BAILÉN (1808): VICTORIA FRENTE AL INVASOR

BAILÉN (1808): VICTORIA FRENTE AL INVASOR

La Batalla de Bailén fue un
enfrentamiento de la Guerra de Independencia entre fuerzas del Ejército de
Andalucía (liderado por el general Castaños y Teodoro von Reding) contra
el ejército invasor francés al mando del general Dupont, el 19 de
julio de 1808. El combate tuvo lugar cerca de Bailén, localidad de la
provincia de Jaén, Andalucía.

1.ANTECEDENTES

Con el Tratado de Fontainebleau acordado entre Napoleón Bonaparte y el Primer Ministro Manuel Godoy (27 de octubre de 1807) se pacta una
invasión hispano-francesa de Portugal (aliado de Gran Bretaña), lo que desencadena la entrada de al menos 65.000 soldados franceses sin oposición en España, y su acantonamiento en posiciones estratégicas.
El príncipe
Fernando VII (llamado “el deseado”), no puede esperar ni un momento
más a la sucesión del trono a su odiado padre, Carlos IV. Fernando VII y sus partidarios protagonizan un golpe de
estado, creyendo estos contar con el
beneplácito y apoyo francés para tal empresa, no podían estar más
equivocados.

Fernando VII pintado por Goya
La evidente grave crisis política que atravesaba el reino, fue explotada por el emperador francés Napoleón Bonaparte para dar un golpe de
mano, violar el tratado ratificado con Godoy, retirar a ambos Borbones a
Bayona y proclamar ilegítimamente a su propio hermano, José Bonaparte
como Rey de España.
El 2 de mayo de 1808, la muchedumbre se lanzó a las calles y la emprendió contra
los gabachos. Todo fue a raíz de impedir la salida forzada de los infantes del Palacio de Oriente, para ser también enviados a Bayona. El levantamiento fue de carácter popular aunque participaron militares a título paarticular, como los oficiales Daoíz, Velarde y Ruiz. El mariscal
Murat lanzó a sus mamelucos contra los paisanos, y pasó por el
fusil y la bayoneta a toda persona hostil, reprimiendo el
levantamiento en un baño de sangre. Pero ya era tarde para los
invasores, la rebelión se extendió por toda España como la pólvora, el
sacrificio de unos pocos sirvió de inspiración para muchos. Juntas
provisionales se formaron por toda nuestra geografía.
Ante la imposibilidad inicial de vencer
en campo abierto se organizaron más o menos espontáneamente guerrillas por todo el
territorio. Los franceses quedaron pronto así confinados a las grandes
poblaciones. Todo convoy francés con menos de 50 hombres de escolta era presa fácil para los guerrilleros.
El 26 de Mayo se proclamó Rey de España y
de las Indias al usurpador José Bonaparte sin estar este presente, sin
ningún tipo de apoyo ni legitimidad nacional.
José Bonaparte, el usurpador.
Los soldados españoles disponibles pronto se prepararon para hacer frente a lo que era un invasor a todas luces,
saliendo de sus cuarteles y guarniciones por iniciativa propia y
sumándose a los pueblos periféricos. Solo 20.000 franceses en la capital
hacían constar el apoyo al usurpador y mantenían “el orden”.
La situación francesa pronto empeoró,
pues no habían contemplado el riesgo de perder sus líneas
de suministro a medida se adentraban. Cerca de 80.000 hombres no eran suficientes
para poner a un país de millones personas de rodillas, y hubo
que centrarse en mantener solo una línea que atravesaba desde Pamplona hasta Toledo.
El emperador, sorprendido de la nunca
vista bravura con que le hacían frente, mandó columnas de refuerzo para
intentar en vano “pacificar” toda nuestra geografía. La campaña española
no iba a ser un simple “promenade” como él hubiera querido. La disposición de fuerzas francesas en España quedaba entonces organizada de la siguiente manera:
  • El Mariscal Bressières fue despachado a Castilla con 25.000 hombres,
    dejando también un destacamento en Aragón, en un intento por tener
    tanto Santander como Zaragoza.
  • El general Moncey fue a por Valencia con más de 29.000 hombres.
  • El general Duhesme por su parte fue enviado a Cataluña.
  • Por último Dupont debe dirigir 13.000 hombres al sur a tomar Córdoba y Sevilla, y en última instancia a Cádiz.

General Pierre-Antoine Dupont

2.LA GUERRA LLEGA A ANDALUCÍA

Las fuerzas de Dupont eran originalmente tropas bisoñas de segunda línea, previstas para guarnicionar territorio prusiano ocupado, pero que estaban completadas con diversas unidades de élite de infantería y caballería. 
Esta fuerza llega a Córdoba en junio y
captura el puente de Alcolea, derrotando el bloqueo del coronel Pedro de
Echévarri. Los franceses consumen hasta cuatro días en saquear Córdoba. Estos desmanes suponen el antecedente de los ataques de terror franceses durante toda la guerra, y en este caso probarán ser un grave error, tanto en tiempo invertido como en resentimiento de la población hacia los invasores.
El riesgo de quedar aislado en territorio enemigo, la llegada de más fuerzas regulares españolas e informes sobre la captura de la escuadra francesa naval acantonada en Cádiz, llevan a Dupont a retirarse a sierra Morena, concretamente a la localidad de Andújar (Jaén). Allí el 18 de junio establece su cuartel general con la
esperanza de que le manden refuerzos desde Madrid.
Su columna en retirada, se había movido
demasiado lento debido a que arrastraba consigo en 500 carros con los frutos
del saqueo, el pillaje y demás excesos que protagonizaron. Además
1.200 de sus hombres habían enfermado por beber de aguas pútridas del
Guadalquivir.
La prioridad francesa en este momento era
asegurar la zona norte. Con la guarnición española de Valladolid
derrotada, Castilla ahora estaba “pacificada” y se podían enviar más
refuerzos para retomar contacto con Dupont, que estaba aislado y adelantado en esta posición de Sierra
Morena.
El 19 de junio, el general Dominique Vedel parte de
Toledo con la Segunda División: 6000 hombres, 700 caballos y 12 cañones,
a los que se le unen otros destacamentos del sur (generales Roize y Ligier-Belair). Pacifican Castilla La
Mancha y se disponen a atravesar Sierra Morena. La columna de Vedel avanzó por la planicie sin
resistencia directa. Solo los soldados más rezagados en retaguardia
caían ante unas discretas navajas españolas con la complicidad de la
noche. El 26 de junio un pequeño y heterogéneo destacamento del teniente coronel Valdecaños, les intenta bloquear con 6 cañoles en Puerta del Rey. Al día siguiente Vedel se encuentra con Dupont en La Carolina (Jaén), restableciéndose las comunicaciones con Madrid.
Vedel recibe entonces órdenes desde la capital de
detener el avance a Cádiz, reunirse con Dupont y esperar la llegada de refuerzos disponibles tan pronto se cumplan las inminentes capitulaciones de Zaragoza y Valencia. No pudo ser una previsión más desastrosa
para los invasores.
En primer lugar porque Moncey sería rechazado en Valencia. Una
guarnición de 17.000 hombres al mando del Conde de Cervellón le dio
el recibimiento, obligándole a levantar el asedio tras
sufrir graves pérdidas. En segundo lugar porque en Zaragoza los cercados defensores
rechazan asalto tras asalto, la plaza aragonesa resistirá este primer asedio.
El 2 de julio se despacha también una división desde
Madrid, de la cual solo una brigada llega en refuerzo de Dupont a Andújar, con el
resto guardando la carretera de las guerrillas. Es la Tercera División de Gobert, con 5.000 hombres.
En medio de este clima de incertidumbre y órdenes
confusas, los franceses se mantienen en su posición en
Andalucía, y aprovechan a saquear Bailén y Jaén.

