Sevilla y Al-Andalus

Sevilla y Al-Andalus

Sevilla y Al-Andalus

Artículo publicado originalmente en http://isbiliya.com/

Sevilla fue una ciudad musulmana en Al-Andalus que vivió un proceso de islamización desde el 711 hasta la reconquista cristiana en 1842. Durante ese período, la ciudad se llamó Isbiliya, y su historia se divide en dos etapas: del 711, cuando comenzó la conquista musulmana en la batalla de Guadalete, hasta 1147, con la ocupación por los bereberes; y desde 1147 hasta 1248, periodo en el que Isbiliya estuvo dominada por los almohades y fue la capital de Al-Andalus.

Son dos etapas que discurren entre más de cinco siglos, la primera abarca cuatro siglos y la segunda uno. Tras la segunda etapa, la de los almohades, empezó el declive para Al-Andalus, que se llamó “terceros taifas”, exceptuando el reino nazarí de Granada que existió hasta que finalizó la reconquista con la llegada de la Reina Isabel La Católica en 1492.

Hasta el momento, se vivieron en la península y el norte de África diferentes situaciones políticas:

Del 712 al 756 tuvo lugar el Emirato dependiente de Damasco, con bastante inestabilidad ya que se sucedieron 21 gobernadores. Al principio, el interés estaba basado solo en el botín, pero tras ser vencidos por los francos en Poitiers en el año 732, se plantearon asentarse en la Península, viendo que no habría posibilidad de conseguir más botines.

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Icono Isbiliya

Intentaron implantar la nueva forma política, económica y religiosa de la administración califal para promover la convivencia de los invasores, una mínoría, con los hipano-godos, la mayoría. Esta minoría estaba dividida entre árabes, bereberes y sirios. Tras dar por terminada la etapa del botín, la convivencia fue tensa y el grupo social de los campesinos dependientes de los latifundistas sufrió una gran transformación en la que pasaron a ser libres, a hablar en árabe y a ser musulmanes. Este proceso de islamización de Al-Andalus fue favorecido por la inmigración de musulmanes, los matrimonios entre musulmanes y cristianas y la conversión al islam de los hispano-godos.

Del 756 al 929 se sucedió el Emirato Omeya. Se nombró en Al-Andalus al emir Abd al-Rahman I, de la familia Omeya, que construyó un estado independiente en Al-Andalus con tres objetivos en mente: ejército, ingresos económicos y sofocar las revueltas. Sus sucesores siguieron sus pasos: Abd al  Rahman II, que modernizó Al-Andalus incorporando elementos orientales y fundó nuevas ciudades como Murcia, Úbeda o Jaén. Con Abd al Rahman III se sucedieron varias revueltas que lograron sofocarse.

Del año 929 al 1023 tuvo lugar el Califato de Córdoba, un período de esplendor por la gran paz que reinó en el territorio. Abd al Rahman III decidió autoproclamarse califa en el año 929  para mostrar su dominio sobre el territorio y demostrar su capacidad de independencia frente al nuevo califa surgido en el norte de África. A él le sucedió su hijo Al Hakam II, que tuvo muy buena relación con el norte de África y proclamó su amor por la cultura, las artes y las letras, además de por la paz. Se edificó el mihrab de la mezquita de Córdoba y se fundó una biblioteca.

Hisham II, el hijo de este, también fue califa, regentado por Almanzor, pero fue de los más débiles. Tras la muerte de Almanzor, se suceden 9 califas y una inestabilidad que provoca el periodo llamado los Reinos de Taifas, en el que Al-Andalus fue un territorio dividido en 27 reinos de taifas, que algunos incluso desaparecieron. Ante esta debilidad, los cristianos se crecieron para luchar con los musulmanes teniendo lugar la primera victoria e Alfonso VI en 1085 cuando se hizo con Toledo.

EL imperio almorávide (1091-1147) surgió de un nuevo movimiento político y religioso en una tribu bereber del sur de Marraketch, los Lamtuna, que fundaron la dinastía almorávide que convenció a una población desencantada. Con su apoyo formaron un imperio desde el norte de África y Al-Andalus. Pronto consiguieron acabar con los reyes de taifas y gobernar Al-Andalus, aunque con cierta oposición de la población. Su líder, Yusuf ibn Tashufín, venció en la batalla de Zalaca (1086) a Alfonso VI, lo que le ayudó a imponer una ortodoxia musulmana estricta. Aunque pronto, los cristianos obtuvieron importantes avances, conquistando Zaragoza en 1118. Mientras tanto, los almorávides se vieron amenazados por un nuevo movimiento religioso surgido en el Magreb: el almohade (1147-1232).

Se trataba de una población con un alto nivel cultural que formó un nuevo imperio con Ibn Tumart al frente, que murió poco después. Continúo con el movimiento Abd al-Mumin, tomó Marrakech y emprendió la conquista de un enorme imperio que terminó con el dominio almorávide en el Magreb y Al-Andalus apoderándose del imperio. Aunque el intento almohade de que su imperio perdurara fracasó y fu derrotado en las Navas de Tolosa en 1212 ante los cristianos, no pudiendo frenar su avance. Entonces, dio paso a un breve periodo de terceros taifas para finalmente reducir su presencia en la península en el reino nazarí de Granada (1238-1492).

Por tanto, a partir de los Reinos de Taifas es cuando se produce una transformación y, a partir de 1147 una renovación radical de Sevilla, cuya influencia queda reflejada hoy en día. Se ampliaron las murallas, se reconstruyó un acueducto antiguo, se construyó una nueva mezquita aljama, una nueva alcaicería, nuevos baños y nuevos recintos murados palatinos. La ciudad medieval de la que podemos disfrutar ahora es la Isbiliya almohade y la gótico-mudéjar de los siglos XIV y XV.

Artículo publicado originalmente en http://isbiliya.com/

 

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