muchas veces la letra era modificada a nivel de la unidad para referirse a determinados sucesos recientes o a la realidad de la guerra. 

10.EQUIPAMIENTO

Aunque la principal característica del Requeté es la boina
roja, se aprecian otros signos distintivos, casi siempre llevados en el
bolsillo izquierdo del pecho. Tales fueron rosarios y crucifijos, el detente
(una especie de escapulario que denotaba la fe y devoción del portador),
insignias con la cruz de San Andrés  o el águila bicéfala coronada que les
cosían las madrinas o las margaritas.  
Pedro Ruiz de Ulíbarri, requeté voluntario con 16 años, antes
de salir al frente de Guipúzcoa. Archivo Ruiz de Ulíbarri
 

Pedro Ruiz de Ulíbarri, requeté voluntario con 16 años

Eran populares las camisas color garbanzo, y las cazadoras
grises y pardas, combinadas con diverso ropaje de procedencia militar o prendas
civiles a menudo de carácter regional.
Otros elementos incluían al menos un cinto con una o varias
cartucheras, correajes, una bayoneta, la característica manta llevada cruzada
al torso, unas polainas, el macuto, cazo, … y sus escasos y modestos enseres
personales.
En ocasiones se aprecia el uso de casco debido al proceso de
militarización de que fueron objeto, aunque esta protección era a menudo
infravalorada o descartada en favor de ser identificado mediante la boina.
El armamento empleado era diverso, siendo de procedencia
nacional de los cuarteles (mausers modelo 1893 y 1916, y tercerolas de
caballería) o de la ayuda extranjera (destacando mausers “negrillos” alemanes),
aunque no fueron las únicas procedencias.
Como indicado, muy pronto quedaron estas unidades carlistas
militarizadas con la imposición de las divisas y rangos del ejército (quedando
las divisas propias como opcionales). Los requetés provenientes del norte
usaban flores de lis como divisas mientras que los del sur empleaban un sistema
de barras.
La boina roja es combinada normalmente en paseo o servicio
diario con una chapa y borla. Esta borla es de diversos colores: 
·         Morado para capellanes
·         Amarillo para tropa
·         Rojo para cabos
·         Verde para sargentos
·         Blanco para brigadas
·         Plateado para Oficiales
·         Dorado para jefes
Divisas empleadas por los requetés,
Jose María Bueno Carrera
 Dentro de cada región había particularidades, como el uso de
alpargatas y grandes chapelas rojas del requeté andaluz, las camisas de tela de
cuadros de los requetés navarros, o el gusto por llevar la boina ladeada o
colocada en una posición o en otra.

11.FUENTES

https://es.wikipedia.org/wiki/Requet%C3%A9
https://es.wikipedia.org/wiki/Requet%C3%A9
“Mitos al descubierto: Requetés,
soldados de otro siglo”
 Instituto de Estudios Históricos del
CEU

12.LECTURAS RECOMENDADAS


“Requetes – de las trincheras al olvido” Víctor Sierra
Sesúmaga, Pablo Larraz; La Esfera de los Libros 2010
“Luchábamos sin odio” Javier Nagore Yarnoz; Altea 2005
“Atlas ilustrado del carlismo” editorial Susaeta
“Combatientes requetés en la Guerra Civil Española”
Julio Aróstegui 
“Álava, una Provincia en Pie de Guerra” Germán Ruiz Llano,
2016

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