3.PREPARATIVOS CONTRA EL INVASOR

Tras precisos informes sobre los
movimientos del contingente de Dupont, el General Castaños consolida sus
defensas en torno a Cádiz.
Ante el estancamiento del avance francés,
ordena a sus fuerzas avanzar y fija su cuartel general inicialmente en Utrera. A primeros de julio, se muda a Porcuna,
y organiza un conglomerado que pasa a llamarse “Ejército de Andalucía”, con cuatro divisiones regulares. El
General Teodoro von Reding (militar de origen suizo, con 10.000
hombres), Antonio Malet, marqués de Coupigny (de origen belga, con 6.000
hombres), y con el propio Castaños: Félix Jones (5.000
hombres) y Manuel de la Peña (reserva de 6.000 hombres). El coronel Juan
de la Cruz Mourgeón liderará los 1.000 escaramuzadores, milicianos e
infantería ligera.
Las fuerzas españolas reoganizadas y reclutadas ascienden casi a los 30.000 hombres, estaban formadas por una mezcla de tropas regulares que estaban disponibles en Campo de Gibraltar (aproximadamente el 60% de estas fuerzas) a las que se sumaron muchos miles voluntarios de la región. El plan inicial de Castaños era el siguiente:
  • Las 2 divisiones de Castaños, de 11.000 hombres irán a atacar Andújar.
  • La de Coupigny cruzará el Guadalquivir más al este en Villanueva de la Reina.
  • La de Reding cruzará en Mengíbar.
General Francisco J. Castaños

General Teodoro Reding

4.COMBATES EN MENGÍBAR

La primera mitad de julio es escenario de escaramuzas iniciales y reconocimiento mutuo de fuerzas.
Zona escenario de los combates en la Provincia de Jaén, vista en Google Earth
  
Los días 2 y 3 de julio, fuerzas 3 Regimiento Suizo de Reding toman contacto con elementos franceses (la
brigada de Cassagne). Pese a ser los españoles inicialmente repelidos, los franceses comienzan a replegarse hacia Bailén, cruzando el Guadalquivir, y dejando algunas
compañías para guardar el cruce en Mengíbar.
El 13 de julio, las fuerzas de Reding
cruzan el Guadalquivir en Mengíbar, cayendo sobre la guarnición francesa
de 2.000 invasores al mando de Ligier-Belair, derrotándolos
decisivamente.
En la madrugada del 14 de julio, dragones
de Numancia y cazadores de Olivenza fuerzan a retirarse a los franceses completamente al otro lado del río. Mientras tanto Coupigny, hostiga a los franceses en Villanueva de la Reina, muy cerca de Andújar.
El 15 de julio Reding cruza el Guadiel, pero son repelidos temporalmente por coraceros franceses que trataban de cerrar esta brecha. El general Gobert de la Tercera División muere al día siguiente fruto de una herida en la cabeza en este encuentro. Dufour contrataca con los coraceros pero es derrotado y se retira a Bailén. Esta oposición hace que Reding decida permanecer en Mengíbar y detenga temporalmente su avance.
Paralelamente a las acciones de Reding, Castaños se dirige
desde Utrera a Sierra Morena. Los paisanos le mantuvieron informado en
todo momento de la situación de los franceses. Sabiendo esto, Castaños
simuló movimientos erráticos que confundieron a los invasores sobre sus auténticas
intenciones.
Ese mismo día 15, Castaños ocupa las elevaciones
de Arjonilla, instalando su artillería ahí, y bombardeando a Dupont que sigue en Andújar.
Juan de la Cruz y sus escaramuzadores
cruzan el Guadalquivir cerca de Marmolejo e intentan atacar la
retaguardia de Dupont, pero son rechazados en torno al día 16.
Dupont, comete ese día un prepotente y grave error táctico, descartando merger sus fuerzas con las de Dufour y Vedel y mandarlas a enfrentarse directamente contra Castaños. En lugar de eso envía a las exhaustas tropas de Dufour y Vedel desde Bailén a La Carolina para asegurar el flanco derecho y la comunicación a través  de Despeñaperros. Dupont por su parte se retira
de Andújar y llega a Bailén el 18 de julio. Pronto
es interceptado por las fuerzas de Reding, y se entabla finalmente allí
la batalla campal.
El 17 de julio, Dufour, que se encontraba en Guarromán, informa a Vedel erroneamente que seguramente una fuerza de 10.000 españoles al mando de Reding están en Santa Carolina. Vedel llegó allí el 18 pero encontró sólo una pequeña fuerza de irregulares. Un nuevo desastroso error, Reding en realidad estaba todavía en Mengíbar y sus tropas estaban en condiciones ahora de pasar por el tremendo hueco que había quedado sin vigilar entre Vedel y Dupont.
Efectiamente Reding cruza en Mengibar el 17, retomando su avance y ocupando la ahora desierta Bailén con su propia división y la de Coupigny. 
Dupont ahora estaba atrapado con unos 9.000-10.000 soldados franceses y unas 14 piezas artilleras entre Castaños y Reding.
Reding se interponía entre
Dupont y los refuerzos de Vedel y Dufour. Contando con unas 28 piezas artilleras y desplegando sus fuerzas en arco sobre terreno elevado, con el pueblo de Bailén a sus espaldas.
Consciente de esta nueva situación Dupont pasa orden a Vedel y Dufour para que acudan de vuelta a Bailén a ayudarle con sus 9.000 hombres.

5.BATALLA DE BAILÉN

5.1 MOVIMIENTOS INICIALES (3:00 a 4:00): primeros reconocimientos

Entre
las 3:00 y 4:00 de la madrugada del 19 de julio, la vanguardia francesa alcanza el
puente del río Rumblar, y a un kilómetro de distancia, en el
Ventorrillo, encuentran a los primeros destacamentos de la vanguardia
española.
 Estas posiciones españolas fueron
desalojadas por los franceses sin dificultad. Cerca ya de Bailén
chocaron con algunas avanzadas españolas que cayeron concéntricamente
sobre ellos y que les hicieron retroceder hasta el Rumblar de nuevo.
El regimiento de caballería Farnesio
llegó hasta allí también. Es ahora cuando Reding ordena el despliegue a
la salida de Bailén: en forma de media luna, ocupando las alturas para
dominar todo el campo, en especial los flancos, que fueron apostados
sobre los cerros Valentín, Zumacar Grande, Cerrajón, Haza Walona; y en
la retaguardia en los cerros San Cristóbal y El Ahorcado en prevención
de la llegada de Vedel.
Con Venegas en el ala derecha, el centro
de Reding y la izquierda de Coupigny, las fuerzas totales que llegaron a
juntar los españoles bajo el mando de Reding, a lo largo de toda la batalla
de Bailén, rondaron los 20.000 efectivos. Dupont y Vedel
pese a tener sus fuerzas separadas llegaban a una cifra similar pero algo inferior.

5.2 SEGUNDO MOVIMIENTO (4:30-6:30): Primer ataque francés

Entre las 4:30 y 6:30
de la madrugada, el grueso de la columna francesa llega al río Rumblar. El ataque con 3.000 soldados franceses del Brigadier Chabert es
rechazado, provocando muchas pérdidas francesas a manos de las defensas
de Reding.
Dupont ordena también el avance de la
caballería de Dupré, que desborda a la caballería del Regimiento Farnesio
y avanza hasta la batería central española, donde pasa por sable a
muchos artilleros y captura temporalmente algunos cañones. Sin embargo pronto
fueron rechazados por la infantería española, que les hicieron volver
hasta Cruz Blanca con grandes pérdidas.
 
Los franceses apostan su artillería de
campaña, inferior en número a las piezas españolas, para apoyar estos ataques. En
el duelo artillero resultante los franceses apenas infligen daño mientras
que gran parte de sus piezas son desbaratadas.

5.3 TERCER MOVIMIENTO (6:30-8:30): Segundo ataque francés

Dupont, con sus fuerzas dispersas, espera la llegada de sus brigadas más cercanas. En el
tercer período, de 6:30 a 8:30 de la mañana, la
vanguardia francesa (que hasta entonces fue comandada por Teulet) es reforzada con la brigada de Chabert, y la brigada de caballería de Privé.
Las fuerzas que ahora mismo presenta
Dupont listas para combate inmediato son de unos 4.500 hombres y casi
diez piezas de artillería. A la siguiente brigada, la de Pannetier, aún
le quedaban dos horas para llegar al campo de batalla. Dupont no puede
esperar a que Castaños le sorprenda por retaguardia, así que decide
atacar aún estando en minoría, con el objetivo de romper el centro
español y enlazar con Vedel.
Apresuradamente forma cuatro columnas de ataque
flanqueadas por la caballería de Dupré y Privé y apoyados por la
artillería desde Cruz Blanca. Venegas avanza en el ala derecha y Dupré
carga contra ellos, mientras que en el ala izquierda, el cerro del
Cerrajón se hallaba tomado por los españoles. La caballería de Privé
carga para desalojarlos, y provoca su precipitado repliegue.
Para cubrir esta retirada, los suizos del Regimiento Reding 3, el Regimiento Jaén y una compañía de zapadores se
adelantan. La misma caballería de Privé arrolla al Jaén y obliga al resto
a retroceder a sus posiciones de partida. Tras esto, el intenso fuego
que recibe Privé le obliga finalmente a replegarse.
Bailén, Óleo de Ferrer-Dalmau
Simultáneamente a todo esto, en el
centro, la infantería francesa avanza bajo la lluvia de artillería
española. Antes de tocar el centro de la línea española, la caballería
de Farnesio y Borbón cargan contra ellos y les hacen retroceder. Para
apoyar a la infantería francesa vuelven a acudir al combate los jinetes de Privé,
el enfrentamiento de caballería acaba con retirada francesa. Dupont se ve agotado
sin el auxilio de Vedel, a quien sigue esperando.
Regimiento de Caballería Farnesio en Bailén, obra de Ferrer-Dalmau

5.4 CUARTO MOVIMIENTO (8:30-10:00): Llega Pannetier, tercer ataque francés

En este momento, el resto de las tropas
francesas francesas ya están en el Rumblar, a unos 5 km. En el cuarto
período de la batalla, de 8:30 a 10 de la mañana, Reding está dispuesto a
asestar un golpe contundente, haciendo que avanzara el flanco derecho
español. Este avance se produce desde el Cerro Valentín hasta el Zumacar Chico.
Dupont ordena, a la recién llegada Brigada Pannetier, que se dirijan contra ellos. 300 Marinos de la
Guardia Imperial (las mejores tropas disponibles) se unen a ellos. Pero
los franceses no logran desalojar a los españoles de Venegas. En vista
de ello, Dupont recurre una vez más a la mermada caballería de Privé,
que se desplaza desde la otra punta del campo y que logra poner en
retirada a los españoles. Su retirada fue cubierta por los regimientos
de Barbastro, Cataluña y una sección de artillería volante. Estos
provocan el repliegue francés por tercera vez.


Posiciones de la batalla durante el tercer ataque francés, con
Vedel intentando acudir en auxilio de Dupont, dibujadas en un plano
inglés. En verde fuerzas españolas y en negro las francesas.

5.5 DESENLACE FINAL (10:00 -13:00)

El desenlace final viene entre las 10
de la mañana y las 13:00 de la tarde. Vedel aún no da señales y el intenso
calor apretaba, el cansancio se hacía pesado y el monte bajo estaba
incendiado. La falta de agua para los franceses incrementaba su baja
moral y el apoyo popular de los bailenenses a las tropas españolas fue decisivo.
Dupont decide un avance general de sus
tropas contra el centro español de Reding. El avance fue frenado por una
lluvia artillera seguida de fuego de fusilería. Para proteger la inmediata
retirada, los jinetes de Dupré cargan contra la artillería. Dupré es
herido de muerte y las tropas de Dupont sufren un daño muy considerable.
El propio Dupont también es herido en la cadera.
Hacia el mediodía la situación de Dupont
es crítica, temiendo la inminente llegada de Castaños por
su retaguardia y sin la aparición de Vedel. Piensa en un último esfuerzo
reuniendo a todas las tropas presentes supervivientes, se coloca al
frente con sus generales, y se lanzan al ataque contra el centro, al
descubierto. Ante las ingentes descargas españolas sus líneas se
deshacen, las bajas crecen, se detienen y comienzan a huir en retirada.
Mientras tanto, los regimientos suizos que integraban en ese momento las
filas francesas, desertan y se unen a sus compatriotas del Reding 3, al
servicio de España, en el ala derecha española.
De pronto, el coronel de la Cruz con sus
escaramuzadores españoles se asoma por el río Rumblar, y acude a donde se escucha el ruido
del combate. Está todo perdido para los invasores, se acaban las últimas
esperanzas de Dupont, que ahora está sitiado por tres costados.
Dupont solicita la
suspensión del combate y el paso de sus tropas hacia Madrid. Reding
acepta hacer un alto al fuego, pero ante lo segundo es preciso
reunirse primero con Castaños, para discutir las condiciones de
capitulación adecuadamente. Mientras durasen las negociaciones las
tropas permanecerían en su posición, a la expectativa.
Pasadas las 14:00 de la tarde, Castaños y
de la Peña por fin avistan el Rumblar y avisan de su llegada a
Reding y sus aliados. Pese a su tardía
llegada, consigue estar a tiempo para
imponer las condiciones a Dupont y dar por zanjada la batalla.

5.6 EL EJÉRCITO FRANCÉS EN ANDALUCÍA ES APRESADO Y DESARMADO: El ataque de Vedel

Vedel y Dufour, con sus 9.000 hombres de
refuerzo, habían iniciado desde La Carolina el día 18 una muy lenta marcha hacia
Bailén antes del inicio de la batalla. Llegaron a oír el fuego, pero
Vedel daba por sentado que Dupont estaba venciendo o aguantando. Estas tropas de refuerzo estaban terriblemente agotadas y acaloradas, y por tanto estaban en malas condiciones físicas para combatir.
Cuando los ruidos de disparos cesaron, Vedel interpretó una victoria de Dupont.
Dejó a la mitad de sus tropas en Guarromán y a las 17:00 de la tarde
llega definitivamente a Bailén, encontrando a las fuerzas de Reding en
su camino, con el armisticio ya en marcha. Vedel había llegado demasiado tarde, y por 4 horas de retraso el rescate de Dupont había fracasado.
Reding reforzó y desplegó las tropas
que había en los cerros San Cristóbal y el Ahorcado (más al este) ante
esta nueva amenaza, para ello se valió de la división de Coupigny. Emisarios españoles informan a Vedel que Dupont
está en tregua, ya negociando su capitulación, pero Vedel contesta
diciendo: “Dí a tu general que me importa un bledo, pienso atacar de todos modos.”
Vedel inicia el ataque, violando la
tregua. Utiliza a la Legión de Cassagne, coraceros de Legrange, dragones de Boussart y a la propia Brigada de Dufour contra las posiciones de un batallón irlandés y contra la posición del convento de San Cristóbal (defendido por las “Órdenes Militares” del coronel Francisco Soler). Vedel consigue capturar a un modesto número de prisioneros y alguna posición, pero no logar tomar el convento para forzar un camino hacia Dupont, ante la obstinada defensa española. Tras este combate, se le hace llegar a Vedel una orden
escrita de Dupont para que cese inmediatamente el combate, con lo que a
las 18:00 de la tarde cesa todo fuego en Bailén, y los invasores cercados
ya no podrán ser liberados.
Vedel, consciente de la situación,
pretende ahora huir discretamente para no compartir el cautiverio con el ejército de Dupont. Cada vez distancia más a sus fuerzas de las españolas pero entonces se le amenaza con pasar a cuchillo a todos los
prisioneros ya tomados en caso de
que lo intente. Vedel finalmente tiene que capitular
también a sus 9.000 hombres.
Unos más de 18.000 soldados franceses en
total depusieron sus armas. Junto con ellos se captura un importante
botín en mosquetes, cañones y demás impedimenta, sumado seguramente a la
recuperación de los bienes resultantes del pillaje de Córdoba y otras
poblaciones.
Las condiciones de la rendición fueron
muy clementes e incluían que las tropas francesas fueran repatriadas a
Francia por mar, pese al evidente riesgo de que fueran otra vez enviados
contra España. Sin embargo, estas condiciones no fueron cumplidas nunca
por oposición de la junta de Andalucía (que tantos desmanes había
padecido) y además representantes de la flota británica se niegan a
permitir tal embarque.
Aunque Dupont y sus oficiales fueron
generosamente liberados, y trasladados a Francia, sus soldados rendidos
fueron distribuidos a distintos lugares en cautiverio, protagonizando
estos cautivos episodios de pésima conducta en los barcos que les debían
trasladar. Una parte de sus hombres fueron deportados a la desolada
isla de Cabrera. Allí inicialmente se les abastece ocasionalmente de
alimentos, pero tras diversos incientes, fueron dejados a su suerte a vagar
por la isla, ya que las autoridades baleares
carecían de los recursos necesarios para la gestión de tantos
prisioneros.
En 1814 se firma la paz, quedando solo la mitad de los prisioneros de la isla Cabrera vivos en el momento de su repatriación definitiva.


La Rendición de Bailén, Pintura de José Casado
del Alisal, 1864.

6.REPORTE DE BAJAS

6.1 BAJAS FRANCESAS

  • 2.200 muertos
  • 400 heridos
  • 18.400 prisioneros, incluyendo 15 generales y 467 oficiales

6.2 BAJAS ESPAÑOLAS

  • Unos 250 muertos
  • Unos 750 heridos

7.CONSECUENCIAS

La victoria española desbarata la ocupación francesa de Andalucia y provoca el repliegue temporal del ejército invasor al otro lado del Ebro. José I (apodado Pepe Botella)
abandona Madrid apresuradamente. La ilegitimidad de
su causa y de su “trono” se hacen más que patentes, y el apoyo inicial
de los liberales afrancesados españoles cae en picado.

Por otro lado la victoria española en Bailén, derriba por primera vez el mito de la invencibilidad del Imperio Napoleónico en Europa.
España pues constituye ahora todo un modelo de referencia para la coalición
aliada contra Napoleón.

Pese a la retirada francesa de mediados
1808, Napoleón volverá a realizar otra intentona sobre España con su Grande Armée (250.000 hombres). Meses más tarde, en
novimebre-diciembre 1808. Solo Cádiz resiste con un brutal asedio,
quedando prácticamente las demás ciudades importantes ocupadas.
No será hasta 1814 en que los últimos
franceses sean definitivamente expulsados por las fuerzas peninsulares
con asistencia británica y portuguesa. El coste de ello fue muy alto, quedando el país liberado pero inmerso en la devastación, la hambruna y la bancarrota.

8.UNA VICTORIA 100% ESPAÑOLA

Fue España la que derrotó ella sola, sin
ayuda de ninguna potencia extranjera a los invasores aquel día del 19 de
julio de 1808. El hecho de que algunos de nuestros mandos fueran
militares de origen extranjero, era normal en la época (por ejemplo el propio general von Blücher sirvió previamente en el ejército sueco antes que ingresar en el prusiano).
La victoria general en la Guerra de Independencia fue posible gracias a que los españoles pusimos nuestra
sangre, independientemente del limitado apoyo de la Coalición.
Esta victoria además no solo pertenece a
los españoles peninsulares sino también a las gentes de todo el vasto Imperio Español en América. perdido en su mayor parte en guerras intestinas en los años posteriores a esta guerra, como
consecuencia de la pésima e injusta gestión colonial de Fernando
VII.

9.LA ANÉCDOTA DE LOS CÁNTAROS

Como se había mencionado ya, gran parte de esta victoria se la deben las fuerzas españolas a los habitantes de Bailén y al control de arroyos, fuentes y manantiales. En
especial, destacar la acción de las mujeres, que con ayuda de cántaros, saciaron la sed de
nuestros desgastados soldados aquel caluroso día, con temperaturas bochornosas cercanas a los 40ºC durante el día.
Cuenta la leyenda, que una “bailenesa”
llamada María Bellido, recibió sin inmutarse un disparo francés en su cántaro mientras
servía agua a los soldados españoles en la batalla.

10.LOS GARROCHISTAS

Los garrochistas eran jinetes pastores andaluces encargados de conducir con sus garrochas (lanzas de 3 m) a los rebaños de vacas, así como de “picar” a los toros en las plazas. La mayoría procedía de las dehesas de Utrera y Jerez.

Estas habilidades probaron ser muy útiles para servir como lanceros a caballo e inmediatamente fueron incorporados 400 voluntarios en ese rol. Sirvieron trayendo sus propios caballos, vistiendo el tradicional “traje de majo” y participaron en las batallas de Mengíbar y Bailén.

Pese a su mínima instrucción militar, combatieron con gran valor y desmontaron a un gran número de coraceros y dragones de Privé. Su ímpetu y arrojo les llevó a sufrir gran número de bajas.

10.OTRAS ANÉCDOTAS

José de San Martín, fundador de las repúblicas de
Chile, Argentina y Perú sirvió en las fuerzas españolas como ayudante de
campo del marqués de Coupigny en Bailén.

11.FUENTES

CARLISTAS Y REQUETÉS, LOS CRUZADOS MALDITOS DE LOS SIGLOS XIX Y XX

CARLISTAS Y REQUETÉS, LOS CRUZADOS MALDITOS DE LOS SIGLOS XIX Y XX

1.     ANTECEDENTES: GUERRAS CARLISTAS


El siguiente estudio, de interés puramente histórico-cultural y estrictamente sin ninguna pretensión política ni religiosa aporta un completo y detallado enfoque a una larga
lucha olvidada. No solo se pretende abordar la historia del carlismo como
movimiento militar y político, sino ahondar en los motivos y circunstancias que
rodearon su difícil y rocambolesca existencia.

Para poder comprender al carlismo (también llamado
tradicionalismo o legitimismo), tenemos que remontarnos a sus orígenes. 

 La invasión francesa de 1808 supuso la entrada de ideas
liberales afrancesadas a España, que se plasmaron en la constitución de 1812.
Todo hacía pensar una rápida implantación del liberalismo, pero Fernando VII
derogó la legislación liberal cuando regresó a España.
En 1820 un golpe de estado militar instauró de nuevo un
régimen constitucional  que sería derrocado por la invasión
francesa de los 100.000 Hijos de San Luis tres años más tarde. El absolutismo
fernandino parecía ahora sólidamente afianzado pero la situación cambió en 1830
cuando Fernando VII tuvo la primera de sus hijas, la futura Isabel II. Según la
Pragmática Sanción si el rey moría sin hijos varones la corona debía pasar a su
hermano el infante don Carlos. Pero Fernando VII deseaba ser sucedido por su
hija, por lo que alteró las leyes sucesorias. Don Carlos, considerado firme
partidario del absolutismo no aceptó la voluntad de su hermano, y a la muerte
de este dio comienzo una larga guerra civil de 7 años, la Primera Guerra Carlista, en la
que los partidarios de la reina se aliaron con los liberales. El resultado fue
que la causa de la reina acabó identificándose con el liberalismo, que obtuvo así el poder.
Sin embargo, décadas más tarde se produce la caída de la cada
vez más decadente Isabel II, en el alzamiento de “La Gloriosa” de 1868. Esto
dio nuevas esperanzas al carlismo de ocupar el vacío dejado por los isabelinos,
y que no eran capaces de llenar ni los monárquicos amadeístas ni los
republicanos. Un joven Carlos VII retomó el estandarte de su abuelo y llegó a
reinar de facto sobre algunas regiones, aunque a largo plazo sin mejor fortuna
que este. Tras la derrota de los carlistas de 1876 (y aunque se contó con
líderes tan destacados como el marqués de Cerralbo y Juan Vázquez de Mella) el carlismo
comenzó un proceso progresivo de deserciones y escisiones que hacía presagiar
un no muy lejano fin. Especialmente cuando el único hijo de Carlos VII, don
Jaime, había cumplido los 60 años sin contraer matrimonio.
Bandera del ejército de Cabrera. Sus partidas tuvieron un
brillante papel en la guerra de guerrillas en el Maestrazgo.
Bandera del ejército de Cabrera
Hacia 1895 un carlista vizcaíno renegado llamado Sabino Arana
desarrolla ideas radicales xenófobas antiespañolas, contrapuestas a los conceptos de hermandad,
solidaridad y unidad de todos los pueblos hispánicos dentro de sus libertades;
como propugnaba el tradicionalismo carlista. Surgió de ahí el embrión del PNV,
que plagiaba descaradamente muchos de los principios originales del carlismo
vasconavarro, pero adaptándolos a su discurso aislacionista. Durante la segunda
mitad del siglo XX este nacionalismo vasco católico y antiliberal sufrirá
fuertes derivas y escisiones hacia la extrema izquierda, con la aparición de
diversos colectivos abertzales.

2.     ANTECEDENTES: REPRESIÓN Y REORGANIZACIÓN
BAJO EL RÉGIMEN REPUBLICANO


La agonía y desprestigio de la restaurada monarquía liberal
alfonsina, terminó con el exilio del fastuoso Alfonso XIII a raíz de un golpe de
estado republicano, anunciado en Eibar el 14 de abril de 1931. Entre otros factores, la
incorporación de monárquicos alfonsinos descontentos, sumado a la persecución
religiosa y censura de prensa desatadas por el nuevo régimen, hicieron que el
carlismo resucitase y cobrara fuerza. Los boinas rojas volvían a alzarse en
defensa de sus lemas: Dios, Patria y Rey.
Este golpe de estado republicano de 1931 para los carlistas supuso la confirmación de todos sus vaticinios sobre
los males que implicaba una monarquía liberal, que ejercía sus poderes cada vez
más desconectada con la ciudadanía. La caída de la rama alfonsina de los
Borbones era vista como una gran oportunidad para el carlismo, que abogaba no
por una restauración de la monarquía, sino por la implantación de un nuevo
modelo monárquico de carácter católico, foralista y corporativista. La
consolidación del régimen republicano pese a la gran inestabilidad política del
momento hará al carlismo ver la dificultad de obtener sus fines por la vía
política y diplomática.

El propio pretendiente don Jaime describió así la
implantación de la II República.
Desgraciadamente
mi experiencia política y los largos años pasados en Rusia, me han enseñado que
una República patriótica, moderada, bien intencionada puede muy fácilmente y en
un espacio de tiempo brevísimo, ser arrollada por la avalancha del comunismo
internacionalista, destructor de la religión, de la patria, de la familia y de
la propiedad.
Y eso sí, lo juro: sacrificaría hasta
la última gota de mi sangre en la lucha contra el comunismo antihumano,
poniéndome al frente de todos los patriotas para oponerme a la implantación de
una tiranía de origen extranjero.”
La muerte de don Jaime el 2 de octubre de 1931, puso al
frente de las filas carlistas a un nuevo monarca, su tío don Alfonso Carlos,
antiguo general de los ejércitos carlistas a cuyo frente había tomado con gran pericia
la ciudad de Cuenca en verano de 1874, lo que le había brindado gran
popularidad. Su nombramiento fue recibido con gran entusiasmo y contribuyó a la
reorganización y regreso de diversas escisiones que se habían producido a lo
largo del tiempo, como la integrista protagonizada en 1886 por Nocedal, y la
Mellista, acaecida tras la Primera Guerra Mundial. 
Surgió así la denominada “Comunión Tradicionalista” que usó todos los
medios a su alcance para revitalizar el carlismo, labor en la que jugaron un
papel destacado la prensa y los círculos carlistas. El diario “El siglo Futuro”  siendo
el más importante, con otros diarios con importantes y activas cuotas de prensa
en el resto de provincias españolas: “El correo Catalán”, “Pensamiento
Navarro”, “Pensamiento Alavés” o “La Unión” en Sevilla.
Todas estas publicaciones padecieron durante 5 años la
censura, las incautaciones y los secuestros por parte de las autoridades
republicanas. Esto fue así ya que pese a que la constitución oficialmente declaraba la
libertad oficial de prensa, los propios mecanismos internos del estado impedían
ejercerla. Tras la victoria de Frente Popular en febrero de 1936 a esta censura
hay que sumarle los continuos saqueos y asaltos ahora ya perpetrados por
militantes espontáneos exaltados de partidos de extrema izquierda.
Por estos motivos, es en este momento que la vida cotidiana
del carlismo transcurre en la semiclandestinidad en torno a sus círculos, que
fueron recobrando la vitalidad perdida a lo largo del tiempo. Los había de gran
vistosidad, como los de Villareal y Tolosa, pero en su gran mayoría se
celebraban en locales modestos, en los que en su decoración abundaban los
recuerdos de las pasadas campañas y los cuadros de los reyes y otras
personalidades carlistas. Allí se reunía la gran familia carlista que englobaba
hombres de todas las edades y procedencias sociales, y en la que jugaban un
papel destacado los veteranos, que con sus narraciones mantenían viva la llama
de la causa. 
Los círculos se convirtieron en auténticos núcleos de
conspiración contra el estatismo del régimen republicano, en los que ya cobraba fuerza la idea de iniciar un nuevo levantamiento carlista desde 1932. También sirvieron
de base para la organización de los boinas rojas que integraban el denominado  Requeté,
recibiendo en ellos la primera parte de su “instrucción militar”. Para su
adiestramiento se publicó un compendio de ordenanzas, reglamentos y obligaciones  del
boina roja relatados por “don Pepe”, pseudónimo tras el que se escondía el
doblemente laureado coronel Varela.
El 31 de marzo de 1934 una delegación de monárquicos
alfonsinos y carlistas se reunió en Roma con Mussolini (pese a que por aquel
entonces Italia era un estado fascista, contaba con una importante y respetada
monarquía), a quien explicaron sus deseos de derribar el estado republicano
español y sustituirlo por una totalmente nueva monarquía corporativista. El Duce
dio instrucciones al mariscal Balbo para que les entregara una ayuda inicial de
10.000 fusiles, 200 ametralladoras y 1 millón y medio de pesetas, aunque se desconoce con exactitud cuánto armamento y financiación llegó a ser recibido. Se decidió
además que varias decenas de jóvenes carlistas pasaran a instruirse
militarmente en Italia. 
El 3 de mayo de 1934 don Alfonso Carlos nombró al abogado
sevillano Manuel Fal Conde, secretario general de la Comunión Tradicionalista.
Fal Conde había sido el director de la organización del carlismo en Andalucía
donde logró crear un activo núcleo de requetés. Esto se evidenció en abril de
1934 cuando varios centenares de ellos desfilaron en El Quintillo ante el
antiguo general carlista Conde de la Cortina.
En opinión del jefe de los requetés navarros Antonio Lizarza,
la llegada de Fal Conde a la secretaría general del partido significó el
abandono del pulso legal y político contra la República para pasar
progresivamente a la resistencia abierta y armada.
Los círculos requetés, especialmente los de Sevilla se
convierten en auténticos cuarteles, patrullas de militantes comienzan a hacer
guardias y piquetes para salvar a las iglesias y conventos de la quema y el
saqueo. Por otro lado en el campo comienzan las primeras maniobras “militares” de orden
cerrado, guerrilla, instrucción, etc.
El carlismo dio también especial importancia a la labor de la
mujer trabajadora en la sociedad, creando su propia rama femenina: “Las
margaritas” que antes de que comenzase la guerra ya eran cerca de 30.000. La
mujer carlista padeció muchas privaciones en tiempos de la República y
contribuyó al activismo político con mucho valor. Todas las noches margaritas y
madrinas se afanaban sin descanso en confeccionar uniformes, prendas de abrigo
e insignias para los militantes y veteranos carlistas. Otras tareas de la mujer
carlista fueron la difusión de propaganda y octavillas, y la participación de
militantes femeninas de forma totalmente activa en los propios mítines (labor
que desempeñaron también muchas maestras).
Poco después, durante el golpe revolucionario socialista de
octubre de 1934, fue asesinado en Mondragón el diputado carlista Marcelino
Oreja Elósegui, lo que no hizo más que reforzar la idea de la necesidad de autodefensa y protección armada contra la cada vez más agresiva y violenta persecución
religiosa y política de la que eran objeto. 
Tanto en Navarra como en el resto de España los
requetés empezaron a recibir más instrucción militar, esta vez de oficiales simpatizantes del ejército, constituyéndose
una red a cuyo frente estaba la junta militar carlista establecida en San Juan
de Luz. Como jefe del movimiento se había pensado en el general Sanjurjo, que
tras el fracasado alzamiento del 10 de agosto de 1932 se había acercado a las
filas legitimistas.

3.     TENSAS NEGOCIACIONES


Tras las elecciones de 1936, donde se encontraron prácticas fraudulentas que dejaron en evidencia el precario sistema electoral republicano,
comenzaron intensos preparativos para la insurrección popular legitimista.
Oficiales del ejército comenzaban a preguntar en los círculos carlistas por
disponibilidad para sumarse a un inminente levantamiento, pero con independencia
de lo que pudiera hacer el ejército contra el gobierno frentepopulista, decenas
de miles de voluntarios carlistas estaban ya dispuestos a tomar por cuenta
propia las armas, como habían hecho sus antepasados 100 años atrás.
En una conversación celebrada en Lisboa en mayo de 1936, a la
que asistieron Sanjurjo, el regente don Javier y Manuel Fal Conde se acordó que
si se sublevaba el ejército los carlistas apoyarían la revuelta. En caso de
quedar indecisos los mandos de la junta militar responsable del alzamiento, los
requetés quedarían totalmente por su cuenta en un levantamiento propio legitimista
y contarían con el mando del propio general Sanjurjo.
Sanjurjo medió entre facciones pidiendo a los carlistas que
presentaran sus condiciones al general Mola, gobernador militar de Pamplona y
coordinador efectivo de la conspiración militar paralela. Entre otras cuestiones a Mola
le interesaba la posibilidad de participación de la decisiva fuerza 8.400
requetés en Navarra. El delegado Antonio Lizarza preparó una larga serie de
conversaciones entre Mola y los carlistas que no resultaron nada fáciles, pues
Mola planeaba instaurar una república de corte aún más totalitario, mientras que los
carlistas pedían una monarquía católica corporativista. Las diferencias eran
tales que el 9 de julio Mola dio por terminadas las negociaciones y escribió a
Manuel Fal Conde en los siguientes términos «Recurrimos a ustedes porque
contamos únicamente con hombres uniformados que no pueden llamarse soldados. De
haberlos tenido, nos habríamos desenvuelto solos
». 
Fal Conde y Lizarza viajaron a Lisboa a pedir de nuevo la
intervención de Sanjurjo desde el exilio. Como resultado, Lizarza volvió de
Portugal en avión a Pamplona, con una carta con permisos del general. En dicha
carta se menciona el derecho de los carlistas a sublevarse portando banderas
bicolores y diversas concesiones políticas, pero Mola la desestimó, poniendo en
duda su autoría. El 12 de julio Fal Conde dio por concluidas las negociaciones
sin secundar ningún movimiento que no fuera exclusivamente carlista. 
La noticia del asesinato de Calvo Sotelo fue determinante
para forzar un acuerdo. Mola finalmente aceptó las indicaciones de Sanjurjo en
la carta, más las que próximamente pudiera dar el propio general Sanjurjo como nuevo
jefe del gobierno.
El día 15, don Javier y Fal Conde dan luz verde para el levantamiento general, ya no hay marcha atrás. Comunión tradicionalista decide
anteponer el bien general de España a los intereses propios de la formación
política y se suma con todas sus fuerzas al autodenominado “Movimiento Militar para
la Salvación de la Patria”. En este momento se podría estimar la existencia de
al menos 35.000 voluntarios requetés a nivel nacional.

4.    INSURRECCIÓN Y GUERRA CIVIL


En una Europa en la que se enfrentaban los nuevos totalitarismos con
las democracias, el carlismo, la más anciana de las fuerzas políticas europeas se lanzó a su última contienda con el mismo fervor y entusiasmo que
con las anteriores. Todo ello tras haber sobrevivido a sucesivas derrotas militares,
represiones políticas y religiosas, y aboliciones de fueros. Su aportación,
sobre todo en los momentos iniciales de la Guerra Civil resultó decisiva para
el triunfo del bando rebelde.
Las circunstancias del alzamiento del 18 de julio no fueron
tan optimistas como Mola había planeado, el general Sanjurjo había muerto en un
accidente aéreo el día 20 y más de la mitad de los efectivos carlistas se
encontraban a la espera de instrucciones en zonas donde el elemento militar
sublevado fracasó en cuestión de horas o días. En algunas localidades se
produjeron episodios confusos, como en el cuartel de San Andrés de Barcelona
donde se habían presentado 200 requetés que tras oir a un oficial sublevado
gritar “viva la República” se negaron a salir a la calle. Tales rocambolescas
situaciones se dieron en regiones donde (pese al fracaso del alzaminto) el
carlismo tenía ya importante presencia, como Cataluña, Valencia, Vizcaya y
Guipúzcoa; pero con todo con aún más importante presencia de militancias
sindicalistas y secesionistas. La desconexión entre los mandos militares y los
jefes de milicias carlistas tuvo en consecuencia un altísimo coste. Los rumores daban por sentado que era solo cuestión de días que las
columnas carlistas entrasen en Madrid desde el norte, y se creía en un cierre rápido y victorioso de la confrontación, pero nada más lejos de la realidad.
Voluntarios andaluces del Requeté,
dibujados por Antonio Bueno en el libro Uniformes Militares de la Guerra Civil
Española

Voluntarios andaluces del Requeté
Sin embargo en Navarra y Álava todo ocurrió tal y como se
había dispuesto. En Pamplona en la madrugada del 19 de julio miles de
vitoreados requetés venidos
de toda la provincia se concentraron en la plaza del castillo de Pamplona, para
ser armados y asignados a sus unidades. El apoyo popular fue tal que inicialmente no
había armas suficientes para todos ellos. No solo aseguraron con este
impresionante despliegue el triunfo del alzamiento en la ciudad sino que
también proporcionaron las reservas humanas necesarias para consolidar Logroño
y Zaragoza, avanzar hasta la Somosierra de Madrid, e incluso conquistar
Guipúzcoa. Algunos de esos voluntarios que nutrieron estas fuerzas habían sido
liberados directamente de las checas y cárceles modelo, muchos otros carlistas
no tuvieron esa suerte o fueron “sacados” en diversas represalias en la zona
leal.
La toma de San Sebastián en Septiembre 1936 permitió cerrar
la frontera occidental con Francia y abrir una imprenta para una publicación
infantil carlista titulada “Pelayos” de la mano de unos carlistas catalanes
refugiados que huyeron de Barcelona. La inicativa tuvo tanto éxito que los
falangistas copiaron la idea e hicieron la suya propia denominada “Los
flechas”, que con el decreto de unificación franquista fueron forzadas a
aglutinarse en “Flechas y Pelayos”. 
El fracaso de las operaciones para la toma de Madrid en
noviembre 1936 dio lugar a un cambio de estrategia, abogándose por pacificar el
frente norte, que albergaba el corazón industrial de la zona leal al gobierno
frentepopulista. En estas operaciones los elementos clave fueron las Brigadas
Navarras, prácticamente integradas por tercios de requetés. 
De este frente destacar también la actuación del Tercio
Nuestra Señora de Begoña, por su defensa del sector de “El Fresno” en
la ciudad sitiada de Oviedo. En febrero de 1937 su decisiva participación hizo
posible parar en seco una ofensiva frentepopulista pese a las cuantiosas bajas
sufridas, lo que les valió la concesión colectiva de la Laureada de San
Fernando.  
En la defensa de Álava (ofensiva de Villareal de diciembre de 1936) y en su avance
por Vizcaya, los requetés empatizaron con sus enemigos los gudaris; ambos eran católicos, hablaban en
euskera, cantaban el Gernikako Arbola y deseaban el respeto de los fueros. Con
la toma de Bilbao en junio 1937 (ciudad por la que murió el general
Zumalacárregui sin conseguir tomarla en 1835) los carlistas se quitaban una
espina que tenían clavada desde las dos anteriores guerras, el impacto
propagandístico y psicológico fue tremendo y muchos vizcaínos se alistaron en
los tercios.
Benito Martínez Albero, navarro natural de Cintruénigo, fue
el primer requeté que entró en Bilbao en junio 1937. Se ganaba la vida como sepulturero en Pamplona antes de la guerra.
Nótese boina debajo del casco, detente y dos balas en la trabilla del correaje.
Foto de archivo.

Benito Martínez Albero, requeté navarro en Bilbao
 Otro papel destacado del Requeté fue su contribución en la
defensa del débilmente protegido frente de Zaragoza de la ofensiva republicana
de agosto 1937, que pretendía aliviar presión sobre el norte y retrasar la toma
de Santander. Allí los requetés protagonizaron una gesta sin parangón,
seguramente la mayor de la multitud de acciones audaces y arrojadas que
protagonizaron durante toda la guerra. 
A las 5 de la madrugada del 24 de agosto de 1937 un par de
brigadas frentepopulistas con apoyo de artillería y caballería atacaron la
posición de Codo cercana a Belchite, guarnecida por 180 requetés del tercio de
Montserrat (formado por carlistas catalanes que habían logrado huir de
Cataluña). Con ellos había 40 falangistas de la guarnición de Belchite que
habían salido de maniobras y no pudieron volver a su base. Milagrosamente y
pese a la abrumadora superioridad numérica gubernamental, la mayoría de las
posiciones del pueblo seguían en manos carlistas el día 25, momento en que no
quedó más remedio que replegarse a la parte alta del pueblo.  Al caer la noche, de los 220 defensores sobrevivieron
poco más de 40, obteniendo la Laureada colectiva. 

Su resistencia numantina
no fue la única en el sector, otras dos actuaciones destacables de la campaña fueron las siguientes:

El Tercio María de Molina también se distinguió en la defensa
de Quinto, recibiendo la 2ª compañía un 80-90% de bajas, y con muchos heridos
reincorporándose a sus puestos de combate con solo recibidos los primeros
auxilios, lo que le valió también una Laureada colectiva. 

El Tercio de Almogávares destacó también en la defensa de Belchite, contaba antes de la ofensiva republicana con 270 hombres, de los que solo 33 supervivientes consiguieron escapar a las líneas nacionales, obteniendo con ello la tercera Laureada Colectiva ganada por requetes en una misma campaña.

Estas brillantes actuaciones fueron clave para el
fracaso de esta ofensiva republicana antes de que llegase a amenazar Zaragoza.

El 21 de octubre de 1937 las brigadas navarras, tras vencer
la férrea resistencia gubernamental en los pasos de los Picos de Europa,
entraban en Gijón, desmoronándose el Frente Norte.
En diciembre de 1937 las Brigadas Navarras dejaron Pamplona y
participaron en las operaciones de Teruel y Alfambra, llegada al Mediterráneo y
conquista de Castellón, la batalla del Ebro y la conquista de Cataluña.

5.     CRISIS Y ARRINCONAMIENTO POLÍTICO DURANTE EL FRANQUISMO


Paradójicamente, las costosas y heroicas victorias que
disfrutaban los requetés en los campos de batalla no vieron el reconocimiento
político ni las reivindicaciones que estos requerían dentro de la España
sublevada, empeorando cada vez más su situación política por momentos, ante la
imparable deriva de los flujos de poder en el generalato.
La muerte de Alfonso Carlos sin dejar sucesor en Viena el 29
de septiembre de 1936 llevó a que don Javier asumiera la regencia mientras se
decidía en quien recaían los derechos dinásticos. El 1 de octubre de 1936,
Franco era nombrado por sus compañeros de la Junta de Defensa Nacional
(completamente compuesta por militares) jefe del gobierno del estado. Aquello
suponía un mazazo y el principio del fin de la supervivencia política de los
carlistas dentro de las fuerzas sublevadas.
Los primeros roces se producen muy temprano estallada la
guerra cuando Fal Conde propone crear una academia militar carlista, lo que fue
recibido con oposición e indignación del general Franco. Tras esto Fal Conde es
obligado a exiliarse temporalmente a Portugal. 
El progresivo arrinconamiento político orquestado por la
cúpula franquista llevó a la imposición del decreto de unificación con FE de
las JONS de 20 de abril  de 1937 dentro del denominado
Movimiento Nacional, y provocó más resentimiento en las filas carlistas que las
falangistas. El tradicionalismo era una comunión política con un ideario muy
diferente al nacional-sindicalismo de Falange, solo compartiendo el patriotismo
y los colores de la bandera.
Toda resistencia intelectual fue silenciada con destierro o
prisión. La política a seguir desde la dirección carlista fue “se acata pero no
se cumple” y las unidades requetés siguieron luchando con sus propios uniformes
negándose a añadir insignias de Falange hasta el final de la guerra. Más que
una unificación fue una absorción forzada de Comunión Tradicionalista
dentro de FE de las JONS, ya que la mayoría de los puestos de responsabilidad
en el nuevo partido fueron asignados a falangistas, con el propio Fal Conde
amenazando con expulsar de Comunión Tradicionalista a todo aquel que acepte cargos
en el nuevo partido único.
El carlismo venció militarmente la guerra, pero obtuvo una
victoria que ya no era la suya. Había perdido su propia guerra política para
pasar a convertirse en un colectivo más víctima del Franquismo.
Tras la guerra las autoridades franquistas procedieron a la
represión y manipulación del carlismo de manera similar a la que habían hecho
sus antecesores los gobiernos republicanos. Las detenciones, los exilios, los cierres de
círculos y requisas de locales e imprentas. El carlismo quedará relegado a la
semiclandestinidad y fragmentado en un ir y venir de grupúsculos, pretendientes
de turno apoyados por unos y otros, y derivaciones ideológicas.

6.     DERIVA IDEOLÓGICA HASTA LA ACTUALIDAD

Desde 1965 Carlos Hugo, el primogénito varón de don Javier,
dio un fuerte viraje a la izquierda, influenciado por nuevas ideas del Concilio Vaticano II,
el socialismo y contactos con el nacionalismo vasco abertzale
cercano al aparato político de ETA. Se crea así el denominado “Partido
Carlista” bajo nuevos lemas mayoritariamente tomados de la izquierda
“libertad, socialismo, federalismo, autogestión”.
Los sectores tradicionalistas, descontentos, abandonaron el
nuevo partido. El núcleo más duro de ellos lo representaba Sixto Enrique, hermano de
Carlos Hugo. En 1975, Sixto Enrique acusa a su hermano de traicionar los
auténticos valores legitimistas, y recrea Comunión Tradicionalista.
El 9 de mayo de 1976 el Partido Carlista intentó revitalizar
la tradicional romería del Viacrucis anual de Montejurra, pero secularizándola
y politizándola mediante la invitación a diversos partidos de extrema
izquierda, incluyendo sectores abertzales. Esto irritó mucho a los
tradicionalistas “sixtinos”, que junto con un grupo de militantes de
ultraderecha hicieron presencia en el Viacrucis impidiendo la subida al monte
de los partidarios de Carlos Hugo. En circunstancias todavía sin esclarecer, se
produjeron agresiones y disparos y hubo dos fallecidos y algunos heridos. Se
detuvieron a unos presuntos autores ultraderechistas, pero al año siguiente con
la Ley de Amnistía fueron puestos en libertad.
Este dramático suceso en el clima de la Transición supuso el
desplome de popularidad de un carlismo que estaba siendo manipulado por los
extremismos de ambos signos políticos.  
 Pese a este revés, en 1986, todos los tradicionalistas acuerdan reunificarse bajo las siglas CTC (Comunión Tradicionalista Carlista), a partir de
varios grupúsculos asistentes al «Congreso de Unidad Carlista». Comunión
Tradicionalista Carlista encarna al foralismo y tradicionalismo que concilia la
Doctrina Social de la Iglesia y a la justicia social modernas con la defensa de
las tradiciones e identidad cultural de los pueblos hispánicos. En el año 1996
los sixtinos, defensores del catolicismo más tradicional fueron expulsados, y
retomaron por su cuenta en el año 2000 con las viejas siglas de “Comunión
Tradicionalista” a secas.

7.     COMPOSICION Y ESTADÍSTICAS

El Requeté contó con españoles venidos de todos los rincones
de nuestra geografía sin excepción. En total se calculan 67 tercios de requetés
(cuatro de ellos los mencionados con Laureada Colectiva) cuyos nombres solían tener
connotaciones religiosas o recoger hechos y personajes históricos, en ocasiones
ligados a las anteriores guerras. Los más numerosos eran los compuestos por navarros,
seguidos por vascos, catalanes, aragoneses y andaluces. También hubo tercios
castellanos, uno asturiano, otro gallego… así como tercios “mixtos”
donde cada compañía tenía requetés agrupados por origen geográfico, sin contar
compañías sueltas, secciones u otras formaciones de requetés adjuntas dentro de
unidades del ejército. La composición de un tercio de requetés solía ser de 3 a
4 compañías de infantería y una de ametralladora.
Un caso curioso fue la llegada de un grupo de voluntarios
rusos blancos exiliados en Francia, que ingresaron en el Tercio María de Molina
siguiendo órdenes del teniente general ruso blanco Yevgueni Miller. Estos voluntarios
simpatizaron muy bien con sus compañeros españoles y se les permitió celebrar
misas por el rito ortodoxo .
El único tercio catalán, el de Nuestra Señora de Montserrat,
fue una de las unidades carlistas más famosas y laureadas durante la contienda.
Entre los más destacados mencionar también al tercio de Lácar, que tuvo 720
muertos (más del total de sus efectivos teóricos de combate), y los de
Montejurra y Navarra con más de 1000 bajas entre ambos, un balance muy elevado para
unidades con plantilla tipo batallón.
En febrero de 1939 había 23.000 requetés en activo, pero el
total de efectivos voluntarios que sirvieron en algún momento de la contienda
en tercios de Requetés asciende a 60.000 hombres a los que hay que contabilizar
6.000 muertos y cerca de 30.000 heridos. Cifras muy elevadas de bajas respecto
al total respecto a otras unidades de la guerra, y que se explican por la
utilización constante de estas unidades como tropas de choque. Aproximadamente
la mitad de estas bajas corresponden a tercios de requetés navarros.
Pese a que era un colectivo muy heterogéneo en cuanto a
edades (desde los 14 a los 50 años), profesiones, clase social…el grueso lo
componía gente sencilla venida de un ámbito rural, como la mayor parte de la
población española del momento. 
Dos requetés (posiblemente hermanos) miembros de una Brigada
Navarra. Foto de archivo
Dos requetés (posiblemente hermanos) miembros de una Brigada Navarra
El voluntariado era concebido como una aportación familiar.
Si una familia no podía aportar a la causa legitimista con varones en edad de
tomar armas, eran las propias mujeres las que colaboraban en puestos no
combativos como enfermeras y margaritas…Este es el motivo por el que no sería
raro encontrar a un padre y su hijo o a dos hermanos sirviendo en la misma
unidad.

8.     MOTIVACIONES


El Requeté como cuerpo militar de choque tiene un desempeño
muy particular. Por un lado es una fuerza totalmente disciplinada,
entusiasta, resolutiva y con espíritu de sacrificio; por el otro lado siguen
sus tradiciones culturales y religiosas a rajatabla llegando esto a chocar con
algunos dictados de las ordenanzas militares.
La visión moral natural cristiana fue la que dotó a los
requetés de la Guerra Civil de una ética característica, que estaba presente no
solo en su modo de pensamiento sino en sus acciones. Esto se evidencia en un
comportamiento respetuoso y una caballerosidad incomparables tanto hacia el amigo como hacia el enemigo; un gesto muy difícil
de encontrar entre los extremismos y desmanes de elementos de ambos bandos
durante esta guerra fraticida. Gran parte de este comportamiento se explica en que sus motivaciones no se basan en el odio a
quienes pretenden oponerles, sino en el amor que sienten por los ideales que
juraron defender con sus propias vidas.

9.USOS Y COSTUMBRES

La religiosidad y fervor eran una marca característica de los
tercios de Requetés, en los que era muy frecuente el rezo del Rosario o el
Ángelus en voz alta, lo que a menudo era un fuerte contraste con el constante
ambiente festivo de promiscuidad y borrachera en las trincheras enemigas. 
Se celebraban misas diarias de mañanas, colocando el capellán
un altar portátil en lugares improvisados, y en un ambiente muy humilde. Todos
los requetés confesaban, oían misa, comulgaban o bendecían sus armas antes de
iniciar una operación. Las comidas eran bendecidas desde las raciones de
combate hasta la bota de vino acompañada con el típico embutido y conservas en lata. Esta rutina
diaria tan aparentemente ortodoxa era en sí el reflejo de un fuerte sentimiento
de pertenencia y el fortalecimiento de los vínculos sociales a través de la fe
y tradiciones compartidas.
En los tercios navarros era muy común el empleo del cristóforo,
que era la persona (a menudo un sargento) encargada de portar un crucifijo
fijado a un mástil. El cristóforo iba en vanguardia frecuentemente acompañando
a los abanderados con la cruz de San Andrés y la rojigualda. El crucifijo debía
quedar bien visible para que los heridos y los moribundos pudieran localizarlo
y hacerle una plegaria al Cristo, especialmente cuando en medio del fragor del
combate no estaba suficientemente cerca un capellán para dar la extremaunción.
Cristóforo de un tercio navarro avanza en vanguardia de la
columna. Foto de archivo

Cristóforo de un tercio navarro avanza en vanguardia de la columna.
 Tal como sus antepasados 100 años atrás, en los tercios de
requetés eran constantes las referencias a Dios y al rey. “Viva Cristo Rey”
“Viva España” y “Viva el Rey” fueron las consignas más coreadas (aunque no las
únicas), así como el empleo del saludo marcial. Como ya se reseñó, esto no solo
les daba una identidad y un sentimiento de pertenencia como colectivo, sino que
era un abierto desafío pasivo a los vanos intentos franquistas de imponerles el
saludo fascista o el culto a la personalidad del Generalísimo.
Por último destacar que el requeté poseía un cancionero muy
diverso. Cantaban de trinchera en trinchera el “Oriamendi”, “Calzame las
alpargatas”, “soy carlista” “¡Alto! quien vive”, etc. a lo que hay que sumar
otras composiciones de carácter folklórico y regional dependiendo de la
procedencia de los voluntarios. Muchas veces la letra era modificada a nivel de la unidad para referirse a determinados sucesos recientes o a la realidad de la guerra. 

10.EQUIPAMIENTO

Aunque la principal característica del Requeté es la boina
roja, se aprecian otros signos distintivos, casi siempre llevados en el
bolsillo izquierdo del pecho. Tales fueron rosarios y crucifijos, el detente
(una especie de escapulario que denotaba la fe y devoción del portador),
insignias con la cruz de San Andrés  o el águila bicéfala coronada que les
cosían las madrinas o las margaritas.  
Pedro Ruiz de Ulíbarri, requeté voluntario con 16 años, antes
de salir al frente de Guipúzcoa. Archivo Ruiz de Ulíbarri
 

Pedro Ruiz de Ulíbarri, requeté voluntario con 16 años

Eran populares las camisas color garbanzo, y las cazadoras
grises y pardas, combinadas con diverso ropaje de procedencia militar o prendas
civiles a menudo de carácter regional.
Otros elementos incluían al menos un cinto con una o varias
cartucheras, correajes, una bayoneta, la característica manta llevada cruzada
al torso, unas polainas, el macuto, cazo, … y sus escasos y modestos enseres
personales.
En ocasiones se aprecia el uso de casco debido al proceso de
militarización de que fueron objeto, aunque esta protección era a menudo
infravalorada o descartada en favor de ser identificado mediante la boina.
El armamento empleado era diverso, siendo de procedencia
nacional de los cuarteles (mausers modelo 1893 y 1916, y tercerolas de
caballería) o de la ayuda extranjera (destacando mausers “negrillos” alemanes),
aunque no fueron las únicas procedencias.
Como indicado, muy pronto quedaron estas unidades carlistas
militarizadas con la imposición de las divisas y rangos del ejército (quedando
las divisas propias como opcionales). Los requetés provenientes del norte
usaban flores de lis como divisas mientras que los del sur empleaban un sistema
de barras.
La boina roja es combinada normalmente en paseo o servicio
diario con una chapa y borla. Esta borla es de diversos colores: 
·         Morado para capellanes
·         Amarillo para tropa
·         Rojo para cabos
·         Verde para sargentos
·         Blanco para brigadas
·         Plateado para Oficiales
·         Dorado para jefes
Divisas empleadas por los requetés,
Jose María Bueno Carrera
 Dentro de cada región había particularidades, como el uso de
alpargatas y grandes chapelas rojas del requeté andaluz, las camisas de tela de
cuadros de los requetés navarros, o el gusto por llevar la boina ladeada o
colocada en una posición o en otra.

11.FUENTES

https://es.wikipedia.org/wiki/Requet%C3%A9
https://es.wikipedia.org/wiki/Requet%C3%A9
“Mitos al descubierto: Requetés,
soldados de otro siglo”
 Instituto de Estudios Históricos del
CEU

12.LECTURAS RECOMENDADAS


“Requetes – de las trincheras al olvido” Víctor Sierra
Sesúmaga, Pablo Larraz; La Esfera de los Libros 2010
“Luchábamos sin odio” Javier Nagore Yarnoz; Altea 2005
“Atlas ilustrado del carlismo” editorial Susaeta
“Combatientes requetés en la Guerra Civil Española”
Julio Aróstegui 
“Álava, una Provincia en Pie de Guerra” Germán Ruiz Llano,
2016